
ALERTA EN EL PP: UNA EX CONCEJALA DENUNCIA ACOSO, SU ABOGADO DESTROZA LA VERSIÓN OFICIAL Y FEIJÓO GUARDA SILENCIO
Audios comprometedores, filtraciones internas, amenazas veladas y una dirección del Partido Popular que se atrinchera en el “montaje socialista”. El caso Móstoles amenaza con convertirse en uno de los mayores escándalos políticos de la legislatura.
Lo que comenzó como una denuncia interna ha terminado convirtiéndose en una bomba política. Una ex concejala del Partido Popular en Móstoles ha decidido romper el silencio tras meses de presiones, reuniones estériles y advertencias explícitas por parte de la cúpula regional del partido. La mujer denunció primero acoso sexual y después acoso laboral por parte del alcalde de la localidad. Según su testimonio y los audios difundidos, el PP no solo no la protegió, sino que la señaló, la intimidó y finalmente archivó el caso sin investigar.
Los hechos son graves. Pero aún más grave es la reacción del aparato del Partido Popular, encabezado en Madrid por Isabel Díaz Ayuso y, a nivel nacional, por Alberto Núñez Feijóo. Mientras el PSOE presume de expulsiones y dimisiones inmediatas en casos de acoso, el PP opta por el silencio, la negación y la descalificación de la víctima.
Una denuncia que nunca fue escuchada
La víctima acudió directamente a la dirección del PP madrileño. Fue recibida por el número dos y el número tres de Ayuso: Alfonso Serrano, secretario general del PP de Madrid, y Ana Millán, vicesecretaria de Organización. Siete reuniones después, nada. Ni asesoramiento jurídico, ni apoyo psicológico, ni activación del protocolo antiacoso.
Lo que sí hay son audios. Grabaciones de esas reuniones en las que, lejos de ofrecer protección, los dirigentes populares advierten a la concejala de que podría ser denunciada por el propio partido. ¿El motivo? Supuestamente estar filtrando información al PSOE.
En uno de los audios más duros, se escucha a Ana Millán decirle literalmente que existe una denuncia contra ella por “pasar información al Partido Socialista”. La respuesta de la víctima es inmediata: pide pruebas, niega los hechos y expresa su indignación por sentirse señalada y culpabilizada.
La escena es demoledora: una mujer que denuncia acoso acaba siendo tratada como sospechosa, como traidora, como un problema a silenciar.
“El amparo del partido pasa porque no denuncies”
Esa frase resume toda la estrategia. No investigar. No confrontar al presunto agresor. No activar protocolos. La solución que se le ofrece a la víctima es clara: callar.
En los audios se escucha cómo los dirigentes del PP insisten en que se trata de un “tema estrictamente municipal” y que, como partido, no tienen competencias para actuar. Una afirmación que choca frontalmente con los propios estatutos del PP y con cualquier lógica mínima de protección interna.
La concejala insiste: han pasado siete meses y no ha recibido ni asesoramiento legal ni apoyo psicológico. Pregunta directamente: “¿Entonces, ante un caso de acoso, el partido no tiene ninguna responsabilidad de actuar?”. La respuesta es tan fría como reveladora: “Como partido, no tenemos ningún protocolo”.
Filtraciones y correos: la víctima expuesta
Pero el escándalo no termina ahí. El equipo de Isabel Díaz Ayuso filtra a varios medios correos electrónicos internos en los que aparece el nombre completo de la víctima, su abogado y datos personales sin anonimizar.
La intención es clara: construir un relato alternativo. Según el PP, no hubo acoso sexual, solo “conflicto laboral”. Sin embargo, uno de los propios correos filtrados desmiente esa versión. En él, el abogado defensor se refiere expresamente a “presunto acoso sexual y/o profesional padecido en Móstoles”.
Es decir: la misma filtración con la que el PP intenta minimizar el caso reconoce la existencia de una denuncia por acoso sexual.
Feijóo huye, Serrano contraataca

Ante la gravedad de los audios, los periodistas preguntan directamente a Alberto Núñez Feijóo. El líder del PP guarda silencio. No responde. Se marcha. Huye.
Quien sí da la cara es Alfonso Serrano, que comparece en Génova y lanza la línea oficial del partido: todo es un “montaje socialista”. Según Serrano, la denunciante ha perdido “credibilidad” y el PP se reserva acciones legales contra cualquiera que los acuse de encubrir un abuso.
