
I. Cuando una tragedia se convierte en un campo de batalla
El descarrilamiento del tren en Adamuz (Córdoba) no solo dejó decenas de muertos, heridos graves y familias rotas. También abrió un segundo frente: una guerra por el relato.
Mientras los servicios de emergencia aún levantaban vagones y los forenses trataban de identificar cuerpos, una parte del ecosistema mediático y político ya había encontrado culpables. Y los había encontrado demasiado rápido.
En menos de 24 horas, algunos medios y agitadores digitales habían construido un relato cerrado:
la infraestructura falló, el Gobierno lo sabía y lo ocultó.
No había informes.
No había peritajes.
No había conclusiones de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF).
Pero sí había titulares.
II. El Mundo dispara primero
El punto de inflexión llegó cuando El Mundo publicó una exclusiva firmada por César Orrutia y Jaime Rodríguez: una supuesta rotura de una soldadura en el carril derecho de la vía 1, en el kilómetro 318, que habría sido la causa del siniestro.
El director del diario, Joaquín Manso, fue aún más lejos en una entrevista televisiva:
presentó esa hipótesis como si fuera ya casi una conclusión.
“Parece que esa es efectivamente la causa del accidente”.
Una frase demoledora.
Porque cuando un gran diario dice eso, el público ya no escucha “hipótesis”.
Escucha “sentencia”.
III. El problema de las hipótesis convertidas en verdades
El fallo no fue plantear una hipótesis. Eso es legítimo.
El fallo fue presentarla como hecho cuando los investigadores oficiales acababan de publicar un comunicado diciendo exactamente lo contrario:
“La investigación está en una fase inicial. Todas las hipótesis están abiertas. Cualquier conclusión ahora es especulativa.”
Pero esa frase no tuvo titulares.
La rotura de la soldadura sí.
IV. Óscar Puente entra en escena

Cuando Óscar Puente, ministro de Transportes, compareció, no lo hizo como político, sino como alguien que entiende de ingeniería ferroviaria.
Y dijo algo devastador para la narrativa de El Mundo:
“Que haya un carril roto no nos dice nada. La clave es saber si la rotura es la causa o la consecuencia.”
Eso desmonta el titular entero.
Porque si el tren descarrila por otra razón, el acero de la vía también se rompe al ser golpeado por toneladas de metal lanzadas fuera de su trayectoria.
La rotura existe.
Pero no demuestra nada por sí sola.
V. El dato que nadie quería escuchar
Puente añadió un elemento técnico que destruye la hipótesis mediática:
Si un carril se rompe antes de que pase un tren,
el sistema eléctrico de la vía lo detecta automáticamente
y el tren se detiene.
Y eso no ocurrió.
Además:
“Han pasado tres trenes veinte minutos antes por ese punto. Y el propio tren accidentado pasó con cinco de sus ocho coches antes de descarrilar.”
Si el carril hubiera estado roto,
no habría pasado ninguno.
Ese dato es una bomba.
VI. El bulo de las ocho incidencias
El Mundo y otros medios también hablaron de ocho incidencias previas en la zona registradas por ADIF.
Pero aquí llegó otra manipulación.
Como explicó Puente:
Esos avisos eran fallos eléctricos o de catenaria,
no roturas de carril,
y además en otro tramo distinto.
Lo más irónico es que esos avisos prueban justo lo contrario de lo que se pretendía:
“Esos avisos son una garantía de seguridad. Cuando hay una incidencia, se corta la circulación, se repara y se sigue.”
No es abandono.
Es control.
VII. El mito de los maquinistas
Otro bulo que recorrió redes y platós fue que los maquinistas habían denunciado “rebotes peligrosos”.
El sindicato SEMAF lo desmintió:
aquella comunicación hablaba de confort, no de seguridad.
Pero Vito Quiles, Negre y otros agitadores ya lo habían convertido en “prueba de negligencia”.
Cuando la mentira es emocional,
la rectificación ya no importa.
VIII. Marlaska activa la vigilancia
Mientras el bulo se expandía, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, confirmó algo clave:
Las fuerzas de seguridad estaban monitorizando redes sociales para detectar campañas de desinformación que pudieran afectar a la seguridad pública y a la confianza en las instituciones.
No es censura.
Es prevención.
Porque en una catástrofe, un rumor puede matar.
IX. El ecosistema Vito Quiles

Vito Quiles no es un periodista convencional.
Es un activista digital que opera en el borde entre la propaganda y el acoso.
Tras Adamuz, difundió:
Que Marruecos recibía 247 millones mientras España abandonaba sus trenes.
Que el Gobierno ocultaba informes.
Que todo estaba podrido.
La realidad:
esos 247 millones son créditos internacionales que Marruecos debe devolver y que obligan a contratar empresas españolas.
Pero el bulo ya había hecho su trabajo.
X. El arma del miedo
Todo este ecosistema funciona con una lógica:
no busca explicar la realidad, sino crear pánico.
Si la gente cree que el tren no es seguro,
cree que el Estado no funciona.
Y si cree eso, está dispuesta a escuchar soluciones autoritarias.
El miedo es rentable.
XI. El contraste con la realidad
Mientras los bulos volaban, la realidad era otra:
Gobierno central y Junta de Andalucía trabajando juntos.
Guardia Civil, Cruz Roja y psicólogos atendiendo a familias.
Técnicos investigando con rigor.
Puente incluso elogió públicamente a Moreno Bonilla, presidente andaluz del PP:
“Cero reproches. Han actuado correctamente.”
Eso no encajaba con la guerra política.
XII. Un accidente, no una conspiración
Puente fue claro:
No se puede descartar nada,
pero tampoco se puede inventar nada.
Ni sabotaje.
Ni negligencia.
Ni fallo estructural.
Todo debe demostrarse.
XIII. La batalla por la verdad
La pregunta de fondo es brutal:
¿Quién manda cuando ocurre una tragedia?
¿Los técnicos y los jueces?
¿O los tertulianos y los tuiteros?
El Mundo decidió adelantar una conclusión.
Vito Quiles decidió incendiar las redes.
Televisiones decidieron amplificarlo.
Óscar Puente decidió algo más incómodo:
esperar a los datos.
XIV. Por qué esto importa
Porque no hablamos solo de Adamuz.
Hablamos de si España va a permitir que
cada accidente se convierta en una fake news masiva.
Hablamos de si la democracia puede sobrevivir
a una industria que vive del bulo.
El accidente de Adamuz fue una tragedia humana.
Pero la manipulación posterior fue una tragedia democrática.
Óscar Puente, con datos y calma, desmontó un relato construido sobre titulares y miedo.
Marlaska activó la defensa del Estado frente a la desinformación.
Y el ecosistema del bulo quedó expuesto.
La investigación dirá qué pasó.
Pero ya sabemos algo:
La mentira llegó antes que la verdad.
Y eso es lo más peligroso de todo.
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