
El imperio invisible que gobierna la salud pública de Madrid
Cuando se habla de sanidad en la Comunidad de Madrid, los nombres oficiales suelen ser siempre los mismos: consejeros, presidentes autonómicos, portavoces del Partido Popular. Sin embargo, detrás de ese escaparate institucional existe un poder mucho más discreto, menos visible para la ciudadanía, pero infinitamente más influyente: el del grupo Quirón y su fundador, Víctor Madera.
Para muchos analistas y periodistas de investigación, Madera no es simplemente un empresario de éxito. Es, directamente, el “ministro de Sanidad en la sombra” del PP, el arquitecto real de un modelo que ha transformado la sanidad pública madrileña en un gigantesco negocio privado financiado con dinero de todos.
Un modelo que, lejos de ser accidental, responde a una estrategia perfectamente diseñada desde finales de los años noventa: aprovechar las listas de espera, la saturación del sistema público y la falta de inversión estructural para introducir progresivamente a empresas privadas como salvadoras del sistema… y convertir la salud en una de las industrias más rentables del país.
¿Quién es realmente Víctor Madera?
Víctor Madera no es una figura mediática. No concede entrevistas, no protagoniza portadas, no participa en tertulias televisivas. Su poder es precisamente ese: operar desde la sombra.
Médico de formación, Madera fundó lo que acabaría siendo el grupo Quirón a finales de los 90. En menos de dos décadas ha construido uno de los mayores conglomerados sanitarios privados de Europa, con hospitales, clínicas, laboratorios, aseguradoras y centros de prevención repartidos por toda España.
Hoy, su patrimonio personal supera los 1.000 millones de euros, lo que lo sitúa en la élite de los grandes millonarios españoles. Pero a diferencia de otros magnates, su fortuna no proviene de la tecnología, la industria o la exportación: proviene directamente de la externalización de la sanidad pública.
Es decir: de contratos con las administraciones.
El origen del negocio: las listas de espera como oportunidad
A finales de los años 90, durante los gobiernos de José María Aznar, la sanidad pública española empezaba a mostrar síntomas claros de saturación: listas de espera interminables, falta de personal, escasez de medios diagnósticos.
En lugar de reforzar el sistema público, el PP encontró una solución “pragmática”: derivar pacientes a empresas privadas.
Ahí es donde entra Quirón.
Primero fueron pruebas diagnósticas: análisis de sangre, resonancias, TAC, chequeos médicos. Servicios aparentemente secundarios, pero con un margen de beneficio enorme.
Después llegaron las cirugías.
Y finalmente, el gran salto: la gestión completa de hospitales públicos por empresas privadas.
Hospitales públicos, gestión privada, beneficios privados
Gracias a su estrecha relación con figuras clave del PP madrileño como Esperanza Aguirre, Quirón consiguió algo histórico: hacerse con la gestión de hospitales enteros construidos con dinero público.
Entre ellos:
Fundación Jiménez Díaz
Hospital Rey Juan Carlos
Hospital Infanta Elena
Hospital General de Villalba
Hospital de Torrejón (vía Rivera Salud, socio estratégico)
Formalmente siguen siendo hospitales públicos. En la práctica, son empresas privadas financiadas con dinero público.
Cada año, la Comunidad de Madrid transfiere a Quirón alrededor de 1.000 millones de euros, lo que equivale aproximadamente a una sexta parte del presupuesto sanitario total de la región.
Una cifra que, en los últimos cuatro años, se aproxima a los 5.000 millones de euros.
El sistema de la “cápita”: cómo se multiplica el dinero
El modelo es tan simple como perverso.
La Comunidad de Madrid paga a estas empresas una cantidad fija por cada paciente asignado (la famosa “cápita”). A partir de ahí, cada operación, cada prueba, cada ingreso hospitalario genera ingresos adicionales.
Cuantos más pacientes atiendan, más dinero cobran.
Cuanto más rápido operen, más facturan.
Cuantas más pruebas realicen, mayor beneficio.
No hay incentivo para prevenir. No hay incentivo para reducir intervenciones innecesarias. El sistema premia la hiperactividad médica.
Y, casualmente, hospitales como la Jiménez Díaz aparecen siempre en los rankings de “eficiencia”.
Claro: son eficientes para generar ingresos.
De la sanidad a los palacios: el lujo de Víctor Madera
¿Y qué hace Víctor Madera con todo ese dinero?
No reinvertirlo en sanidad pública, desde luego.
En los últimos años se ha convertido en uno de los mayores terratenientes privados de España, con una obsesión muy concreta: palacios, castillos y patrimonio histórico.