La amenaza es explícita: demandar a la víctima, a su abogado y a los periodistas.
La estrategia es conocida: desacreditar a quien denuncia, judicializar el conflicto, sembrar dudas sobre su pasado, insinuar motivaciones políticas y presentarse como víctima de una conspiración.
El pasado como arma arrojadiza
En plena tormenta mediática, fuentes del PP empiezan a filtrar a periodistas información sobre una denuncia antigua de la misma mujer cuando trabajaba en un instituto. El objetivo es evidente: construir un perfil de “denunciante habitual”, cuestionar su credibilidad y erosionar su imagen pública.
Es la clásica técnica del manual: si no puedes negar los hechos, ataca a la persona.
El abogado rompe el silencio
Antonio Suárez Valdés, abogado de la víctima, comparece públicamente y destroza la versión del PP. Explica que su clienta está “machacada”, que nunca quiso que el caso trascendiera, y que precisamente fue advertida de que, si denunciaba, viviría una tormenta mediática.
Según el letrado, Ana Millán llegó a decirle frases como: “¿De verdad te merece la pena por tus hijos, por tu padre?”. Una presión moral directa, que roza la coacción.
Ante la falta absoluta de apoyo del partido, la mujer tomó una decisión radical: dimitió como concejala, abandonó su militancia y regresó a su trabajo profesional. No buscó un cargo alternativo, no pidió favores, no negoció silencios. Se fue.
Ahora, tras las filtraciones y amenazas, ha decidido denunciar formalmente: por acoso sexual, por acoso laboral y por revelación de datos personales.
Un correo borrado, una causa abierta
Hay un elemento aún más inquietante. La víctima denunció en su día que alguien accedió a su cuenta corporativa de la Comunidad de Madrid y borró todos sus correos electrónicos. Ese procedimiento ya está judicializado y se encuentra en la Audiencia Provincial.
Es decir: no hablamos solo de un conflicto político o mediático. Hablamos de posibles delitos informáticos, vulneración de la intimidad y destrucción de pruebas.
Dos modelos frente a frente
El contraste con el PSOE es inevitable. En casos recientes, dirigentes socialistas implicados en comportamientos inapropiados han dimitido o han sido apartados de inmediato. En el PP, en cambio, el alcalde de Móstoles sigue en su cargo, respaldado por Ayuso, Serrano y, por omisión, por Feijóo.
La pregunta es brutalmente simple: ¿por qué cuando el escándalo es ajeno se exige dimisión inmediata y cuando es propio se habla de “montaje”?
Feijóo y el feminismo de cartón
En los últimos meses, Feijóo ha intentado presentarse como un líder moderado, europeísta, incluso feminista. Pero el caso Móstoles dinamita ese relato. Su silencio, su negativa a desautorizar a Ayuso y su respaldo implícito al alcalde lo sitúan en una posición incómoda.
Como recordó una de las comentaristas del programa, esto suena demasiado al año 2000, al caso de Ponferrada, cuando un alcalde acusado de acoso sexual lo justificó como “venganza política”. Veinticinco años después, el guion es el mismo.
La sociedad avanza, el PP se queda atrás
Hoy nadie discute que los partidos tienen responsabilidad directa en la protección de sus cargos, especialmente en casos de acoso. No es solo una cuestión legal, sino ética, política y social.
Decirle a una mujer que no denuncie para proteger la imagen del partido no es neutralidad: es complicidad. Filtrar sus correos no es transparencia: es violencia institucional. Amenazarla con demandas no es defensa jurídica: es intimidación.
El coste político que viene
La denuncia formal se presentará en los próximos días. Habrá juzgados, declaraciones, peritajes, investigaciones. Pero el daño político ya está hecho.
El Partido Popular se enfrenta a un dilema que va más allá de Móstoles: o rompe con su cultura interna de silencio y protección corporativa, o asume que su discurso sobre feminismo, igualdad y tolerancia cero es pura propaganda.
Porque, a estas alturas, la pregunta ya no es si hubo acoso. La pregunta es otra mucho más incómoda:
¿Cuántas denuncias más han sido archivadas sin escuchar a las víctimas?
¿Cuántas mujeres han sido empujadas a dimitir para no molestar?
¿Cuántos audios más existen que todavía no han salido a la luz?
Y sobre todo:
¿Cuánto tiempo más podrá Feijóo seguir huyendo sin responder?
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