
La escena política española ha vuelto a ofrecer uno de esos momentos que quedarán grabados como síntoma de época: una derecha atrapada en sus propias contradicciones, una ultraderecha que empuja el marco discursivo hacia posiciones cada vez más extremas y una izquierda que, esta vez, no solo responde, sino que contraataca con datos, memoria histórica y un discurso ideológico mucho más sólido.
En el centro del debate: la regularización extraordinaria de personas migrantes en situación administrativa irregular. Y en el centro de la “pillada”: Alberto Núñez Feijóo, Santiago Abascal y el ecosistema mediático que lleva meses construyendo el relato de una supuesta “crisis migratoria sin precedentes”.
Frente a ellos, dos voces que lideraron la demolición del discurso conservador: Josep Borrell y Antonio Maestre. Dos perfiles muy distintos, pero con un objetivo común: desmontar el bulo, señalar el racismo estructural y exponer la hipocresía política de una derecha que ha cambiado de postura en función del miedo a Vox.
La palabra clave que Feijóo no entiende: migración
Uno de los momentos más simbólicos del debate fue cuando Borrell, con tono pedagógico pero firme, recordó algo que parece obvio, pero que se ha borrado deliberadamente del debate público:
“Migración significa desplazamiento geográfico de individuos o grupos, por causas económicas o sociales. Incluye tanto inmigración como emigración”.
Es decir, España no solo recibe migrantes: España ha sido históricamente un país de emigrantes. Durante siglos.
Sin embargo, el discurso actual del Partido Popular utiliza la palabra “migración” como si fuera sinónimo exclusivo de amenaza, desorden y conflicto. Un uso interesado del lenguaje que no es casual: sirve para borrar la memoria histórica y construir un enemigo.
La gran mentira: “crisis migratoria sin precedentes”

Feijóo ha repetido en varias ocasiones que España vive una “crisis migratoria sin precedentes”. La frase es potente, alarmista, diseñada para generar miedo. El problema es que es falsa.
Y no solo falsa: es grotescamente falsa cuando se compara con la historia real del país.
Borrell y Maestre lo dejaron claro recordando hechos históricos que el PP prefiere olvidar:
En los siglos XV y XVI, miles de españoles emigraron a América.
En el siglo XIX, los llamados indianos se marcharon masivamente.
En el siglo XX, millones de españoles fueron a trabajar a Alemania, Suiza, Francia, Australia.
En 1910, más de 8.000 españoles emigraron a Hawái.
En 1920, Estados Unidos limitó la entrada de españoles porque “robaban trabajo”.
En 1939, más de 500.000 españoles huyeron a Francia para escapar del franquismo.
Muchos de ellos fueron usados como mano de obra esclava por los nazis.
Los Rotspanier (“rojos españoles”) fueron explotados en campos de trabajo. Españoles sin derechos. Españoles perseguidos. Españoles tratados como una amenaza.
Hoy, la derecha española usa contra otros exactamente el mismo lenguaje que históricamente se usó contra los propios españoles.
Racismo sin capucha: la securitización de la migración
Uno de los puntos más importantes del debate fue cuando se señaló algo fundamental: el racismo ya no se expresa siempre de forma explícita. Ahora se disfraza de “preocupación por la seguridad”.
Asociar inmigración con delincuencia no es una opinión neutral: es una estrategia política. Se llama securitización. Consiste en presentar a un colectivo como un problema de orden público, aunque los datos lo desmientan.
No se habla de personas. Se habla de amenazas.
No se habla de derechos. Se habla de control.
No se habla de convivencia. Se habla de invasión.
Y eso, aunque se haga con lenguaje “técnico”, sigue siendo racismo.
La realidad que no quieren ver: 800.000 personas sin derechos
Mientras la derecha habla de “efecto llamada”, la izquierda pone sobre la mesa una realidad incómoda: en España hay cerca de 800.000 personas trabajando sin derechos.
Personas que:
Limpian casas.
Cuidan ancianos.
Recogen fruta.
Trabajan en hostelería.
Construyen viviendas.
Pero no pueden:
Cotizar.
Denunciar abusos.
Acceder a contratos legales.
Defenderse ante la explotación.
Especialmente grave es el caso de muchas mujeres en sectores como la agricultura en Huelva, donde se han documentado abusos laborales y sexuales precisamente porque no tienen papeles.
La regularización no crea el problema. El problema ya existe.
La regularización intenta solucionarlo.
El bulo del “efecto llamada”

Uno de los pilares del discurso de Feijóo, Abascal y sus palmeros es el famoso “efecto llamada”: la idea de que regularizar provoca más migración.
Pero aquí vino la escabechina.
Porque los datos existen. Y son contundentes.
