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El Partido Popular atraviesa uno de sus momentos más incómodos en política exterior. La evolución de la crisis venezolana y el giro estratégico de Donald Trump han dejado a la derecha española en una posición de desorientación absoluta, obligando a Génova a matizar su discurso y, de facto, a acercarse a la línea marcada por el Gobierno de Pedro Sánchez.
Durante meses, la derecha global —y con ella el PP— abrazó el relato trumpista de “liberar Venezuela” e imponer una transición democrática inmediata. Sin embargo, ese marco ha saltado por los aires. Trump ha dejado claro que las elecciones “ya se verán” y que la prioridad es el petróleo, desmontando el discurso moral que muchos conservadores habían enarbolado como bandera.
El desconcierto es evidente. Mientras María Corina Machado, que aspiraba a liderar la transición, llega a ofrecer compartir un hipotético Nobel de la Paz con Trump a cambio de un cambio de régimen, en Génova se multiplican las dudas y los silencios incómodos. El Partido Popular evita criticar abiertamente a la Casa Blanca, pero su posición empieza a chocar frontalmente con la del presidente estadounidense, que apuesta por Delcy Rodríguez como pieza clave del nuevo equilibrio.
Un PP atrapado entre Trump y el derecho internacional
La situación ha generado una grieta interna en la derecha. FAES habla ya de “imperialismo”, mientras dirigentes del PP reconocen en privado que el partido ha quedado fuera de juego. El entusiasmo inicial por la caída de Nicolás Maduro se ha visto empañado por una realidad mucho más compleja: la continuidad del aparato chavista y las dudas sobre el respeto al derecho internacional.
Alberto Núñez Feijóo intenta sostener un discurso de equilibrio imposible. Evita respaldar explícitamente la operación de Trump, pero aplaude la salida de Maduro, una ambigüedad que sus críticos interpretan como falta de liderazgo. Su reacción ante la cumbre de París —centrada en reprochar la ausencia de Sánchez en la Pascua Militar— ha sido vista incluso dentro del propio partido como un error de enfoque en un momento de máxima tensión global.
Sánchez y Díaz marcan el marco

Frente a la confusión del PP, el Gobierno ha reforzado un mensaje claro: defensa de la legalidad internacional, soberanía de los Estados y rechazo a cualquier intervención que no se base en procesos democráticos y pacíficos. Yolanda Díaz ha sido especialmente contundente, denunciando una política exterior de “ordeno y mando” por parte de Trump y alertando del riesgo de vasallaje europeo frente a Estados Unidos.
La vicepresidenta ha reclamado una posición propia de la Unión Europea, desligada de amenazas, chantajes y agresiones económicas o militares. Groenlandia, Venezuela, Gaza y Ucrania aparecen así como piezas de un mismo tablero, en el que, según Díaz, se está poniendo en jaque el orden internacional y la democracia misma.
Feijóo, en el centro de las críticas

El foco político se desplaza ahora hacia Feijóo. Desde la izquierda y desde sectores mediáticos se cuestiona si el líder del PP está preparado para gobernar en un contexto de crisis global. Su falta de definición ante Trump, su alineamiento previo con posiciones hoy desacreditadas y su dificultad para fijar una postura clara han debilitado su imagen.
La pregunta empieza a instalarse en el debate público: ¿de qué lado está el Partido Popular cuando se trata de democracia, derechos humanos y legalidad internacional? Para el Gobierno, la respuesta debería ser inequívoca. Para el PP, sigue siendo un dilema abierto.
Una derecha obligada a rectificar
Lo que parecía una ofensiva cómoda contra Sánchez se ha convertido en un problema estratégico para la derecha española. El PP ha pasado de aplaudir el movimiento de Trump a verse obligado a recoger cable y asumir, a regañadientes, un marco más cercano al del Ejecutivo.
En un mundo sacudido por tensiones geopolíticas crecientes, la crisis venezolana ha dejado al descubierto una realidad incómoda: el trumpismo ya no es un refugio ideológico seguro, y el Partido Popular, atrapado entre su discurso tradicional y la nueva realidad internacional, busca ahora una salida sin tener claro el rumbo.
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