
España en shock: cuando una tragedia se convierte en campo de batalla
España no solo está de luto.
España está en estado de shock político.
El accidente ferroviario de Adamuz no ha sido únicamente una catástrofe humana. Ha sido una grieta brutal que ha partido en dos el tablero político español. Víctimas, heridos, una niña de seis años caminando sola por las vías tras perder a toda su familia… y, al mismo tiempo, una clase política incapaz de contener su pulsión de conflicto.
La tragedia ha expuesto algo mucho más profundo que un fallo técnico: ha mostrado la miseria moral de un sistema que, incluso ante la muerte, no sabe detener la máquina del enfrentamiento.
Y en el centro del terremoto político hay tres nombres:
Isabel Díaz Ayuso.
Juanma Moreno Bonilla.
Óscar Puente.
Y una palabra que lo define todo: pánico.
Ayuso rompe el pacto del duelo

El Gobierno de España y la Junta de Andalucía habían alcanzado un acuerdo que, en cualquier democracia funcional, habría sido incuestionable: celebrar un homenaje de Estado en Huelva, la provincia de la que procedía la mayoría de las víctimas.
No un funeral religioso.
No un acto partidista.
Un homenaje institucional, de todos.
Era una decisión lógica, respetuosa y consensuada.
Hasta que Isabel Díaz Ayuso decidió romperla.
La presidenta de la Comunidad de Madrid anunció que pediría una misa funeral en la Catedral de la Almudena, en Madrid, y sugirió que ese funeral “representaría a todos”.
Ahí estalló la bomba.
Porque no era una simple misa privada.
Era una declaración política.
Era decirle al país:
el duelo se traslada a Madrid,
el foco se traslada a Madrid,
y el protagonismo también.
Jesús Caldera destroza la operación Ayuso
El exministro Jesús Caldera lo dijo sin rodeos: lo de Ayuso no era un gesto piadoso, era una irrupción política en un acuerdo de Estado.
“Estamos en el tiempo del dolor, del espanto y de la congoja”, dijo.
“No en el tiempo de la política”.
Pero Ayuso eligió otra cosa: eligió el click.
Caldera lo explicó con una precisión quirúrgica: los gobernantes hoy tienen que elegir entre el sentido de Estado o el clickbait. Y Ayuso eligió lo segundo.
Lo que hizo no fue honrar a las víctimas.
Fue usar a las víctimas para volver a ser el centro del escenario.
La niña de seis años y la frontera moral
Caldera rompió la discusión política con una imagen imposible de borrar:
una niña de seis años, caminando sola por las vías, después de haber perdido a toda su familia.
En ese marco, dijo, no puede haber bronca.
Pero la hubo.
Porque cuando el dolor se convierte en herramienta, ya no estamos ante política: estamos ante algo peor.
Esther Muñoz y la munición pesada
Ayuso no habló sola.
Arrastró al Partido Popular.
Horas después, Esther Muñoz, portavoz del PP en el Congreso, salió con munición pesada contra Óscar Puente:
“Ni tranquilidad, ni certidumbre, ni inversión”.
“El Gobierno intenta inhibirse de cualquier responsabilidad”.
Se anunció una batería de preguntas, peticiones de comparecencia, y la exigencia de que Sánchez, Puente y el presidente de ADIF comparezcan ante el Congreso.
La tregua del duelo se rompió.
Puente responde: “No voy a entrar al trapo”
Óscar Puente, ya en el ojo del huracán, respondió con una estrategia de contención: no iba a entrar en la bronca, iba a centrarse en la investigación.
Pero el problema ya no era solo técnico.
Era político.
Porque en España, cuando el duelo se politiza, la percepción pública se vuelve letal.
El dilema del Partido Popular: Feijóo atrapado
El analista lo dijo con claridad: el PP está atrapado entre dos caminos.
Uno:
ser un partido de Estado,
adulto,
institucional,
crítico pero responsable.
Dos:
competir con Vox en ruido, sospecha, exageración y utilización de las víctimas.
Hasta el lunes, el PP había elegido el primero.
Desde Ayuso, parece que ha vuelto al segundo.
Y ahí Vox ya es imbatible.
Ayuso, la líder que no fue elegida
Lo más explosivo de todo esto no es el funeral.
Es el poder.
Isabel Díaz Ayuso no es la líder nacional del PP.
Pero actúa como si lo fuera.
Marca posiciones.
Arrastra al partido.
Silencia a otros presidentes autonómicos.
¿Dónde está Juanma Moreno Bonilla?
¿Dónde está el presidente de Andalucía defendiendo que Huelva es el lugar lógico para el homenaje?
Calla.
Porque Ayuso manda más.
La agenda Ayuso: Trump, Milei, Israel, Groenlandia
Esto no es un episodio aislado.
Antes fue la foto con Milei y la motosierra.
Después el alineamiento con Trump.
Luego Israel y Gaza.
Luego los pinganillos.
Ahora el funeral.
Siempre el mismo patrón:
romper la línea oficial,
crear polémica,
dominar titulares.
Ayuso no quiere gestionar Madrid.
Quiere dominar España.
Pedro Sánchez y la presión máxima
El PP ha anunciado que buscará un pleno extraordinario para que Sánchez comparezca.
176 diputados.
No es fácil.
Pero el simple anuncio ya tiene efecto político.
Porque Sánchez es el responsable último del Ministerio que gestiona las vías donde ha habido dos accidentes con muertos.
Y eso pesa.
La tragedia como espejo
Todo esto ocurre mientras siguen los funerales, los entierros, los homenajes locales.
Mientras padres, madres, hijos y abuelos lloran.
Y ahí está la pregunta que sobrevuela todo:
¿Quién está pensando en ellos?
¿El Gobierno?
¿La oposición?
¿O solo están pensando en sí mismos?
Un país mejor que su política
Jesús Caldera lo dijo al final:
España ha respondido de forma ejemplar.
Servicios públicos, sanitarios, bomberos, investigadores, voluntarios.
El país ha estado a la altura.
La política, no.
Y cuando una líder regional utiliza la muerte para marcar territorio, cuando un partido convierte el duelo en munición, cuando la bronca devora al respeto, lo que queda es esto:
pánico, miseria moral y un país que merece algo mejor.
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