Paloma del Río (65), experiodista deportiva de TVE, denuncia lo que le ha pasado en las fiestas navideñas y genera mucho debate
Paloma del Río ha recibido numerosos mensajes de apoyo al contar en redes sociales lo que le suele pasar en las fiestas navideñas

Las fiestas navideñas suelen ser sinónimo de comer y beber hasta hartarnos. Eventos sociales, cenas de amigos, de empresas, Nochebuena, Navidad, Nochevieja… al llegar el 7 de enero son muchos los que ya están cansados y deseando recuperar la rutina. Pero, para algunos, como Paloma del Río, su hartazgo viene por otro motivo, y un motivo de peso.
Y es que la que fuera periodista deportiva en TVE ha publicado este 25 de diciembre, día de Navidad, un mensaje en redes sociales que ha recibido multitud de comentarios de apoyo. Paloma del Río ha reconocido ser abstemia, y ha contado lo que le pasa cada vez que, en estas fiestas, le ofrecen un vaso con una bebida alcohólica.
“Tener siempre que explicar que no bebes alcohol, ‘ni siquiera un poquito, mujer’, es cansadísimo. Toda la vida así. Los abstemios necesitamos dosis de paciencia”, ha escrito la periodista en su cuenta de X. Una anécdota que le ha ocurrido, pero que representa a muchos que, como ella, no quieren probar una gota de alcohol. Algo que es totalmente respetable.
Tony Aguilar muestra su apoyo a Paloma del Río
La publicación de Paloma del Río rápidamente se ha convertido en viral en X, donde ya ha conseguido casi 3.000 likes y más de 300 retuits. Entre las reacciones más destacadas se encuentra la de Tony Aguilar, presentador de ‘Los 40 Principales’: “Hace casi 15 años que son abstemio, Paloma. Los que de verdad me quieren se alegran enormemente pero lo más horroroso y homófobo que me tragué es el ‘Te has amariconao’. Repugnante. Esos ya no están en mi vida”.
Mientras que otro usuario de la red social le ha dado un consejo: “Yo ya tengo la estrategia de tirarme un par de dedos de vino, brindo, me mojo los labios y me ahorro discursos… Muy triste, que los que no tomamos alcohol seamos los que nos tenemos que justificar… Porque no nos ‘integramos’ a la fiesta normalizada del beber”.
Otro tuitero confesaba haberle pasado algo similar: “Hoy he recibido muchas respuestas curiosas por decir que no bebo, desde la mofa, hasta compasión… no sé si habla más de ellos que de mí. El alcohol es la única droga cuyo no consumo hay que justificar”. “Y escuchar ‘anímate, es para estar alegre’. Los que necesitan alcohol para esta alegre, tienen un problema”, sentenciaba otra.
Introducción: cuando decir “no” se convierte en una provocación
Las fiestas navideñas suelen venderse como un oasis de felicidad obligatoria: mesas repletas, brindis constantes, risas impostadas y una idea profundamente arraigada de que la celebración pasa, inevitablemente, por el alcohol. En ese escenario aparentemente inofensivo, Paloma del Río (65), histórica periodista deportiva de RTVE, lanzó una frase tan sencilla como incómoda que ha provocado un debate nacional: «Tener siempre que explicar que no bebes alcohol, ni siquiera un poquito, mujer, es cansadísimo».
No hablaba de una anécdota menor. Hablaba de una presión social normalizada, insistente y, en muchos casos, profundamente violenta en lo simbólico. Y lo hacía desde la autoridad de alguien que ha pasado décadas en un espacio —el deporte televisado— donde el machismo, la condescendencia y los rituales masculinizados han sido norma.
Una confesión mínima que destapa un problema estructural
Paloma del Río se declaró abstemía. Nada más. No hizo campaña, no dio lecciones, no atacó a nadie. Pero bastó para que miles de personas se reconocieran en su experiencia. Porque lo que relató no es una rareza: es una vivencia compartida por quienes se salen del guion social del beber.
La periodista puso palabras a algo que muchos callan por cansancio: la obligación constante de justificarse. No beber no es suficiente; hay que explicar por qué. Y no basta una vez: hay que repetirlo, soportar bromas, miradas de sospecha, comentarios paternalistas o directamente agresivos.
