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En un nuevo viernes negro para el ayusismo, Consuelo Ordóñez, hermana del concejal asesinado por ETA Gregorio Ordóñez, ha protagonizado un durísimo enfrentamiento contra Isabel Díaz Ayuso tras denunciar la utilización política de la memoria de las víctimas del terrorismo. El choque, cargado de dolor, acusaciones y reproches históricos, ha reabierto una de las heridas más sensibles de la democracia española.


La memoria de Gregorio Ordóñez vuelve al centro del huracán

La política española vive instalada en una tensión permanente, pero hay líneas que, cuando se cruzan, desatan auténticas tormentas morales. Una de ellas es el uso de las víctimas del terrorismo como arma arrojadiza. Y esta semana, esa línea ha sido atravesada de forma abrupta tras un mensaje publicado por Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, en su cuenta de X (antes Twitter), que provocó la reacción furibunda y dolorida de Consuelo Ordóñez, hermana de Gregorio Ordóñez, el concejal del Partido Popular asesinado por ETA en 1995.

El mensaje de Ayuso, publicado coincidiendo con un acto de homenaje a las víctimas de ETA, incluía una afirmación que encendió todas las alarmas: si naciera hoy un nuevo Gregorio Ordóñez en el País Vasco y ganara las elecciones, “tendría que vivir escoltado”. Para Ayuso, el País Vasco y Navarra siguen siendo “de todos los españoles”, y España mantiene, según ella, un “precioso compromiso” con la memoria de quienes fueron asesinados por el terrorismo.

Sin embargo, para Consuelo Ordóñez, esas palabras no eran un homenaje. Eran una instrumentalización política intolerable.


Un tuit que desató una tormenta

El tuit de la presidenta madrileña no fue improvisado. Era un texto largo, cuidadosamente redactado, que parecía una transcripción literal de un discurso. En él, Ayuso reivindicaba la memoria de las víctimas, el papel de jueces, policías, guardias civiles y funcionarios, y el sacrificio de hombres, mujeres y niños que perdieron la vida por culpa del terrorismo. Un mensaje solemne, solemne en las formas, pero explosivo en su trasfondo político.

Porque Ayuso no solo hablaba de memoria. También hablaba de presente. Y lo hacía vinculando la situación política actual del País Vasco y Navarra con la amenaza histórica de ETA, una organización terrorista que ya no existe como tal.

Ese fue el punto exacto donde Consuelo Ordóñez dijo basta.


Consuelo Ordóñez responde: “Mi hermano hoy sería para vosotros un hereje”

Consuelo Ordóñez: "Es repugnante que al PP no le importe el dolor de las  víctimas porque 'que te vote Txapote' sea perfecto para sus cálculos  electorales"

La respuesta de Consuelo Ordóñez no fue tibia. Fue un texto demoledor que rápidamente se viralizó. En él, la hermana de Gregorio Ordóñez desmontó el relato de Ayuso punto por punto y lanzó una acusación devastadora:

“Pues igual sí tendría que ir escoltado, pero por el odio que inoculáis vosotros”.

Consuelo se definió como víctima del odio. Primero, dijo, del odio de la izquierda abertzale. Y ahora, añadió, del odio de la derecha abertzale, en referencia directa al discurso del Partido Popular y de Ayuso.

Pero lo más duro vino después:

“Hoy mi hermano sería para vosotros un hereje. Jamás habló de patria, sino de derechos de los ciudadanos”.

Gregorio Ordóñez, recordó su hermana, no hacía política desde la bandera ni desde la retórica nacionalista. Hablaba de ciudadanía, de derechos, de convivencia. Nunca utilizó la palabra “patria” como eje de su discurso. Nunca convirtió la política en un campo de batalla identitario.


Quién fue realmente Gregorio Ordóñez

Para entender la profundidad del conflicto, hay que recordar quién fue Gregorio Ordóñez. Concejal del Partido Popular en el Ayuntamiento de San Sebastián, fue uno de los políticos más valientes de su generación. En los años más duros del terrorismo de ETA, se enfrentó públicamente a la banda, defendió la libertad y denunció la violencia cuando hacerlo significaba jugarse la vida.

Fue asesinado el 23 de enero de 1995 de un disparo en la cabeza mientras comía en un restaurante de San Sebastián.

Pero, como recordó Consuelo Ordóñez, Gregorio no era un político de trinchera. Pactó con el PNV, con Eusko Alkartasuna y gobernaba con el PSE cuando fue asesinado. Nunca trató a sus oponentes como enemigos, sino como adversarios políticos.

