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La sesión de la Asamblea de Madrid que debía centrarse en la gestión ordinaria del Gobierno regional terminó convirtiéndose en un auténtico juicio político contra Isabel Díaz Ayuso. No fue un debate más. Fue, para muchos diputados, periodistas y analistas, uno de los momentos más tensos y reveladores de la legislatura.

El motivo: la publicación de una investigación que destapa el presunto encubrimiento por parte del PP de Madrid de un caso de acoso sexual y laboral sufrido por una exconcejala del propio partido en el Ayuntamiento de Móstoles.

Lo que ocurrió dentro del hemiciclo fue una escena poco habitual incluso para los estándares de la política española: una presidenta autonómica a la defensiva, visiblemente alterada, sin una línea argumental clara, pasando del ataque al victimismo, de las conspiraciones internacionales a la economía regional, incapaz de responder de forma directa a una pregunta básica:

¿Por qué no se investigó internamente la denuncia de una mujer que pidió ayuda durante meses?

El discurso que lo cambió todo

La intervención que desató la tormenta fue la de una diputada de la oposición que, sin rodeos, enumeró una a una las acusaciones:

— Control de la Cámara de Cuentas.
— Asalto a Telemadrid.
— Intentos de amordazar a periodistas.
— Presiones a una concejala para que no denunciara acoso sexual.
— Desaparición de correos electrónicos.
— Reuniones con el presunto acosador, pero no con la víctima.

El tono fue devastador:

“No sé si ustedes son un partido, una mafia o una secta peligrosa. Pero lo que sí sé es que mandan callar a las mujeres cuando el acosador es de los suyos”.

En ese momento, el pleno dejó de ser un debate político para convertirse en algo mucho más incómodo: una acusación directa de encubrimiento institucional.

El caso Móstoles: una historia de silencios

La protagonista de este escándalo es una exconcejala del Partido Popular en Móstoles que, según la documentación publicada por varios medios, denunció internamente haber sido víctima de acoso sexual y laboral por parte del alcalde, Manuel Bautista.

Según su relato:

Recibió comentarios sexuales explícitos.

Fue cosificada delante de otros trabajadores.

Pasó de tener funciones relevantes a ser apartada progresivamente.

Sufrió humillaciones, aislamiento y descrédito profesional.

Frases atribuidas al alcalde, según testigos del Ayuntamiento, incluyen:

“La he fichado para que me haga un gran trabajo a mí. Está buenísima. Es solo para mí.”

Cuando decidió pedir ayuda, no acudió primero a la justicia. Confió en su partido.

Y ahí comenzó, según su denuncia, la verdadera pesadilla.

Génova: “mejor que no denuncies”

La concejala solicitó reuniones con la dirección del PP madrileño. No fue recibida por Ayuso, pero sí por:

Alfonso Serrano, secretario general del PP de Madrid.

Ana Millán, vicepresidenta de la Asamblea.

Lo que escuchó, según su testimonio, fue demoledor:

“Protegerte es no hacer nada.”
“Una denuncia pública te perjudicaría.”
“Habla con tu marido.”
“Todas hemos tenido que aguantar cosas en política.”

No se abrió expediente.
No se citaron testigos.
No se activó ningún protocolo.

Y, para colmo, desaparecieron los correos electrónicos que había intercambiado con responsables del partido.

Ayuso: de presidenta a víctima

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Cuando el escándalo estalla públicamente, la reacción de Ayuso no es pedir disculpas, no es anunciar una investigación, no es mostrar empatía con la víctima.

Su respuesta es otra:

“Este es un caso fabricado contra el Partido Popular.”
“¿Dónde queda mi presunción de inocencia?”
“Me están utilizando para hacer campaña electoral.”

En cuestión de minutos, Ayuso logra algo que parecía imposible: convierte un caso de acoso sexual en un discurso sobre ella misma.

La víctima desaparece del relato. La protagonista pasa a ser Ayuso.

El momento más surrealista: Maduro, Cuba y la guillotina

Incapaz de sostener una defensa coherente, Ayuso entra en una espiral discursiva que muchos calificaron de “delirio político”.

En menos de diez minutos habla de:

Venezuela.

Maduro.

Cuba sin electricidad.

Chavismo.

Guillotinas.

Petro.

Comunismo.

Saunas del suegro.

Tecnocomunismo.

Todo, menos responder a la pregunta clave.

Para los analistas parlamentarios, fue una estrategia clásica de saturación:
cuando no puedes defenderte, bombardea con ruido.

La oposición: “no es sobre ti, es sobre la víctima”

Una de las frases más repetidas en el pleno fue:

“La protagonista no es usted. Póngase del lado de la víctima, por una vez.”

Pero Ayuso insistía en el mismo eje: ella es la atacada, ella es la perseguida, ella es la víctima del sistema.

Un giro narrativo tan extremo que incluso diputados de su propio partido evitaron intervenir públicamente.

El patrón Ayuso: cuando el poder se protege a sí mismo

Este no es un caso aislado. El estilo político de Ayuso responde a un patrón reconocible:

    Negar los hechos.

    Atacar al mensajero.

    Victimizarse.

    Desviar el foco.

    Polarizar.

    Convertir la crítica en conspiración.

Lo vimos con:

Las residencias durante la pandemia.

Los contratos sanitarios.

La pareja investigada.

Telemadrid.

La fiscalía.

Los jueces.

Y ahora, con una denuncia de acoso sexual.

El mensaje más peligroso

Más allá del ruido político, este caso deja un mensaje devastador para cualquier mujer dentro de una organización de poder:

Si denuncias, te aíslan.
Si hablas, te desacreditan.
Si insistes, te borran.
Y si te vas, nadie te recuerda.

La exconcejala acabó renunciando a su acta en 2024.
El alcalde sigue en su cargo.
La presidenta sigue gobernando.
El partido no ha abierto ninguna investigación real.

El silencio como forma de violencia

Los expertos en violencia institucional coinciden en algo:
no hace falta gritar para ejercer poder,
basta con no escuchar.

No responder.
No investigar.
No actuar.
No proteger.

Ese es el verdadero núcleo del escándalo.

No es solo el presunto acoso.
Es la arquitectura del silencio.

Ayuso contra el espejo

El pleno terminó con una imagen poderosa:
una presidenta rodeada de cifras económicas,
crecimiento del PIB,
turismo,
hospitales,
carreteras,
mientras una pregunta flotaba en el aire sin respuesta:

¿Por qué recibió usted al presunto acosador cinco días después de la denuncia, pero nunca a la víctima?

Ayuso habló de todo.
Menos de eso.

Epílogo: cuando el poder ya no se disimula

Este episodio marca un antes y un después en la política madrileña.

No porque vaya a provocar dimisiones inmediatas.
No porque el PP vaya a perder el poder mañana.

Sino porque ha quedado expuesto algo mucho más profundo:

Que bajo el discurso de libertad,
modernidad,
y éxito económico,

existe un sistema político que,
cuando una mujer pide ayuda,
le recomienda callar.

Y cuando todo estalla,
no se pregunta qué ha pasado,
sino quién lo ha contado.

Eso no es un error.
Es un modelo.