El alcohol como norma cultural incuestionable
España mantiene una relación ambigua con el alcohol. Por un lado, se normaliza su consumo desde edades tempranas; por otro, se estigmatiza cualquier cuestionamiento. Beber es sinónimo de sociabilidad, de integración, de alegría. No beber, en cambio, se interpreta como rareza, como amenaza al grupo o como juicio moral implícito.
Paloma del Río desmonta ese marco sin proponérselo. Al verbalizar su hartazgo, evidencia que el problema no es la abstinencia, sino la intolerancia hacia ella.
El eco en redes: apoyo, identificación y denuncia
El mensaje se viralizó rápidamente. Miles de ‘me gusta’, centenares de retuits y, sobre todo, testimonios. Personas de distintas edades y perfiles coincidían en una idea: el alcohol es la única droga cuyo no consumo hay que justificar.
Entre los apoyos más sonados destacó el de Tony Aguilar, quien añadió una capa más al debate al relatar cómo su abstinencia fue atacada con insultos homófobos. Su testimonio conectó el consumo obligatorio con otras violencias: la de género, la de orientación sexual, la del modelo de masculinidad dominante.
Machismo cotidiano y condescendencia disfrazada de humor
La frase “ni siquiera un poquito, mujer” no es inocente. Condensa siglos de paternalismo. Minimiza la decisión individual y la reduce a un capricho corregible. En boca de familiares, amigos o compañeros de trabajo, se convierte en una forma de control blando, de presión constante.
En el caso de Paloma del Río, esa frase adquiere un peso adicional. Hablamos de una mujer que ha tenido que demostrar el doble en un entorno históricamente hostil. Su negativa a beber no se percibe como una elección neutra, sino como una desviación.
El deporte, el alcohol y los rituales de exclusión
Durante décadas, el periodismo deportivo ha estado atravesado por rituales masculinos donde el alcohol juega un papel central: celebraciones, comidas de trabajo, viajes, pactos informales. No participar de ellos supone, muchas veces, quedar fuera.
Paloma del Río sobrevivió y destacó en ese ecosistema sin someterse a esas dinámicas. Su testimonio reabre una conversación incómoda sobre cómo se construyen las redes de poder y pertenencia.
Salud, decisión personal y libertad real
La abstinencia no necesita justificación médica, religiosa ni moral. Pero la sociedad insiste en exigirla. Esa exigencia revela una fragilidad colectiva: la incapacidad de convivir con decisiones que cuestionan la norma.
En Navidad, esa presión se multiplica. La celebración se convierte en examen social. Beber es aprobar. No beber es explicar, resistir, negociar.
¿Por qué molesta tanto quien no bebe?
Porque rompe el espejo. Porque evidencia que la diversión no depende del alcohol. Porque obliga a algunos a confrontar su propio consumo. El abstemio se convierte en recordatorio incómodo de que hay alternativas.
RTVE, figuras públicas y responsabilidad simbólica
Que este debate lo abra una figura como Paloma del Río no es casual. Su trayectoria en RTVE, su credibilidad y su perfil discreto convierten su mensaje en algo difícil de desacreditar. No habla desde la provocación, sino desde el cansancio.
Y eso interpela directamente a los medios públicos, llamados a reflejar la diversidad real de estilos de vida sin estigmas.
Una conversación pendiente en la sociedad española
El debate generado demuestra que el problema no es individual, sino estructural. Falta educación emocional, respeto por la autonomía y una revisión crítica de hábitos profundamente normalizados.
No se trata de demonizar el alcohol, sino de desactivar su obligatoriedad simbólica.
Editorial: brindar o respetar
Quizá el verdadero espíritu navideño no consista en levantar la copa, sino en aprender a aceptar un “no” sin exigir explicaciones. Paloma del Río no ha denunciado una anécdota: ha señalado una grieta.
Y esa grieta atraviesa mesas familiares, empresas, platós de televisión y amistades. Mientras no sepamos convivir con decisiones distintas, seguiremos celebrando una fiesta que excluye.
Decir “no bebo” debería ser tan sencillo como decir “no, gracias”. Todo lo demás es ruido. Y el ruido, esta vez, lo ha dejado en evidencia una mujer que ya no está dispuesta a callar.
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