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La renovación de La Revuelta por dos temporadas más en Televisión Española no solo confirma el éxito de David Broncano en la franja del prime time, sino que ha vuelto a dejar al descubierto uno de los fenómenos más recurrentes de la política y la comunicación en España: la obsesión patológica de la derecha con cualquier espacio cultural que no controle, no entienda o no pueda instrumentalizar.

La noticia, en términos estrictamente informativos, es sencilla: RTVE ha decidido renovar La Revuelta hasta 2028, tras consolidarse como uno de los programas más vistos de la cadena pública, con una audiencia estable, gran repercusión en redes sociales y una rentabilidad superior a la de su predecesor en esa franja horaria. Fuentes cercanas al ente público confirman además un aumento moderado del presupuesto, acorde con los estándares de producción de un programa diario en directo con un equipo de más de 60 trabajadores.

Pero para la derecha mediática y digital, esto no es una noticia: es una afrenta.


El nuevo enemigo público: David Broncano

El nuevo incidente de David Broncano con la policía: "Pagaré lo que tenga  que pagar" | Televisión

Desde hace semanas, Broncano se ha convertido en el blanco preferido de cuentas afines al PP, Vox y la constelación de pseudomedios ultraconservadores que orbitan en torno a la idea de que todo lo público es sospechoso si no está bajo su control.

El patrón es siempre el mismo:

    Se selecciona una figura popular.

    Se la vincula con “dinero público”.

    Se la acusa de propaganda.

    Se sugiere censura ideológica.

    Se alimenta una narrativa de agravio fiscal.

Y así, Broncano ha pasado de ser un cómico de éxito a convertirse, según ciertos sectores, en el “símbolo del sanchismo cultural”, el “bufón del régimen” o incluso el “nuevo Javier Bardem de la televisión pública”.

Todo por hacer humor.


La comparación más grotesca: Broncano vs cáncer

El episodio más surrealista llegó cuando varias cuentas de derechas compararon directamente el presupuesto de La Revuelta con la financiación necesaria para investigar el cáncer de páncreas.

El argumento viral era este:

“El investigador Mariano Barbacid pide 30 millones para curar el cáncer. Broncano cobra 30 millones para hacer chistes”.

Una comparación que, además de profundamente demagógica, es directamente falsa.

Porque Broncano no cobra 30 millones.
Porque ese dinero no es un sueldo personal.
Porque se trata del presupuesto total de producción.
Porque incluye salarios, plató, técnicos, iluminación, realización, guionistas, personal de sonido, montaje, derechos, logística y emisión diaria.

Es decir: se estaba comparando investigación biomédica con una caricatura deliberadamente manipulada del gasto audiovisual.

Una falacia de manual.


Mariano Barbacid: el científico utilizado como arma política

Quién es el investigador Mariano Barbacid?

Lo más grave del asunto no es solo la mentira, sino la instrumentalización de la ciencia.

Mariano Barbacid es uno de los investigadores más prestigiosos de España. Bioquímico, doctor en Ciencias Químicas, jefe del grupo de oncología experimental del CNIO, pionero en el estudio del oncogén KRAS y referente internacional en la lucha contra el cáncer.

Recientemente, su equipo ha logrado resultados prometedores en modelos animales para el tratamiento del cáncer de páncreas, uno de los más letales que existen. Para avanzar hacia ensayos clínicos en humanos, necesitan financiación adicional, canalizada a través de la Fundación CRIS contra el Cáncer, una organización sin ánimo de lucro que opera en España, Francia y Reino Unido.

Hasta aquí, todo normal.

Lo indecente empieza cuando la ultraderecha decide usar su investigación como arma arrojadiza contra un cómico.

No para promover donaciones.
No para exigir más inversión pública.
No para defender la ciencia.

Sino para atacar a RTVE.


La falacia central: “o Broncano o el cáncer”

La derecha plantea una dicotomía falsa: o financiamos entretenimiento o financiamos sanidad.

Como si el presupuesto del programa de Broncano saliera del mismo cajón que la investigación oncológica.
Como si RTVE decidiera entre hacer humor o curar enfermedades.
Como si el Estado fuera una empresa con una sola línea presupuestaria.

Es el mismo argumento que se utiliza siempre:

“No hay dinero para pensiones, pero sí para inmigrantes”.

“No hay dinero para hospitales, pero sí para feminismo”.

“No hay dinero para científicos, pero sí para artistas”.

Una lógica profundamente tramposa que solo busca generar odio social entre colectivos.


