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BOMBA MAZÓN: EL DÍA DE LA DANA, COMIDAS PRIVADAS, SILENCIOS OFICIALES Y UN MEGAPELOTAZO URBANÍSTICO QUE AHORA EXPLICA TODAS LAS SOMBRAS

Cuando el escándalo tapa algo aún mayor

La Comunidad Valenciana vive uno de los momentos políticos más delicados de la última década. Mientras la atención pública se centraba en el escándalo de los mensajes intercambiados entre Alberto Núñez Feijóo y el expresidente Carlos Mazón, otra decisión, aparentemente técnica y discreta, pasaba casi desapercibida: la aprobación, el primer día del año, de una nueva normativa urbanística por parte del Consell presidido por Pérez Yorca.

A primera vista, se trataba de un decreto más. Sin grandes titulares. Sin ruedas de prensa épicas. Pero el contexto lo cambia todo. Porque esa norma llega en el momento exacto en que resurgen con fuerza las preguntas sobre qué hizo Carlos Mazón durante las horas críticas de la DANA, con quién estaba, por qué tardó días en reconocer una comida privada y por qué, justo ahora, se da cobertura legal al mayor proyecto inmobiliario de la próxima década en la Comunitat Valenciana: el conocido como “Manhattan de Cullera”.

Desmontando las mentiras de Mazón, un president que lleva un año derivando  responsabilidades y dando diferentes versiones sobre la DANA

El decreto urbanístico que reabre la era del pelotazo

El nuevo marco normativo aprobado por el Gobierno valenciano flexibiliza trámites, acelera recalificaciones y facilita grandes desarrollos urbanísticos de carácter intensivo. Lo que en otros tiempos habría sido vendido como “dinamización económica”, hoy despierta viejos fantasmas: especulación, connivencia política y beneficios concentrados en pocos actores empresariales.

No es casual que numerosos analistas hayan vinculado esta normativa con el proyecto Manhattan de Cullera, un megadesarrollo de torres residenciales, hoteles y complejos de lujo llamado a transformar radicalmente el litoral del municipio.

Un proyecto de tal magnitud necesitaba algo más que voluntad política: necesitaba cobertura legal urgente. Y esa cobertura ha llegado.

Cullera, la llamada y el día que nadie olvida

El Manhattan de Cullera saltó al conocimiento público no por una presentación institucional, sino por una llamada telefónica. Una llamada realizada por Carlos Mazón al alcalde de Cullera el mismo día de la DANA, mientras decenas de municipios vivían situaciones dramáticas, con inundaciones, desaparecidos y daños materiales masivos.

Esa llamada, realizada a las 18:28, ha terminado convirtiéndose en una de las piezas más inquietantes del rompecabezas político valenciano.

¿Por qué Cullera? ¿Por qué ese municipio concreto, cuando otros como Utiel, Requena, Chiva o Godelleta estaban mucho peor en ese momento?

Maribel Vilaplana, ante la jueza con obligación de decir la verdad de las  horas del Ventorro y el paseo hasta el parking con Mazón

La comida, las versiones y la verdad a cuentagotas

Carlos Mazón tardó días en reconocer que aquella tarde había mantenido una comida privada con la periodista Maribel Vilaplana en el restaurante El Ventorro. Durante ese tiempo, su equipo ofreció hasta tres versiones distintas:

    Una comida privada sin relevancia.
    Un almuerzo con el presidente de la patronal valenciana, versión desmentida públicamente.
    Una reunión de trabajo.

La propia periodista acabaría confirmando que no percibió preocupación alguna por la emergencia, que se consumió una botella de vino y que Mazón no se encontraba en alerta.

La pregunta clave no es solo con quién comió, sino qué hizo después.

La declaración de Maribel Vilaplana estrecha el cerco judicial sobre Mazón

El agujero negro entre las 18:00 y las 18:30

Según los datos conocidos, Mazón abandonó el restaurante alrededor de las 18:00. Sin embargo, no llegó al CECOPI hasta pasadas las 19:30. Ese margen de tiempo se ha convertido en un auténtico agujero negro político.

La única acción confirmada de Mazón en esa franja es la llamada al alcalde de Cullera. Una conversación descrita como “dicharachera”, tranquila, impropia de una situación de alerta roja.

“Me llamó como te llama un amigo”, relató el alcalde. “No me llamó por la emergencia”.

¿Una coartada improvisada?

Cuando días después Mazón utilizó públicamente esa llamada como prueba de que estaba informado y pendiente de la crisis, el alcalde reaccionó con alarma. Sintió, según sus propias palabras, que estaba siendo utilizado como coartada política.

Los registros telefónicos existen. La hora es precisa. Y el contenido de la conversación no encaja con el relato oficial posterior.

La hipótesis que incomoda: negocios, contactos y urbanismo

Surge entonces la hipótesis más incómoda: ¿y si ese tiempo estuvo dedicado a algo ajeno a la emergencia?

Algunas fuentes apuntan a posibles encuentros relacionados con intereses urbanísticos en Cullera. No hay pruebas concluyentes, pero sí una coincidencia inquietante: el municipio llamado, el proyecto inmobiliario más ambicioso de la región y la posterior aprobación exprés de una normativa que lo facilita.

No sería la primera vez que una catástrofe natural queda eclipsada por intereses económicos.

El patrón que se repite

Valencia conoce bien esta historia. Grandes eventos, grandes proyectos, grandes promesas… y después, sobrecostes, deudas públicas y responsabilidades diluidas.

El urbanismo intensivo en zonas sensibles, la eliminación de huerta, el sellado del suelo con hormigón y asfalto no solo tienen consecuencias económicas, sino climáticas.

DANA, cambio climático y decisiones políticas

Expertos advierten de que con 1,7 ºC de aumento de temperatura global, una atmósfera cargada de vapor de agua y un Mediterráneo anormalmente cálido, las DANAs serán más frecuentes y más destructivas.

Persistir en políticas de “todo hormigón” no es solo irresponsable: es preparar el terreno para futuras tragedias.

Silencios que pesan más que las palabras

Ni Mazón ni el actual Consell han ofrecido explicaciones claras sobre la concatenación de hechos. El silencio institucional, lejos de apagar el incendio, alimenta la sospecha.

Porque cuando las versiones cambian, los tiempos no cuadran y las decisiones políticas benefician a grandes intereses privados, la pregunta deja de ser retórica:

¿Fue casualidad… o fue negocio?

Un escándalo que no ha terminado

La historia del Manhattan de Cullera, de la DANA y de las horas perdidas de Mazón está lejos de cerrarse. Puede que lo peor no sea lo que ya sabemos, sino lo que aún no se ha contado.

Y en política, cuando demasiadas piezas encajan sin explicación, el escándalo suele ser solo el principio.