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Lo que debía ser un hito histórico en la formación militar de la heredera al trono ha terminado convirtiéndose en un nuevo foco de polémica para la Casa Real española.

Las imágenes y vídeos difundidos recientemente por Zarzuela sobre el supuesto primer vuelo en solitario de la princesa Leonor no han traído orgullo ni consenso, sino preguntas, desconfianza y una creciente sensación de despropósito comunicativo.

Porque cuando se trata de la futura jefa del Estado, cada gesto cuenta. Y cada silencio, también.

La privacidad que nadie entendía… hasta ahora

Durante meses, expertos en comunicación institucional, periodistas especializados y buena parte de la opinión pública han cuestionado la política de privacidad extrema aplicada a la princesa de Asturias. Una estrategia que, lejos de proteger su imagen, ha generado una percepción de opacidad difícil de justificar.

¿Qué ocurre en la Casa Real española? ¿Por qué se ofrece información a cuentagotas? ¿Por qué se evita mostrar procesos completos y verificables? Estas preguntas comenzaron a multiplicarse en medios y redes sociales… y, curiosamente, poco después llegaron las imágenes.

Fotos. Vídeos. Comunicados oficiales.

Demasiados elementos, demasiado rápido.

Queen Letizia of Spain makes a statement in a tweed jacket made by human  trafficking survivors as she attends journalism awards ceremony | Daily  Mail Online

El anuncio oficial: un vuelo histórico

Según la versión difundida por Zarzuela, Leonor de Borbón habría completado su primer vuelo en solitario a bordo de un Pilatus PC-21 como parte de su formación en la Academia General del Aire y del Espacio de San Javier, en Murcia. Cuatro meses de instrucción teórica y práctica habrían sido suficientes para alcanzar las competencias necesarias.

Una afirmación que, de entrada, ya ha generado escepticismo.

Mientras sus compañeros necesitan entre tres y cuatro años para completar una formación similar, la heredera al trono habría alcanzado este hito en apenas unos meses. Para muchos, una diferencia difícil de asumir sin explicaciones claras.

Imágenes que no despejan dudas

Las fotografías, por sí solas, no prueban nada. Y en este caso, tampoco despejan las incógnitas. En varias de ellas, la princesa aparece con uniforme de vuelo, posando junto al avión, celebrando la imposición de una insignia o compartiendo momentos con instructores y compañeros.

Hasta ahí, todo podría parecer normal.

El problema surge cuando se analizan los vídeos.

Los cortes que lo cambian todo

En los dos vídeos difundidos oficialmente, hay un elemento común que ha llamado poderosamente la atención: los cortes. Cortes evidentes. Cortes estratégicos. Cortes que evitan mostrar el momento clave.

En ningún instante se ve a Leonor subiendo al avión sin casco. No hay una secuencia continua que permita identificarla con claridad antes del despegue. Siempre aparece ya dentro de la aeronave, protegida por casco y gafas, o bien descendiendo tras el aterrizaje.

¿Por qué no mostrar el proceso completo?

El detalle que no pasa desapercibido

Is King Felipe VI of Spain the most dashing royal of all time? | Tatler

Uno de los momentos más comentados es aquel en el que se observa a la supuesta Leonor dentro del avión mientras otra persona ocupa el asiento trasero. Según las explicaciones oficiales, se trataría de una instructora. Sin embargo, esto entra en contradicción con la idea de “vuelo en solitario”.

Si no vuela sola, ¿por qué se presenta como tal?

Y si vuela sola en otro momento, ¿por qué no se muestra claramente?

El rostro que no convence

En una de las imágenes más difundidas, el rostro de la princesa aparece serio, distante, incluso incómodo. No hay rastro de la emoción que cabría esperar tras un hito de esta magnitud. No hay espontaneidad. No hay celebración auténtica.

Y cuando aparece sonriente, lo hace tras cortes evidentes, ya con el casco retirado, en planos que no permiten asegurar continuidad.

¿Vídeos para informar o para convencer?

La sensación que se repite entre quienes analizan el material es inquietante: las imágenes parecen diseñadas no para informar, sino para convencer. Para construir un relato cerrado, sin fisuras, pero que paradójicamente deja demasiados cabos sueltos.

Ni una palabra de Leonor.
Ni una frase grabada.
Ni un audio verificable.

Solo el sonido del motor.

El uso estratégico de las redes sociales

Resulta especialmente llamativo que estas imágenes sí hayan sido difundidas ampliamente en redes sociales oficiales, mientras que otros contenidos, como la felicitación navideña, no recibieron el mismo trato.

¿Por qué ahora sí?
¿Por qué justo después de las críticas?
¿Por qué este despliegue visual repentino?

La cronología no pasa desapercibida.

Imágenes recicladas y fechas confusas

What You Should Know About Queen Letizia of Spain | Vogue

Algunas de las fotografías presentadas como recientes ya habían sido mostradas días antes. O incluso semanas antes. Sin embargo, se vuelven a publicar como si correspondieran al día anterior.

Este detalle alimenta aún más la desconfianza.

Si las imágenes son auténticas, ¿por qué no aclarar fechas?
Si son actuales, ¿por qué reutilizar material antiguo?

El problema no es Leonor

Conviene subrayarlo: la polémica no gira en torno a la princesa como persona. Leonor cumple con sus obligaciones. Está donde debe estar. Hace lo que se espera de ella.

El problema es el relato.

El problema es la gestión.
El problema es la comunicación.
El problema es la sensación constante de montaje.

La inteligencia artificial y la era de la sospecha

En un contexto donde la inteligencia artificial permite generar imágenes hiperrealistas, los ciudadanos exigen más transparencia que nunca. Ya no basta con una fotografía. Ya no basta con un vídeo editado.

Se necesita continuidad.
Se necesita claridad.
Se necesita confianza.

Y en este caso, nada de eso parece plenamente garantizado.

Un patrón que se repite

No es la primera vez que la Casa Real se enfrenta a críticas similares. Ya ocurrió con otros actos, otros eventos, otras apariciones públicas. Siempre el mismo patrón: exceso de control, falta de naturalidad, escasa explicación.

Y siempre la misma consecuencia: dudas.

La mentira pillada… o la verdad mal contada

¿Es posible que Leonor haya volado sola? Sí.
¿Es posible que las imágenes sean reales? También.
¿Es posible que todo sea un error de comunicación? Sin duda.

Pero cuando la versión oficial no logra despejar las dudas más básicas, el daño ya está hecho.

No porque se demuestre una mentira, sino porque la verdad no se cuenta bien.

 

El desgaste institucional

Cada polémica de este tipo no afecta solo a una imagen puntual, sino al conjunto de la institución. La monarquía vive de símbolos, de confianza y de credibilidad. Y cuando esos pilares se tambalean, el coste es alto.

La sensación de “paripé”, de montaje innecesario, de relato forzado, se va acumulando.

Un final abierto

Hoy, más que nunca, la pregunta sigue en el aire:
¿Era realmente Leonor quien pilotaba sola ese avión?

Zarzuela no ha ofrecido nuevas explicaciones. No ha aclarado los cortes. No ha ampliado información. Y mientras tanto, el debate continúa.

Porque en comunicación institucional, lo que no se explica… se sospecha.

Y en este caso, las sospechas ya han echado a volar.