Arantxa Tirado y Susanna Griso en 'Espejo Público'.

No fue una despedida amable. Tampoco discreta. Y, desde luego, no pasó desapercibida.
La politóloga Arantxa Tirado ha decidido poner punto final a su etapa como colaboradora en Espejo Público y lo ha hecho de la única manera que parecía posible tras lo ocurrido: con un comunicado largo, directo y cargado de reproches que ha vuelto a encender el debate sobre la pluralidad, la libertad de expresión y el papel real de las tertulias políticas en la televisión española.

Lo que parecía un enfrentamiento puntual en plató ha terminado convirtiéndose en una ruptura definitiva que deja al programa de Susanna Griso en el centro de una polémica incómoda. Porque Tirado no se limita a irse: explica por qué, señala responsables y describe un sistema que, según ella, utiliza la diversidad solo como decorado.

Un viernes que marcó un antes y un después

El detonante tiene fecha y contexto claros. Fue el pasado viernes, durante una tertulia dedicada a Venezuela, cuando Arantxa Tirado protagonizó un tenso enfrentamiento con Elisa Beni. Un choque que, según la politóloga, no fue solo una discrepancia ideológica, sino el síntoma de algo más profundo.

Ese mismo día, Tirado ya utilizó sus redes para expresar su malestar. Lo hizo con un mensaje que no dejaba lugar a interpretaciones y que ahora se entiende como el primer aviso de una decisión que ya estaba madurando.

“Esta ha sido una mañana especialmente desagradable en Espejo Público. Hoy se han pasado varias líneas del mínimo respeto debido”.

No hablaba solo de una discusión. Hablaba de interrupciones constantes, de cuestionamiento de su profesionalidad y, sobre todo, de una forma de tratar determinadas ideas políticas que, en su opinión, no se da con otras posiciones mayoritarias.

“No existe libertad de expresión ni pluralidad”

Esa frase se convirtió en el eje de todo.
“No existe libertad de expresión ni pluralidad en los medios cuando no se trata con igual respeto a todos los enfoques políticos”.

Arantxa Tirado no se presentaba como una víctima ingenua. Al contrario. Dejaba claro que conoce el funcionamiento de los medios, que no es la primera vez que le ocurre y que entiende perfectamente por qué sucede. Pero también dejaba claro algo más: no estaba dispuesta a normalizarlo.

“Sé cómo funciona y por qué funciona así. Pero no me pienso quedar callada”.

Ese mensaje fue ampliamente compartido y comentado. Para algunos, exagerado. Para otros, valiente. Lo que nadie dudaba era de que algo se había roto.

El momento incómodo que lo precipitó todo

El enfrentamiento con Elisa Beni se produjo después de que el programa mostrara imágenes de Nicolás Maduro dirigiéndose a Arantxa Tirado con un tono cercano en el pasado. A partir de ahí, las preguntas derivaron hacia su relación personal con el presidente venezolano, en un contexto que ella considera tendencioso y diseñado para desacreditarla.

Según Tirado, ese tipo de planteamientos no buscan generar un debate honesto, sino colocar al discrepante en una posición defensiva constante, obligándole a justificarse más que a analizar.

Un mecanismo que, denuncia, no se aplica del mismo modo a quienes defienden el marco ideológico dominante.

La decisión ya estaba tomada

Días después, tras reflexionar sobre lo ocurrido, Arantxa Tirado decidió hacerlo oficial. Esta vez no fue un desahogo puntual, sino un comunicado estructurado y meditado, donde anunciaba su salida definitiva del programa.

“He decidido poner punto final a mis colaboraciones con Espejo Público”.

La politóloga recordaba que había aceptado participar hacía un año con una intención clara: aportar un análisis distinto en un programa de máxima audiencia, llegar a hogares donde normalmente no se escuchan determinadas perspectivas políticas.

Pero esa intención, afirma, se ha demostrado ingenua.

“Mi presencia solo sirve para legitimar una pluralidad que no es tal”

Esta es una de las frases más duras del comunicado.
Según Tirado, su papel en el programa no era realmente el de enriquecer el debate, sino el de dar apariencia de diversidad a una mesa donde las reglas del juego ya están decididas.

