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EL CASO FEIJÓO: CUANDO LOS MENSAJES NO ENCAJAN Y LA VERDAD EMPIEZA A RESQUebrajarse

El año arranca con un terremoto político-judicial que sacude de lleno al líder de la oposición. Lo que comenzó como una colaboración “voluntaria” con la justicia se ha convertido en un laberinto de contradicciones, actas notariales parciales y silencios incómodos. Alberto Núñez Feijóo, presidente del Partido Popular, se enfrenta ahora a una pregunta que ya no es política, sino judicial: ¿por qué entregó solo una parte de los mensajes clave de la noche más trágica de la DANA?

La jueza de Catarroja no investiga intenciones políticas. Investiga hechos. Y los hechos, a medida que se conocen, no cuadran.

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Dos versiones, una noche y demasiadas dudas

Carlos Mazón sostuvo públicamente que llamó en dos ocasiones a Feijóo el día de la DANA. Feijóo respondió que no atendió esas llamadas. Hasta aquí, podría tratarse de un malentendido. El problema surge cuando los mensajes de WhatsApp aportados por Feijóo no encajan con el relato de ninguno de los dos.

Si Mazón llamó, ¿por qué no hay constancia clara?
Si Feijóo no respondió, ¿por qué el contexto de los mensajes sugiere que sí había comunicación fluida?

La jueza detecta la incongruencia y hace lo que cualquier magistrada haría: pide el resto de la conversación.


El acta notarial: ¿garantía o coartada?

Feijóo decide acudir a un notario para entregar los mensajes. Un gesto que, en apariencia, busca transparencia. Sin embargo, el propio notario deja claro algo esencial: él no es perito informático. Solo da fe de lo que ve en una pantalla en un momento concreto.

Eso significa una cosa muy simple y muy grave:
si se borraron mensajes antes, no queda rastro.

En términos judiciales, la prueba se convierte en un acto de fe. Y la justicia no se construye sobre creencias, sino sobre verificaciones.


¿Por qué no entregarlo todo desde el principio?

Esta es la pregunta que se repite en los despachos, en los platós y en las redacciones. Nadie obligó a Feijóo a entregar nada. Pero cuando decide hacerlo, elige entregar solo una parte.

La jueza no pidió fragmentos. Pidió contexto.
Y el contexto solo existe cuando se ve la conversación completa.

Esa decisión inicial —entregar la mitad— es la que ha colocado el foco sobre Feijóo. No por estar investigado, sino por haberse puesto él mismo en el centro del escenario.


El relato que se desmorona: la UME sí estaba desplegada

Durante meses, el Partido Popular ha sostenido que el Gobierno no reaccionó a tiempo, que la Unidad Militar de Emergencias no estaba desplegada cuando debía. Sin embargo, los propios mensajes de Mazón a Feijóo contradicen ese relato.

En ellos se afirma claramente que la UME ya estaba activada y trabajando.

Entonces, ¿por qué Feijóo siguió afirmando lo contrario durante más de un año?
¿Desinformación? ¿Estrategia política? ¿O algo peor?


La jueza no persigue a Feijóo, persigue la verdad

Conviene subrayarlo con claridad: Feijóo no está imputado. Comparece como testigo porque una asociación de víctimas lo solicita y porque su nombre aparece en un punto clave de la cadena de decisiones.

La magistrada quiere saber qué información circulaba en tiempo real mientras Valencia se inundaba y 230 personas perdían la vida. Quiere saber por qué el mensaje de alerta se retrasó, quién decidió no lanzarlo a las 18:37 cuando ya existía un borrador.

Y para eso, los mensajes importan.

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La doble vara del Partido Popular

El Partido Popular ha construido durante años un discurso férreo: respeto absoluto a los jueces, confianza plena en la justicia. Ese discurso se tambalea cuando la investigación toca a los suyos.

De repente, aparecen palabras como “sorprendente”, “excesivo interés” o “sospecha de intencionalidad”. Lo que antes era respeto institucional, ahora parece incomodidad política.


El privilegio de declarar por videollamada

Feijóo ha solicitado declarar por videollamada. Legalmente es posible. Moralmente, la discusión es otra. Las familias de las víctimas acuden cada día al juzgado, miran a la justicia a los ojos y esperan respuestas.

La pregunta es inevitable:
¿puede aspirar a gobernar un país quien evita dar la cara en una investigación que busca esclarecer la mayor tragedia reciente de la Comunitat Valenciana?


Salomé Pradas, Cuenca y el careo decisivo

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Mientras tanto, la jueza prepara un careo clave entre Salomé Pradas y José Manuel Cuenca. Dos versiones que chocan frontalmente. Dos relatos incompatibles sobre quién tenía el mando real y quién bloqueó decisiones críticas.

Ese careo puede marcar un antes y un después en la instrucción. Y puede, también, acercar peligrosamente el foco a Mazón, protegido aún por su aforamiento.


El aforamiento como escudo político

Si Mazón no fuera aforado, la jueza podría investigarlo directamente. No puede hacerlo. El Partido Popular mantiene ese escudo institucional mientras el caso avanza por los márgenes.

La sensación, para muchas víctimas, es devastadora: la justicia llega, pero tarde y con obstáculos.


Dos mentiras y una sospecha mayor

Intxaurrondo lo resumió con crudeza: hay al menos dos mentiras verificables en el relato de Feijóo. La primera, sobre estar informado en tiempo real. La segunda, sobre el despliegue de la UME.

A partir de ahí, todo lo demás queda bajo sospecha.

 

Epílogo: cuando la política entra en el juzgado

Este caso ya no va solo de WhatsApps. Va de confianza. De coherencia. De responsabilidad. Va de si los líderes políticos están dispuestos a someterse al mismo escrutinio que exigen a los demás.

La jueza seguirá investigando.
Los mensajes acabarán sobre la mesa.
Y la verdad, fragmentada o completa, terminará saliendo.

Porque cuando una tragedia deja 230 muertos, no hay acta notarial que silencie las preguntas.