
Una embestida que salió mal desde el primer minuto
Santiago Abascal volvió a intentarlo.
Otra vez.
El mismo guion de siempre: atacar a Televisión Española, acusarla de no hablar de “los problemas reales de la gente”, desacreditar el debate público… y presentarse como el único defensor de una España supuestamente olvidada.
Pero esta vez, algo salió mal.
Muy mal.
Lo que empezó como un ataque frontal contra TVE terminó convirtiéndose en una paliza dialéctica colectiva, con más de media docena de tertulianos desmontando, pieza a pieza, el discurso del líder de Vox. En directo. Sin anestesia. Y con una pregunta flotando en el aire que nadie se atrevió a formular del todo… pero que todos entendieron:
👉 ¿Hasta dónde llega la lealtad de Abascal a Donald Trump?
“Groenlandia está muy lejos”… ¿o demasiado cerca?
El detonante fue una frase que ya es viral:
“Groenlandia está muy lejos. No es un problema de la gente.”
Dicha con suficiencia.
Con desdén.
Con ese tono de quien cree que ha sentenciado el debate.
El problema es que Groenlandia no está tan lejos.
Y no solo geográficamente.
Groenlandia es territorio vinculado a la Unión Europea.
Groenlandia es una pieza estratégica en el tablero internacional.
Groenlandia es el último capricho expansionista de Donald Trump, el mismo Trump al que Abascal jamás contradice.
Y ahí empezó el derrumbe.
El geógrafo improvisado y la amnesia selectiva
Mientras Abascal acusa a TVE de no hablar de los “problemas reales”, los tertulianos recordaron algo incómodo:
Trump amenaza con apropiarse de Groenlandia
Trump impone aranceles que golpean a agricultores españoles
Trump desprecia el derecho internacional
¿Ha condenado Vox algo de esto?
¿Ha levantado la voz Abascal alguna vez contra su aliado estadounidense?
Silencio.
Un silencio tan elocuente que dolía.
Porque, curiosamente, Venezuela siempre queda cerca,
Irán siempre importa,
pero Groenlandia queda “muy lejos” cuando el agresor es Trump.
La ultraderecha “patriota”… que no se atreve a molestar al amo
Uno de los momentos más demoledores del debate llegó cuando se recordó una confesión del propio Vox:
👉 “Nos declaramos incompetentes para opinar sobre Groenlandia.”
Incompetentes.
Lo dijeron ellos.
Y entonces surgió la pregunta inevitable:
¿Incompetentes… o simplemente sumisos?
Porque Marine Le Pen —también ultraderecha— fue capaz de decir que “la soberanía de los Estados no es negociable” frente a Trump.
Abascal, no.
Ni una palabra.
Ni una crítica.
Ni una línea roja.
Solo obediencia.
El ataque a TVE como cortina de humo
Cuando no se puede defender lo indefendible, se dispara contra el mensajero.
Eso hizo Abascal.
Atacó a Televisión Española por hablar de Groenlandia, de corrupción, de denuncias, de política internacional.
Como si informar fuera un delito.
Como si callar fuera patriotismo.
Los tertulianos lo desmontaron con una enumeración demoledora:
huelgas de médicos
problemas del campo
España despoblada
corrupción
bulos
crisis económica
política internacional
Todo eso se habla en TVE.
Lo que no se habla es lo que Abascal no quiere escuchar.
El problema no es Groenlandia. El problema es Trump
Ahí está la clave que incomoda.
No es que Groenlandia esté lejos.
Es que Trump está demasiado cerca de Vox.
Tan cerca que Abascal prefiere ridiculizar un debate internacional antes que llevarle la contraria al hombre que:
amenaza a aliados
desprecia tratados
castiga con aranceles
juega a la guerra económica
Y mientras tanto, Vox se envuelve en la bandera… pero mira al suelo cuando el poderoso levanta la voz.
¿Patriotismo o servilismo?
Durante el debate se repitió una palabra que empezó a calar:
👉 Servilismo
Servilismo ante Estados Unidos.
Servilismo ante Trump.
Servilismo ante una ultraderecha internacional que dicta la línea… y exige silencio a cambio.
Porque defender España no es callar cuando dañan sus intereses.
Defender España no es agradecer aranceles que arruinan al campo.
Defender España no es justificar amenazas sobre territorio europeo.
Eso no es patriotismo.
Eso es sumisión.
El boomerang político
Abascal quiso marcar agenda.
Quiso humillar a TVE.
Quiso aparecer como el único que habla “de la gente”.
Y terminó retratado como lo contrario:
un líder sin posición internacional
un político incapaz de contradecir a Trump
un patriota selectivo
un dirigente que ataca a periodistas para no incomodar a su aliado
El boomerang volvió.
Y le dio de lleno.
La pregunta que queda flotando
Nadie la formuló del todo.
Pero quedó ahí, suspendida, incómoda, inevitable:
👉 Si mañana Trump exige más —territorio, sumisión, silencio—,
¿hasta dónde estaría dispuesto a llegar Abascal?
Groenlandia, al final, no está tan lejos.
Lo que parece peligrosamente lejano…
es la independencia política de Vox.
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