“No hay ningún interés en que pueda desarrollar un punto de vista alternativo a la opinión mayoritaria en estas tertulias”.

En su análisis, la pluralidad existe solo en apariencia. Algunas voces están ahí no para ser escuchadas, sino para ser cuestionadas, caricaturizadas o utilizadas como contraste.

Una acusación grave que reabre un debate recurrente: ¿hasta qué punto las tertulias televisivas buscan el intercambio de ideas y hasta qué punto buscan el conflicto?

Arantxa Tirado: “Hi ha una ultradreta que intenta penetrar activant  l'orgull de barri” | Carrer

Ridiculizar, caricaturizar, manipular

Arantxa Tirado no se queda en lo abstracto. Utiliza verbos muy concretos para describir lo que, según ella, ocurre cuando determinadas posiciones políticas entran en plató.

Ridiculizar.
Caricaturizar.
Manipular.

“Creo que merecemos estar en espacios donde se den las condiciones para la mejor defensa de nuestras ideas y huir de aquellos lugares donde solo se incorpora otra visión para el escarnio público”.

La politóloga no habla solo en nombre propio. Insiste en que sus ideas representan a muchas personas que no siempre tienen voz en los medios, y que el trato recibido no es solo una cuestión personal, sino colectiva.

El desgaste de defenderse en lugar de analizar

Otro de los puntos clave de su despedida tiene que ver con su identidad profesional. Tirado subraya que, como politóloga, no quiere formar parte de un formato donde la mayor parte del tiempo se va en defender su legitimidad, en lugar de analizar la actualidad.

“Debo dedicar gran parte del tiempo a defenderme, profesional y políticamente”.

Un desgaste que, según explica, no afecta por igual a todos los tertulianos. En su opinión, quienes defienden el statu quo o se mueven dentro de los márgenes aceptables del poder económico y político no se enfrentan al mismo nivel de cuestionamiento personal.

El mensaje a sus alumnos

Hay un aspecto especialmente llamativo en su comunicado: la referencia a sus alumnos.
Arantxa Tirado explica que no quiere que quienes se están formando en ciencias políticas normalicen la falta de respeto hacia la profesión cuando no se está alineado con la mayoría.

Una reflexión que trasciende la televisión y apunta directamente al impacto cultural y educativo de estos formatos.

Silencio oficial y ruido externo

Por el momento, Espejo Público y Susanna Griso no han emitido un comunicado oficial respondiendo a la salida de Tirado. Ese silencio, lejos de apagar la polémica, ha alimentado el debate en redes sociales.

Mientras algunos usuarios respaldan la decisión de la politóloga y aplauden su coherencia, otros defienden el programa y cuestionan su relato. La división es clara. Y el tema vuelve a ser el mismo: ¿hay pluralidad real en la televisión generalista?

Un caso que no es aislado

La salida de Arantxa Tirado no se produce en el vacío. Se suma a una lista creciente de colaboradores que, en distintos programas, han denunciado dinámicas similares: interrupciones sistemáticas, enfoques sesgados, debates convertidos en espectáculo.

Su comunicado, sin embargo, destaca por su extensión, su tono reflexivo y su voluntad de dejar constancia escrita de lo ocurrido.

 

¿Y ahora qué?

Arantxa Tirado deja Espejo Público, pero no abandona el debate público. Todo apunta a que seguirá expresándose desde otros espacios, probablemente donde —según sus propias palabras— existan las condiciones mínimas para un intercambio honesto de ideas.

Para el programa de Antena 3, su salida deja una pregunta incómoda flotando en el aire: ¿la pluralidad es real o solo una escenografía?

Una despedida que no cierra el debate

Arantxa Tirado no se ha ido en silencio. Ha cerrado una puerta dejando otra abierta: la del debate sobre cómo se construye la opinión pública desde la televisión.

Su denuncia no acusa directamente a una persona, sino a una dinámica. Y eso es, quizá, lo que más incomoda. Porque obliga a mirar más allá del enfrentamiento puntual y a preguntarse qué tipo de discusión política se está ofreciendo cada mañana a millones de espectadores.

El punto final está puesto.
La discusión, no.