Estupor máximo por lo que se ha visto con el rey Gaspar en la Cabalgata de Reyes en TVE con una queja muy repetida

Rey Gaspar en la Cabalgata de Reyes.Rey Gaspar en la Cabalgata de Reyes. | TVE

La noche del 5 de enero, tradicionalmente asociada a la ilusión infantil, la magia y la liturgia popular, terminó convirtiéndose en un inesperado campo de batalla simbólico en redes sociales. La retransmisión íntegra de la Cabalgata de Reyes de Madrid por RTVE no solo paralizó la programación habitual de la cadena pública, sino que desató una tormenta digital por un detalle que, a priori, podría parecer menor: el cambio de actor que encarnaba al rey Gaspar.

Durante horas, espectadores, usuarios de X (antes Twitter), Instagram y TikTok comentaron, ironizaron y protestaron por la sustitución de una figura que, en los últimos años, se había convertido en un fenómeno viral. El llamado “Gaspar guapo” ya no estaba. Y su ausencia, lejos de pasar desapercibida, provocó indignación, bromas políticas, teorías conspirativas y una sensación compartida de pérdida colectiva.

LA CABALGATA COMO EVENTO DE ESTADO
Como cada año, RTVE volcó todos sus recursos en la retransmisión de la Cabalgata de Reyes de Madrid, modificando su parrilla de tarde y sacrificando espacios consolidados como ‘Valle Salvaje’, ‘La Promesa’, ‘Malas lenguas’ o ‘Aquí la tierra’. No era una decisión menor: la Cabalgata se ha convertido en uno de los eventos televisivos más vistos del calendario, con una audiencia transversal que abarca desde niños hasta adultos mayores.

La conducción del evento recayó en Ana Prada y Javier de Hoyos, acompañados por el ya habitual Nacho Mapacho, un personaje diseñado para conectar con el público infantil. A lo largo del recorrido, un amplio equipo de reporteros aportó contexto, color y entrevistas, destacando la presencia de Cecilia Revuelta desde la carroza de Clan junto a Gonzalo Pinillos.

UNA EDICIÓN DEDICADA AL SABER
La Cabalgata de 2026 estuvo dedicada a los maestros, profesores y al saber compartido. Un homenaje explícito a la educación como pilar social. Esta temática se reflejó en carrozas inspiradas en mundos literarios y educativos, como la de Harry Potter con el colegio Hogwarts, que fue una de las más celebradas por el público.

El mensaje institucional era claro: reivindicar el conocimiento, la enseñanza y la transmisión de valores en un contexto social marcado por la incertidumbre. Sin embargo, toda esa narrativa quedó parcialmente eclipsada por un elemento inesperado: la identidad del rey Gaspar.

EL MOMENTO CLAVE: APARECEN LOS REYES
Como marca la tradición, el clímax emocional de la Cabalgata llega con la aparición de Melchor, Gaspar y Baltasar. Son minutos cuidadosamente construidos para provocar emoción, nostalgia y un sentido de continuidad cultural.

Pero apenas apareció Gaspar en pantalla, algo se rompió. No era el mismo. No tenía el mismo rostro. No despertaba el mismo consenso estético que su predecesor.

En cuestión de segundos, las redes comenzaron a hervir.

EL GASPAR VIRAL QUE YA NO ESTÁ
Durante varios años, el rey Gaspar de Madrid había generado una atención inusual. Fotografías, memes y comentarios destacaban su atractivo físico, hasta el punto de convertirlo en una figura viral recurrente cada 5 de enero.

Ese Gaspar había trascendido el papel ceremonial para convertirse en un icono pop efímero, esperado y celebrado por una parte del público adulto. Su continuidad se daba casi por sentada.

Por eso, cuando en 2026 apareció un Gaspar distinto, la reacción fue inmediata.

INDIGNACIÓN Y HUMOR EN REDES
“¿Quién es ese señor y qué han hecho con nuestro rey Gaspar?”, escribía un usuario, sintetizando el sentir general. Otros mensajes mezclaban ironía política y queja estética: “Nos han cambiado a Gaspar, Ayuso no te lo perdonaré jamás”.

El enfado no era real en términos estrictos, pero sí profundamente simbólico. Para muchos, el cambio representaba una ruptura con una tradición reciente que ya consideraban propia.

Gaspar se había convertido en una especie de patrimonio emocional no oficial.

LA POLÉMICA DE BALTASAR
La controversia se amplificó cuando algunos usuarios recordaron que Baltasar volvía a ser interpretado por una persona blanca, reavivando un debate recurrente sobre representación, apropiación cultural y sensibilidad social.

La combinación de ambos factores —la desaparición del Gaspar viral y la elección de Baltasar— convirtió la Cabalgata en trending topic por motivos ajenos a su mensaje educativo.

RTVE EN EL CENTRO DEL DEBATE
Aunque la elección de los actores corresponde al Ayuntamiento de Madrid, RTVE fue señalada como altavoz del cambio. Para algunos críticos, la televisión pública no supo anticipar la reacción social ni contextualizar las decisiones.

Otros defendieron que la Cabalgata no debe estar sometida a criterios de viralidad ni atractivo físico, recordando que se trata de un evento infantil y cultural.

EL CHOQUE ENTRE TRADICIÓN Y REDES
Lo ocurrido con Gaspar ilustra un fenómeno más amplio: la colisión entre tradiciones populares y la lógica de las redes sociales. Lo que antes era anecdótico hoy se convierte en debate nacional.

La viralidad crea expectativas. Y cuando esas expectativas no se cumplen, la reacción es emocional, incluso desproporcionada.

¿QUIÉN DECIDE LA IMAGEN DE LOS REYES?
La pregunta de fondo es clara: ¿hasta qué punto una tradición debe adaptarse a las demandas estéticas del público digital? ¿Tiene sentido mantener a un actor solo porque funciona bien en redes?

Para algunos, la respuesta es no. Para otros, ignorar ese vínculo emocional es un error comunicativo.

UN DETALLE QUE LO CAMBIA TODO
La Cabalgata de 2026 será recordada menos por su homenaje al saber y más por el día en que “nos quitaron a Gaspar”. Un detalle aparentemente menor que demostró el poder de la percepción colectiva.El cambio del rey Gaspar en la Cabalgata de Reyes de Madrid retransmitida por RTVE ha dejado una lección clara: en la era digital, ningún gesto es neutro. Todo comunica. Todo se interpreta. Y todo puede convertirse en símbolo.

Lo que debía ser una noche de ilusión terminó siendo también un espejo de cómo la sociedad proyecta expectativas, afectos y frustraciones incluso en los rituales más inocentes.

Porque, al final, Gaspar no era solo Gaspar. Era una costumbre reciente, una broma compartida, un meme esperado. Y cuando desapareció, muchos sintieron que les habían cambiado algo que ya consideraban suyo.

“¿Quién es ese señor y qué han hecho con nuestro rey Gaspar?” era la pregunta que muchos se hacían. “Nos han cambiado a Gaspar, Ayuso no te lo perdonaré jamás” decía otro usuario de forma irónica.

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