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CARNICERÍA PEPERA CONTRA EMBUSTEROS CÍNICOS: PUENTE, RUFIÁN Y AIZPURUA DEJAN AL PP Y VOX EN RIDÍCULO ABSOLUTO

La sesión parlamentaria de este miércoles terminó convertida en una auténtica carnicería política para el Partido Popular y Vox. Lo que pretendía ser una ofensiva contra el Gobierno acabó en una sucesión de intervenciones que desmontaron, una a una, las acusaciones de la derecha, dejando a sus portavoces retratados como lo que muchos ya consideran: embusteros cínicos atrapados en su propio discurso.

Entre los momentos más contundentes destacaron las intervenciones de Óscar Puente, Gabriel Rufián y Mertxe Aizpurua, que no solo defendieron la actuación del Ejecutivo, sino que devolvieron los golpes con datos, memoria histórica y una carga política que hizo saltar por los aires la estrategia del PP y Vox.


El “caso Baliza”: cuando la denuncia se vuelve contra quien acusa

La primera gran embestida vino desde la bancada popular, con una acusación directa al ministro Marlaska por el llamado “caso Baliza”, al que compararon con el “caso Koldo”. Según el PP, la adjudicación de contratos habría beneficiado a empresas con conexiones políticas.

Pero la réplica fue demoledora. Desde el Gobierno se recordó que las decisiones se tomaron bajo procedimientos administrativos regulados, y que muchas de las críticas provenían precisamente de un partido que arrastra décadas de escándalos reales y condenas judiciales.

El intento de construir un nuevo “caso de corrupción” se diluyó rápidamente, dejando al PP sin pruebas sólidas y con un discurso basado más en insinuaciones que en hechos.


Puente destroza el relato del PP sobre las víctimas

Uno de los momentos más duros llegó con la intervención de Óscar Puente, que acusó al PP de utilizar el dolor de las víctimas como arma política.

Puente recordó que él compareció desde el primer momento, dio entrevistas, ofreció ruedas de prensa y se sometió al control parlamentario durante más de doce horas. Y lanzó una pregunta que resonó en el hemiciclo:

“¿Eran de peor condición los muertos del accidente de Angrois? ¿Merecían menos respeto?”

El ministro recordó que fue el propio PP quien votó en contra de crear una comisión de investigación tras aquel accidente con 80 víctimas mortales. Para Puente, la conclusión es clara: el PP practica el “fariseísmo político”, exigiendo dimisiones cuando gobiernan otros y escondiéndose cuando la responsabilidad es suya.


Aizpurua: “Hoy Bildu pinta más que el PP”

La intervención de Mertxe Aizpurua fue otro de los golpes más simbólicos. Con tono directo, afirmó que hoy un escaño de EH Bildu tiene más peso real en la política del Estado que todo el Partido Popular.

“Ustedes no mandan nada. Son irrelevantes, y así seguirá siendo mientras dependa de nosotros”.

La frase cayó como una losa sobre la bancada popular, que vio cómo se confirmaba una de sus mayores pesadillas: haber pasado de partido central del sistema a actor secundario sin capacidad real de influencia.


Rufián y la bomba Epstein

Pero si alguien supo llevar la sesión al terreno más incómodo para la derecha fue Gabriel Rufián. El portavoz de ERC lanzó una de las intervenciones más virales del día al recordar que, además de Trump y Elon Musk, solo hay un político español que aparece vinculado en los papeles de Jeffrey Epstein:

José María Aznar.

Rufián recordó que Aznar recibió paquetes del entorno de Epstein y viajes pagados cuando aún era presidente del Gobierno. Y lanzó la pregunta que nadie en el PP quiso responder:

“¿Hasta dónde llegan los tentáculos del pederasta Epstein en el Partido Popular?”

Silencio absoluto en la bancada popular.


Mazón, la DANA y la acusación más dura

Rufián fue aún más lejos al referirse a la tragedia de la DANA y a la gestión de Carlos Mazón. Según el diputado, el 90% de las víctimas murieron porque Mazón llegó tarde y no estaba donde debía estar.

Sus palabras fueron de las más duras escuchadas en el Congreso:

“Mazón es un negligente, un mentiroso y un psicópata. Si hubiera estado donde tenía que estar, mucha gente seguiría viva”.

Más allá del tono, el mensaje fue claro: la derecha no puede dar lecciones sobre respeto a las víctimas mientras protege a dirigentes que, según sus críticos, actuaron con irresponsabilidad extrema.


El PP, atrapado en su propio espejo

La sesión dejó una imagen devastadora para el Partido Popular: acusando de corrupción sin pruebas, hablando de transparencia mientras esquiva su pasado, reclamando respeto a las víctimas mientras bloqueó investigaciones cuando gobernaba.

Feijóo volvió a repetir su discurso de “frustrados”, pero el efecto fue el contrario: cada intervención reforzó la idea de un líder que lleva tres años diciendo que ganó las elecciones y que no gobierna “porque no quiere”, mientras la realidad parlamentaria lo coloca cada vez más lejos del poder.


La historia pasa por encima

Lo que se vivió en el Congreso no fue solo un debate político, sino una radiografía del momento actual: una derecha sin relato sólido, aferrada a la confrontación, y una mayoría parlamentaria que, con mayor o menor consenso, sigue marcando la agenda.

Como dijo Rufián en una de las frases más repetidas del día:

“Cállense, que la historia les va a pasar por encima”.

Y por primera vez en mucho tiempo, no sonó a consigna, sino a diagnóstico.