Eso es lo que, según su hermana, el Partido Popular actual ha olvidado.


“ETA ya no existe, pero vosotros la seguís usando”

Una de las frases más contundentes de Consuelo Ordóñez fue esta:

“Os atrevéis a insultar la memoria de vuestros compañeros asesinados hablando de ETA todo el día como si siguiera matando”.

Para ella, hay una diferencia esencial entre la ETA que asesinaba y la ETA que ya no existe. Usar el nombre de la banda como si siguiera activa, como si la amenaza fuera la misma, no es memoria: es propaganda.

Y en su caso, esa diferencia tiene un nombre propio: Gregorio Ordóñez.


La Asamblea de Madrid: del dolor al choque político

El conflicto no se quedó en X. Llegó a la Asamblea de Madrid, donde Consuelo Ordóñez compareció para denunciar lo que considera un uso partidista de las víctimas del terrorismo.

Su intervención fue intensa, cargada de emoción y de argumentos. Reiteró que ella no es política, sino activista. Que no defiende siglas, sino derechos. Que no tiene ideología cuando habla de víctimas, sino memoria y dignidad.

Pero la respuesta del Partido Popular fue inmediata y dura.

Una diputada del PP le recordó que en Madrid también hay víctimas del terrorismo en su propio grupo parlamentario, y que la Comunidad ha indemnizado a más de 1.200 víctimas con 54 millones de euros gracias a una ley aprobada en 2018.

Para el PP, la acusación de instrumentalización es injusta.

Para Consuelo Ordóñez, es exactamente lo contrario: la ley es injusta y arbitraria, y el PP se ha negado a modificarla.


“No insulté a Ayuso. Denuncié la instrumentalización”

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Uno de los puntos clave del choque fue la acusación de falta de respeto. El PP acusó a Consuelo Ordóñez de atacar a su presidenta. Ella lo negó de forma tajante:

“Yo no insulto a su presidenta. Yo denuncio la instrumentalización política de las víctimas”.

Y fue más allá:

“Ustedes vuelven a traernos el comodín de ETA”.

Para Ordóñez, cada vez que el Partido Popular se siente en apuros, recurre al terrorismo para deslegitimar al adversario político, sin importar el coste emocional para quienes han perdido a sus familiares.


El caso Chapote y la campaña del odio

Uno de los momentos más dolorosos para Consuelo Ordóñez fue cuando en una campaña electoral se utilizó el nombre de “Chapote”, uno de los asesinos de su hermano, como consigna política.

Ella pidió públicamente que no se usara. Que no se banalizara el terrorismo. Que no se convirtiera el nombre de un asesino en un eslogan.

No le hicieron caso.

Y eso desató, según ella, una de las peores campañas de odio que ha sufrido en su vida.


Víctimas plurales, memorias diversas

Uno de los mensajes más potentes de Consuelo Ordóñez es que las víctimas no son un bloque homogéneo. No piensan igual. No votan igual. No sienten igual.

Y, sin embargo, todas merecen el mismo respeto.

Para ella, el gran pecado del Partido Popular es querer apropiarse de las víctimas como si fueran patrimonio político de una sola ideología.


El trasfondo real: el miedo a la calle

Más allá del duelo simbólico, hay un elemento que sobrevuela todo este conflicto: el miedo del poder a perder el control del relato.

Como dijo Gregorio Ordóñez en uno de los vídeos que su hermana compartió, cuando la gente pierde el miedo, cuando se organiza, cuando sale a la calle, el poder tiembla.

Y quizás eso es lo que más inquieta hoy al ayusismo: que incluso las víctimas, aquellas que durante años fueron usadas como bandera, ya no guardan silencio.


Dos formas de entender la memoria

El choque entre Ayuso y Consuelo Ordóñez no es solo personal. Es ideológico.

Para Ayuso, la memoria de las víctimas es una herramienta para defender una idea de España y para atacar a sus adversarios políticos.

Para Consuelo Ordóñez, la memoria es un espacio sagrado que no debe ser manoseado por ningún partido.

Ahí está el núcleo del conflicto.


Una herida que sigue abierta

Treinta años después del asesinato de Gregorio Ordóñez, su nombre sigue siendo campo de batalla. No por lo que él fue, sino por lo que representa.

La pregunta que queda flotando es brutal:

¿Quién tiene derecho a hablar en nombre de los muertos?

Para Consuelo Ordóñez, la respuesta es clara: nadie que los utilice para ganar votos.

Y ese mensaje, más allá de ideologías, resuena con una fuerza que ni todos los discursos ni todos los tuits pueden silenciar.