Los planes expansivos de Estados Unidos en Groenlandia y las tensiones entre Washington y Bruselas podrían afectar al futuro de la empresa tecnológica española y cotizada Amadeus

Amadeus - Corporativa

 

Las relaciones entre Estados Unidos y la Unión Europea atraviesan uno de sus momentos más delicados de los últimos años.

El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha reactivado una agenda abiertamente confrontacional con Bruselas, marcada por disputas comerciales, diferencias regulatorias y una visión geopolítica expansiva por parte de Washington.

En este contexto, varias empresas europeas del sector servicios, entre ellas la española Amadeus, han pasado al centro de una pugna que trasciende lo económico y amenaza con tener consecuencias directas sobre su negocio y su cotización.

El detonante inmediato ha sido la respuesta estadounidense a las sanciones y multas impuestas por la Comisión Europea a grandes tecnológicas norteamericanas en aplicación de la Ley de Servicios Digitales (DSA) y la Ley de Mercados Digitales (DMA).

Para la Administración Trump, estas normas suponen un ataque directo a la competitividad de sus empresas y un ejemplo de supuesta «discriminación» regulatoria.

Para Bruselas, se trata de garantizar un mercado más justo y transparente, en línea con las expectativas de los ciudadanos europeos.

La escalada verbal se intensificó cuando el representante de Comercio de Estados Unidos, Jamieson Greer, lanzó una advertencia explícita a la Unión Europea.

«Si la UE y sus Estados miembros insisten en seguir restringiendo, limitando y obstaculizando la competitividad de los proveedores de servicios estadounidenses mediante medidas discriminatorias, EEUU no tendrá más remedio que empezar a utilizar todas las herramientas a su disposición para contrarrestar estas medidas injustificadas», escribió Greer en un mensaje publicado en la red social X.

En ese mismo mensaje, el responsable comercial subrayó que empresas europeas como la española Amadeus han podido «operar libremente» en Estados Unidos, deslizando la idea de una posible represalia asimétrica.

Las palabras de Greer no fueron una amenaza genérica.

La oficina del representante comercial de Estados Unidos fue más allá y señaló directamente a compañías de la Unión Europea —entre ellas, Accenture, Siemens o la española Amadeus, a pesar de que esta última cuenta con varios fondos norteamericanos como BlackRock como principales accionistas— como potenciales objetivos de futuras medidas.

Según el propio departamento, Washington podría recurrir a «restricciones» a la provisión de servicios por parte de empresas extranjeras si Bruselas mantiene su actual línea regulatoria.

Multas

El contexto inmediato de estas amenazas son las multas impuestas por la Comisión Europea a grandes tecnológicas estadounidenses.

El pasado 5 de diciembre, Bruselas sancionó a X con 120 millones de euros al considerar que su sistema de pago para obtener el distintivo azul infringía los principios de transparencia de la DSA.

En mayo, la UE impuso además multas de 500 y 200 millones de euros a Apple y Meta, respectivamente, por violar la DMA.

Estas decisiones fueron protestadas con vehemencia por el Gobierno de Trump, que las interpreta como un intento de frenar el dominio tecnológico estadounidense.

 

 

Bruselas, sin embargo, rechaza de plano esa lectura.

El portavoz comunitario de Soberanía Tecnológica, Thomas Regnier, defendió que «la UE es un mercado abierto y basado en normas, donde empresas de todo el mundo operan con éxito y rentabilidad».

«Como hemos dejado claro en numerosas ocasiones, nuestras normas se aplican de forma equitativa y justa a todas las empresas que operan en la UE. Estas normas garantizan condiciones de competencia seguras, justas y equitativas, en consonancia con las expectativas de nuestros ciudadanos», afirmó.

Es en este cruce de acusaciones donde aparece Amadeus como una paradoja.

La compañía, uno de los grandes proveedores mundiales de soluciones tecnológicas para la industria de los viajes, es una de las principales multinacionales españolas cotizadas y, al mismo tiempo, cuenta con un accionariado fuertemente influido por capital estadounidense.

Entre sus principales accionistas figura la norteamericana BlackRock, que controla en torno al 5,51% del capital. Así, Amadeus podría verse penalizada por un conflicto político-comercial entre dos bloques de los que depende tanto para su negocio como para su estructura financiera.

Las tensiones entre Washington y Bruselas se insertan en un marco geopolítico más amplio.

La retórica de la Administración Trump, que ha llegado a plantear abiertamente ambiciones estratégicas sobre territorios como Groenlandia, refuerza la percepción en Europa de un Estados Unidos dispuesto a utilizar su poder económico y político de forma agresiva, véase la reciente intervención militar en Venezuela o el secuestro de su jefe de Estado, Nicolás Maduro, que, según el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, «socavan el derecho internacional».

Amadeus, casi cuatro décadas de trayectoria

Fundada en 1987 como una joint venture entre Air France, Lufthansa, Iberia y Scandinavian Airlines System, Amadeus nació con el objetivo de crear un proveedor global de servicios de información y reservas.

IBM fue seleccionada como contratista principal para el centro operativo, en un contrato que rondó los 100 millones de dólares, y la empresa estableció una estructura paneuropea: sede en Madrid, centro de desarrollo en Sophia Antípolis, cerca de Niza, y centro de datos en Erding, Alemania.

Desde entonces, el grupo se ha convertido en una pieza clave del ecosistema de viajes a escala mundial.

Su trayectoria financiera refleja tanto su fortaleza como su exposición a crisis globales.

En 2020 Amadeus registró pérdidas de 505,3 millones de euros por el impacto del Covid-19, y en 2021 volvió a cerrar en negativo, con 122,6 millones de euros de pérdidas.

 

La recuperación posterior ha sido notable: en los nueve primeros meses de 2025, la compañía obtuvo un beneficio de 1.088,2 millones de euros, un 10,1% más que en el mismo periodo del año anterior, con unos ingresos de 4.895,3 millones de euros.

A 30 de septiembre de 2025, la deuda financiera neta se situaba en 2.219,9 millones.

No obstante, Amadeus no está exenta de polémicas. En mayo de 2025, su sistema, utilizado por numerosas aerolíneas para la gestión de reservas y operaciones, sufrió fallos que afectaron a los itinerarios de algunos vuelos de Avianca, lo que volvió a poner el foco en la dependencia crítica del sector aéreo respecto a sus plataformas tecnológicas.

La compañía española está liderada desde 2011 por su consejero delegado, Luis Maroto, reelegido en el cargo por la junta el pasado 4 de junio.