1. Cuando el escándalo deja de ser político y entra en los tribunales
Hay un momento en todo gran escándalo en el que la política deja de ser el escenario principal y lo ocupan los juzgados. Ese momento, según todo lo que se ha conocido en las últimas horas, ha llegado para el caso que rodea a Alberto González Amador, la pareja de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid.
La detención de David Herrera Lovato, empresario andaluz y presunto socio en la red de facturas falsas que rodea a González Amador, marca un antes y un después. Ya no hablamos solo de un novio incómodo para una presidenta regional. Hablamos de una estructura, de un grupo criminal, de facturas falsas, de empresas pantalla, de investigaciones fiscales, de procesamientos y de un proceso judicial que está a las puertas del juicio.
Lo que hasta ahora era un escándalo político se ha convertido definitivamente en un escándalo penal.
2. ¿Quién es David Herrera Lovato y por qué es clave?
El nombre no era conocido para el gran público hasta ahora. Pero para Hacienda, para la Fiscalía y para los investigadores, David Herrera Lovato es una pieza fundamental.
Gestor con sede en Arahal, en la campiña sevillana, Herrera Lovato aparece como el emisor de nueve facturas por un total de 117.000 euros, todas ellas por supuestos servicios de “alta especialización”. Servicios que, según la Agencia Tributaria, nunca existieron.
No se trata de un error administrativo. Ni de una discrepancia contable. Se trata de lo que la Fiscalía y Hacienda califican directamente como facturas falsas.
Por eso Herrera Lovato no está acusado solo de falsedad documental. Está acusado de:
falsedad contable,
falsedad en documento mercantil,
y pertenencia a un grupo criminal.
Porque, en términos jurídicos, un grupo criminal existe cuando dos o más personas se coordinan para cometer delitos. Y según la acusación, eso es exactamente lo que ocurrió.
3. El paso de “novio de Ayuso” a “miembro de una trama”

Durante meses, la defensa política de González Amador se basó en una idea muy simple:
es solo un ciudadano particular, pareja de una presidenta, sometido a una inspección fiscal.
Pero esa narrativa se derrumba cuando aparece la palabra “grupo criminal”.
Ya no es una historia de pareja. Es una historia de red, de colaboradores, de intermediarios, de empresas que facturan servicios inexistentes para reducir artificialmente los impuestos.
Y ahí, David Herrera Lovato deja de ser una anécdota y pasa a ser una prueba.
4. Un viejo conocido de la Fiscalía Europea
La situación se vuelve aún más grave cuando se sabe que Herrera Lovato no es un empresario cualquiera. Es alguien que ya estaba en el radar de la Fiscalía Europea por otros delitos de estafa y falsedad documental, con reclamaciones de reintegro de hasta 70.000 euros.
No estamos ante un error puntual. Estamos ante un perfil.
5. La pieza que encaja todas las sospechas
Durante meses se habló de González Amador, de Quirón, de México, de Costa de Marfil, de empresas en Panamá y Florida. Pero faltaba algo: quién fabricaba las facturas.
Ahora lo sabemos.
Herrera Lovato era uno de los factureros. Personas o empresas que no hacen trabajos reales, sino que emiten documentos para simular gastos y así reducir beneficios y pagar menos impuestos.
Eso explica por qué Hacienda no ha encontrado ni una sola prueba de que esos servicios se hayan prestado.
6. La inspectora de Hacienda y los audios filtrados
La filtración de los audios de Mercedes Urbano, la técnica de Hacienda que investigó el caso, es devastadora para la versión de González Amador.
En esos audios, la inspectora explica cómo detectaron el fraude:
un aumento brutal de ingresos tras la pandemia,
acompañado de un aumento igual de brutal de gastos,
en empresas sin trabajadores ni medios.
Eso no es crecimiento empresarial. Eso es ingeniería fiscal.
7. El momento clave: cuando intentó retirar las facturas
Uno de los indicios más demoledores es el intento de González Amador de retirar las facturas cuando Hacienda ya había abierto la investigación.
Para la Agencia Tributaria, eso equivale a un reconocimiento tácito de que eran falsas.
No se puede borrar una prueba cuando ya está en manos de los inspectores.
8. México y Costa de Marfil: negocios que nunca existieron
Entre las facturas falsas aparecen dos operaciones espectaculares:
una de 600.000 euros en México,
otra de más de 900.000 euros en Costa de Marfil.
En ambos casos, según Hacienda, los supuestos servicios nunca se realizaron.
No hubo trabajos.
No hubo operaciones reales.
Pero sí hubo facturas.
9. El viaje a Arahal: donde se fabricaban los gastos
El reportaje en Arahal fue clave. Allí, los periodistas encontraron las empresas que habían facturado a González Amador. Y no encontraron actividad real.
Empresas sin estructura.
Sin trabajadores.
Sin proyectos.
Pero con facturas.
10. Panamá y Florida: las sombras internacionales
A todo esto se suman las sociedades de González Amador en Panamá y Florida.
Empresas creadas y disueltas en momentos clave.
Empresas de las que nadie sabe exactamente para qué sirven.
No forman parte directa del juicio por fraude fiscal, pero dibujan un patrón: opacidad.
11. El fraude: 350.951 euros
La cifra no es menor.
350.951 euros en los ejercicios de 2020 y 2021.
El caso está ya al borde del juicio.
La Fiscalía ha pedido cárcel.
La jueza ha ordenado que se siente en el banquillo.
12. Ayuso y la teoría de la persecución

Isabel Díaz Ayuso ha sostenido que su pareja es víctima de una persecución por ser quien es.
Pero la inspectora de Hacienda lo desmiente:
nadie sabía quién era cuando empezó la investigación.
Hacienda investigó por números.
No por nombres.
13. Cuando la política intenta tapar a la justicia
El problema es que, cuando estalla el caso, la maquinaria política entra en juego.
Se habla de conspiraciones.
De persecuciones.
De campañas.
Pero los autos judiciales, las facturas y las investigaciones siguen su curso.
14. El pacto fallido y la explosión del escándalo
González Amador intentó pactar.
Intentó cerrar el caso.
Intentó pagar y pasar página.
Pero cuando eso se hizo público, el discurso político lo hacía imposible.
Y ahí todo explotó.
Del silencio al banquillo
El caso de Alberto González Amador ya no es un rumor. Es un proceso judicial en marcha.
Y con la detención de uno de sus presuntos socios, el “clan Ayuso” ya no tiembla por la política, sino por la justicia.
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