Una sesión parlamentaria en España terminó convirtiéndose en un enfrentamiento político y moral de enorme intensidad cuando una superviviente del antiguo sistema franquista de tutela femenina respondió con dureza a las intervenciones de representantes de Vox.

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La comparecencia formaba parte de una comisión parlamentaria destinada a analizar el papel del antiguo Patronato de Protección a la Mujer, una institución creada durante la dictadura de Francisco Franco que durante décadas controló la vida de miles de jóvenes consideradas “moralmente desviadas”.

Lo que comenzó como una sesión formal terminó transformándose en un discurso que dejó helados a varios diputados.

Desde el inicio, la compareciente cuestionó directamente a uno de los representantes de Vox que había intervenido previamente en la comisión. Según denunció, algunos políticos utilizan visitas puntuales a barrios humildes para generar polémica mediática, grabar vídeos incendiarios y después desaparecer.

Explicó que ella vive en uno de esos barrios señalados frecuentemente en el debate público. Sin embargo, insistió en que el verdadero problema de esas zonas no es la inmigración ni la delincuencia, como a menudo se afirma desde ciertos discursos políticos.

El problema, afirmó con firmeza, es el abandono institucional.

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Según relató, se trata de barrios donde viven personas trabajadoras y humildes que hacen enormes esfuerzos para salir adelante. La degradación urbana no es consecuencia de quienes viven allí, sino de décadas de abandono político y social.

También criticó duramente el intento de vincular sistemáticamente la inseguridad con la inmigración.

Para la compareciente, esa asociación es una forma clara de populismo político.

“La seguridad no entiende de origen”, señaló, subrayando que lo único que importa son las conductas individuales y no el lugar de nacimiento de las personas.

El momento más tenso llegó cuando respondió directamente a un diputado que había intervenido previamente en la comisión.

Con una mezcla de indignación y firmeza, afirmó que lo que realmente le provocaría miedo sería que personas con ese tipo de discurso llegaran a gobernar instituciones públicas.

La tensión política creció aún más cuando el debate giró hacia la memoria histórica y el legado del franquismo.

En ese punto, la compareciente lanzó una crítica directa contra quienes sostienen que durante la dictadura se vivía mejor.

Según explicó, esa visión suele transmitirse entre generaciones que no vivieron realmente aquel periodo o que han recibido una versión idealizada de la historia.

En su opinión, parte de ese relato se está difundiendo entre jóvenes a través de campañas políticas y discursos ideológicos que simplifican el pasado.

Durante su intervención relató episodios estremecedores sobre el funcionamiento del antiguo sistema de tutela femenina.

Recordó que muchas jóvenes fueron internadas en centros controlados por órdenes religiosas simplemente por comportamientos considerados inmorales en aquella época.

En esos lugares, explicó, se produjeron castigos físicos, humillaciones y situaciones que hoy serían consideradas graves violaciones de derechos humanos.

Entre los ejemplos que mencionó se encuentran pruebas de virginidad forzadas, castigos corporales degradantes y trabajos forzados destinados a “reeducar” a las jóvenes.

Al describir estas experiencias, su voz se volvió más dura.

Mirando directamente hacia los diputados que cuestionaban su relato, preguntó si alguno de ellos había tenido que pasar alguna vez por ese tipo de prácticas.

La pregunta dejó la sala en silencio.

También recordó que muchas de aquellas jóvenes no habían cometido ningún delito. Simplemente habían sido consideradas problemáticas por su comportamiento, su forma de vestir o su orientación sexual.

Según explicó, algunas fueron enviadas a hospitales psiquiátricos o centros de reclusión donde permanecieron durante largos periodos.

En algunos casos, añadió, la presión psicológica era tan intensa que algunas internas terminaron suicidándose.

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El relato fue especialmente duro cuando explicó que muchas de esas muertes no aparecen en los registros oficiales ni en los relatos públicos sobre la dictadura.

“No están en las cunetas”, afirmó, en referencia a las víctimas del franquismo ejecutadas durante la posguerra.

Según su testimonio, muchas de las víctimas del sistema de tutela femenina murieron en silencio dentro de las instituciones que supuestamente debían protegerlas.

Otro punto polémico de su intervención fue la continuidad de ciertas estructuras institucionales después de la transición democrática.

Recordó que algunas funcionarias que habían trabajado en el antiguo patronato fueron posteriormente integradas en el sistema de servicios sociales sin haber recibido formación específica en trabajo social.

Según denunció, esas redes institucionales continuaron influyendo durante años en el sistema de protección de menores.

La compareciente también criticó la falta de atención política hacia problemas actuales relacionados con menores tutelados.

Explicó que durante años diversos activistas denunciaron situaciones de explotación y abusos contra menores bajo tutela estatal, pero que esas denuncias no recibieron la atención necesaria.

Según afirmó, el sistema de protección de menores mueve actualmente grandes cantidades de dinero público, lo que en su opinión dificulta que se investiguen ciertas irregularidades.

Sus palabras generaron incomodidad entre varios diputados presentes en la comisión.

En medio del debate, la presidenta de la sesión tuvo que intervenir para pedir orden y recordar a los parlamentarios que debían escuchar a la compareciente sin interrumpirla.

El ambiente en la sala se volvió cada vez más tenso.

En la parte final de su intervención, la compareciente adoptó un tono más reflexivo.

Recordó una antigua canción que hablaba de una España marcada por la guerra y las heridas del pasado.

Según explicó, aunque el tiempo ha pasado, muchas de las personas que vivieron aquellas experiencias siguen vivas y continúan luchando para que su historia no sea olvidada.

Actualmente, aseguró, más de un centenar de supervivientes del antiguo sistema de tutela siguen organizadas para mantener viva la memoria de lo ocurrido.

Y concluyó con una frase que resonó con fuerza en la sala.

Puede que sean personas mayores, dijo, pero siguen teniendo voz.

Y esa voz, añadió, no va a desaparecer.

Porque para ellas, la batalla por la memoria y la dignidad aún no ha terminado.