¿Por qué siempre comparan con Broncano?

La pregunta clave es: ¿por qué siempre Broncano?

¿Por qué no comparan con la final de la Champions?
¿Por qué no comparan con el Mundial de fútbol?
¿Por qué no comparan con los Juegos Olímpicos?
¿Por qué no comparan con programas de tertulia política de derechas?
¿Por qué no comparan con contratos millonarios de presentadores afines al PP?

La respuesta es evidente: porque Broncano molesta.

Molesta porque conecta con jóvenes.
Molesta porque no es conservador.
Molesta porque no entra en su marco ideológico.
Molesta porque representa una España culturalmente diversa.
Molesta porque no les necesita.


El silencio sobre los costes reales

Mientras se indignan por los 14 millones por temporada de La Revuelta, la derecha guarda un silencio absoluto sobre:

Los más de 15 millones que cuesta emitir una sola final de la Champions.

Los más de 50 millones de una Eurocopa.

Los contratos de comentaristas deportivos.

Las retransmisiones de toros.

Los programas de tertulia política de ciertas cadenas privadas.

Curiosamente, esos gastos nunca son “dinero tirado”.

Solo lo es cuando no controlan el contenido.


El mito de la “televisión sanchista”

Uno de los mantras más repetidos es que RTVE es una “televisión al servicio del Gobierno”.

Sin embargo, la paradoja es brutal: las mayores críticas a RTVE se hacen dentro de RTVE.

Periodistas como Mariló Montero, Susanna Griso o incluso Ana Rosa Quintana han criticado públicamente la supuesta “izquierdización” de la cadena… desde platós con millones de espectadores.

Es lo que muchos analistas han llamado:

La paradoja de la mordaza: dicen que no se puede hablar, mientras hablan en prime time.

Si RTVE estuviera censurada, esos discursos no existirían.
Si estuviera controlada, esas críticas no se emitirían.
Si fuera propaganda, no habría pluralidad.

Pero la pluralidad existe.
Y eso es precisamente lo que molesta.


El verdadero objetivo: desacreditar lo público

El caso Broncano no va de Broncano.
Va de RTVE.
Y más allá: va de lo público.

Es la misma estrategia que se ha aplicado a:

La sanidad pública.

La educación pública.

Las pensiones.

Los medios públicos.

Las universidades.

Primero se desprestigia.
Luego se habla de despilfarro.
Después se genera desconfianza.
Finalmente se propone privatizar.

No es una teoría conspirativa: es una estrategia histórica.


El miedo a la cultura que no controlan

La derecha no teme a Broncano como persona.
Teme a lo que representa.

Un humor no alineado.
Una cultura no domesticada.
Un espacio donde no mandan ellos.
Una audiencia joven que no consume su discurso.

Porque lo que realmente les inquieta no es el gasto, sino la influencia.

No quieren controlar el presupuesto.
Quieren controlar el relato.


Broncano como síntoma, no como causa

David Broncano se ha convertido en un símbolo involuntario de algo mucho más grande:

El choque entre una España plural, abierta y diversa,
y una España autoritaria, nostálgica y controladora.

No es una guerra cultural espontánea.
Es una batalla ideológica consciente.

Donde cada programa, cada cómico, cada periodista, cada creador que no encaja en su molde es señalado como enemigo.


La conclusión: cuando el odio sustituye al argumento

Lo que hemos visto con Broncano es un ejemplo perfecto de cómo la derecha ha renunciado al debate racional.

No discuten contenidos.
No analizan cifras reales.
No proponen alternativas.
No defienden la ciencia.
No piden más inversión.

Solo atacan.

Atacan con mentiras.
Atacan con comparaciones absurdas.
Atacan con insultos.
Atacan con moralina fiscal.
Atacan con victimismo.

Y todo porque un programa de humor triunfa en una televisión pública que no controlan.


Epílogo: el verdadero escándalo

El verdadero escándalo no es que Broncano cobre dinero público.

El verdadero escándalo es:

Que se utilice el cáncer para hacer propaganda política.

Que se manipulen cifras sin pudor.

Que se enfrente a la gente entre sí.

Que se ataque la cultura como si fuera un lujo.

Que se desprecie sistemáticamente lo público.

Y sobre todo:

Que una parte de la derecha esté tan obsesionada con expulsar de la esfera pública a cualquiera que no piense como ellos, que ya ni siquiera disimulan el desprecio intelectual con el que miran a la sociedad.

No es solo rabia.
Es algo peor.

Es indigencia mental.