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Andalucía como campo de batalla anticipado

La política andaluza vuelve a colocarse en el centro del tablero nacional antes incluso de que se haya formalizado una candidatura. No hay carteles, no hay mítines, no hay fechas oficiales. Pero el debate ya está lanzado, y esta vez no lo ha abierto el Partido Socialista, sino uno de sus principales adversarios: Elías Bendodo.

El dirigente popular ha puesto palabras —y datos— a una sospecha que recorre desde hace meses los pasillos del socialismo andaluz: María Jesús Montero no quiere ser candidata a la Junta de Andalucía. No por falta de ambición, sino por exceso de riesgo. Según Bendodo, no es una cuestión de voluntad, sino de resignación. No quiere, pero “no le queda otra”.

Y ahí es donde empieza el problema.


Una candidatura nacida sin entusiasmo

La tesis que Bendodo lanza no es nueva, pero sí especialmente incómoda: Montero estaría aceptando una candidatura por imposición política, no por convicción personal ni por estrategia electoral sólida. En otras palabras, no sería la candidata que el PSOE andaluz desea, sino la que Pedro Sánchez necesita colocar.

El mensaje es demoledor: cuando una candidatura nace sin ganas, suele acabar sin votos.

Desde el Partido Popular se insiste en que los datos internos que manejan apuntan a un escenario histórico: el peor resultado del PSOE en Andalucía desde la Transición. Un escenario que, de confirmarse, no solo afectaría al partido, sino que supondría un lastre personal para Montero, tanto en su proyección nacional como en su credibilidad política.

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El fantasma de Juan Espadas

En este contexto, Bendodo introduce un elemento que duele especialmente en Ferraz: la comparación con Juan Espadas. El anterior candidato socialista, derrotado pero arraigado en el territorio, podría acabar siendo recordado con nostalgia.

“No porque fuera brillante”, deslizan desde el PP, “sino porque al menos era reconocible como andaluz”.

La afirmación es cruel, pero estratégica. Sugiere que Montero no solo arrastra desgaste político, sino también una desconexión emocional con el electorado andaluz, al que lleva años mirando más desde Madrid que desde Sevilla.


“Aquí la conocemos”: memoria política y pasado incómodo

Uno de los puntos más duros del discurso de Bendodo es la apelación directa a la memoria colectiva. “Aquí la conocemos”, afirma. No es una frase casual. Es un aviso.

Según el dirigente popular, Andalucía sabe perfectamente dónde ha estado sentada Montero, en qué decisiones ha participado y qué alianzas ha avalado. No se trata solo de gestión económica o política fiscal, sino de una trayectoria asociada a pactos incómodos, cesiones territoriales y un discurso alineado con las exigencias del independentismo.

En ese relato, Montero aparece no como defensora de los intereses andaluces, sino como delegada de Pedro Sánchez para el independentismo.


El argumento económico: los “140 euros menos”

Más allá del discurso identitario, Bendodo introduce un dato que conecta directamente con el bolsillo del ciudadano: Andalucía recibe, de media, 140 euros menos que otras comunidades.

La pregunta es simple, pero explosiva: ¿por qué?

Según el PP, la respuesta tiene nombre y apellidos. Montero, como ministra de Hacienda, sería corresponsable de un sistema de reparto que perjudica a Andalucía mientras beneficia a comunidades clave para la estabilidad parlamentaria del Gobierno central.

No es solo una crítica técnica. Es una acusación política directa: Andalucía paga el precio de los pactos de Sánchez.


Candidata por obligación, no por proyecto

Bendodo plantea un escenario inquietante para el PSOE: una candidata que acepta por disciplina, no por vocación; que llega desgastada antes de empezar; y que carga con decisiones impopulares tomadas desde Madrid.

En ese marco, la candidatura de Montero se percibe más como una solución de emergencia que como una apuesta ganadora. Una figura fuerte en el Consejo de Ministros, pero débil en el territorio.


El dilema de Pedro Sánchez

El mensaje final apunta directamente al presidente del Gobierno. Si Montero duda, si los datos son tan malos, si el riesgo es tan alto… ¿por qué insistir?

La respuesta que sugiere Bendodo es clara: porque Sánchez necesita una figura de máxima confianza en Andalucía, aunque eso suponga sacrificar el resultado electoral.

Una lectura que convierte las elecciones andaluzas en algo más que una cita autonómica: en un plebiscito sobre el modelo territorial, los pactos del Gobierno y el papel del PSOE en el sur.


Andalucía no es un trámite

El discurso del PP insiste en una idea clave: Andalucía no es un tablero secundario ni una moneda de cambio. Es una comunidad con memoria política, sensibilidad propia y capacidad para castigar lo que percibe como desprecio.

“Que explique por qué”, repite Bendodo. Que explique los datos. Que explique las decisiones. Que explique a quién representa realmente.

 

Un adelanto de campaña sin urnas

Aunque no hay elecciones convocadas, el choque ya está en marcha. Bendodo ha marcado el terreno, ha fijado el marco y ha lanzado una narrativa difícil de neutralizar.

El PSOE, por ahora, guarda silencio. Pero en política, el silencio rara vez juega a favor.


La batalla antes de la batalla

La candidatura de María Jesús Montero, exista o no formalmente, ya nace bajo sospecha, presión y desgaste. Bendodo no solo ha criticado una posible candidatura: ha sembrado dudas sobre su legitimidad, su voluntad y su conexión con Andalucía.

Y en política, cuando una candidata empieza explicándose antes de presentarse, el problema ya no es el rival. Es el punto de partida.

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