España ha tenido tres regularizaciones masivas:
2000
2001
2005
Dos con Aznar. Una con Zapatero.
Todas han sido estudiadas por universidades e institutos demográficos. ¿Conclusión?
No existe evidencia científica de que las regularizaciones aumenten los flujos migratorios.
Ni Cambridge.
Ni el Instituto Vives.
Ni los estudios europeos.
Nada.
El único pico relevante fue en 2006 por cambios políticos en Senegal, no por ninguna regularización.
El “efecto llamada” es un mito. Un relato ideológico. No un hecho.
Cuando el PP copia a Vox… pierde
Aquí aparece el problema central del Partido Popular: su pánico a Vox.
Feijóo sabe que su discurso no se sostiene, pero también sabe que si no se mueve hacia la derecha dura, Vox se come su electorado.
Resultado: un PP que cambia de postura en tiempo récord.
En 2024:
Apoyaba la regularización.
Votaba a favor de la ILP.
Hablaba de humanidad.
En 2025:
Dice que es una amenaza.
Habla de fraude electoral.
Usa el término “personas ilegales”.
No es evolución ideológica. Es miedo.
Y como dijo Maestre:
“Nunca funciona copiar al alumno más duro. Siempre te come”.
Vox siempre irá más lejos. Siempre propondrá deportaciones masivas. Siempre hablará de invasión. Y el PP, intentando imitarlo, pierde su propio espacio político.
El bulo del fraude electoral
Otro momento clave fue cuando se desmontó uno de los bulos más graves: que los regularizados podrían votar.
Falso. Absolutamente falso.
Las personas regularizadas:
No obtienen nacionalidad.
No pueden votar en generales.
No pueden votar en municipales.
No pueden votar en autonómicas.
Pero el PP difundió durante días la idea de que se iba a “alterar el censo electoral”.
Eso no es un error. Es una estrategia.
Porque introducir la sospecha de fraude electoral es una de las líneas rojas de cualquier democracia. Es exactamente lo mismo que hicieron Trump y Bolsonaro.
Y cuando un partido conservador empieza a hablar de pucherazos, el problema ya no es ideológico. Es democrático.
Servicios públicos: el gran engaño
Otro argumento clásico: “los inmigrantes colapsan los servicios públicos”.
Maestre lo explicó con una claridad brutal:
España tiene hoy:
Más población.
Más trabajadores.
Más cotizantes.
Más recaudación fiscal que nunca.
Si los servicios públicos están tensionados, no es porque haya más gente. Es porque:
Se bajan impuestos.
Se privatiza sanidad.
Se recorta educación.
Se externalizan servicios.
No es un problema de población.
Es un problema de modelo económico.
Golden Visa: inmigrantes ricos, bienvenidos
La hipocresía alcanza su máxima expresión con las Golden Visa.
Cuando el PP permitió que millonarios extranjeros compraran viviendas y obtuvieran residencia automática, no había problema.
No se hablaba de convivencia.
No se hablaba de colapso.
No se hablaba de identidad cultural.
Si vienes con millones, eres inversor.
Si vienes a trabajar limpiando, eres amenaza.
Ese es el verdadero criterio: clase social, no legalidad.
Dos modelos de mundo
El debate migratorio ya no es solo español. Es global.
Dos modelos se enfrentan:
Modelo Trump – Vox:
Criminalización.
Deportaciones.
Muros.
Campos de detención.
Personas como amenaza.
Modelo democrático:
Regularización.
Derechos laborales.
Integración.
Ciudadanía.
Personas como sujetos de derechos.
No es un debate técnico. Es un debate civilizatorio.
La frase que lo resume todo
Una de las frases más potentes del debate fue esta:
“Quieren que mires a tu vecino para que no mires arriba”.
Arriba están:
Los fondos buitre.
Las eléctricas.
Los bancos.
Las grandes fortunas.
Pero la derecha te señala al migrante.
Porque es más fácil odiar al débil que enfrentarse al poderoso.
La derecha se ha quedado sin relato
Lo ocurrido con Feijóo, Abascal y sus palmeros no es un simple debate televisivo. Es el síntoma de algo más profundo:
La derecha española ha perdido el control del discurso.
Ha abandonado los datos.
Ha renunciado a la memoria histórica.
Y ha optado por el miedo como estrategia política.
Frente a eso, Borrell y Maestre no solo respondieron: desnudaron el relato.
Mostraron que:
No hay crisis sin precedentes.
No hay efecto llamada.
No hay fraude electoral.
No hay colapso inevitable.
Lo que sí hay es:
Racismo estructural.
Miedo a Vox.
Manipulación mediática.
Y una batalla ideológica en curso.
Y esta vez, por primera vez en mucho tiempo, la derecha no salió indemne.
Salió retratada.
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