Entre sus adquisiciones más llamativas:
Cinco palacetes renacentistas en Asturias
Varias fincas históricas en Menorca
Propiedades de lujo en enclaves protegidos
Sociedades instrumentales en paraísos fiscales legales
Todo ello a través de un entramado de empresas que dificultan seguir el rastro del dinero.
Dinero que, en última instancia, procede de los impuestos de los ciudadanos madrileños.
La conexión con Ayuso: cuando lo personal y lo político se mezclan

La historia se vuelve todavía más inquietante cuando aparece un nombre clave: Alberto González Amador, pareja de Isabel Díaz Ayuso.
Según investigaciones periodísticas, González Amador trabaja para el grupo Quirón bajo una identidad alternativa: “Alberto Burnet González”.
No solo figura con ese nombre en sociedades en Florida vinculadas al grupo, sino que dentro de la intranet corporativa de Quirón aparece como:
Director de Proyectos de Servicios Centrales de Quirón Prevención
Es decir: un directivo del grupo.
Quirón sostiene que es solo un proveedor externo con correo corporativo. Sin embargo, múltiples sentencias judiciales consideran que tener correo corporativo es un indicio claro de relación laboral real.
Y aquí viene lo más llamativo: este cambio de identidad se produce en 2023, justo cuando ya era público que era pareja de la presidenta de la Comunidad de Madrid.
Ingresos disparados desde que es pareja de Ayuso
Desde que González Amador inicia su relación con Ayuso, sus ingresos procedentes del grupo Quirón se multiplican de forma espectacular.
Cantidades “muy onerosas”, según los periodistas que han investigado el caso.
Dinero que acaba materializándose en:
Dos pisos de lujo de más de 180 m² cada uno
Situados uno encima del otro
En una de las zonas más exclusivas de Madrid
Donde reside actualmente la presidenta regional
Todo ello mientras González Amador estaba siendo investigado por fraude fiscal.
El doble rasero del Partido Popular
El caso resulta especialmente escandaloso si se compara con la actitud del PP en otros contextos.
Recordemos que el Partido Popular llevó a los tribunales a Pedro Sánchez por no abstenerse en el rescate europeo, alegando un supuesto conflicto de intereses porque su esposa había trabajado en una empresa relacionada con Globalia.
Sin embargo, cuando se trata de:
La pareja de Ayuso
Trabajando para el mayor beneficiario de contratos públicos sanitarios
Bajo identidad falsa
Con ingresos millonarios
Viviendo en pisos pagados con ese dinero
Entonces todo es “normal”, “habitual” y “no hay nada que ver”.
Puertas giratorias: de Quirón al Gobierno y del Gobierno a Quirón
El problema no es solo Ayuso.
La actual consejera de Sanidad de Madrid trabajaba anteriormente para Quirón.
Es decir: quien decide sobre el sistema público madrileño proviene directamente de la empresa privada que más se beneficia de ese sistema.
Una relación simbiótica, casi perfecta:
Quirón diseña el modelo
El gobierno lo aplica
Quirón se enriquece
Ex directivos pasan a cargos públicos
Y luego vuelven al sector privado
Las famosas puertas giratorias, pero aplicadas a un sector tan sensible como la salud.
Madrid: laboratorio del neoliberalismo sanitario
Lo que ocurre en Madrid no es un caso aislado. Es el experimento neoliberal más agresivo de Europa en materia sanitaria.
Un modelo donde:
Lo público se debilita deliberadamente
Lo privado se presenta como salvador
El dinero fluye de lo común a lo empresarial
Y la ciudadanía pierde control sobre su propio sistema de salud
Madrid se ha convertido en un mercado, no en un servicio.
¿Quién paga realmente todo esto?
La respuesta es sencilla: tú.
Cada prueba innecesaria.
Cada derivación a privada.
Cada hospital externalizado.
Cada contrato inflado.
Todo sale del mismo sitio: los impuestos de los ciudadanos.
Mientras tanto:
Las listas de espera siguen creciendo
La atención primaria se deteriora
Los profesionales sanitarios están exhaustos
Y los hospitales públicos no privatizados se quedan sin recursos
Pero el imperio de Quirón no deja de crecer.
El silencio institucional
Lo más inquietante no es solo lo que se sabe. Es lo que no se investiga.
No hay comisiones de investigación reales.
No hay auditorías profundas.
No hay explicaciones oficiales convincentes.
Todo queda reducido a:
Comunicados corporativos
Negaciones genéricas
Y una nube de opacidad informativa
En cualquier otro país europeo, un escándalo así habría provocado dimisiones en cadena.
En Madrid, apenas provoca titulares.
Cuando la salud se convierte en negocio
El caso Quirón no es solo un escándalo político. Es algo mucho más grave: es la transformación estructural de un derecho en un producto.
La salud deja de ser un servicio público.
Pasa a ser una oportunidad de mercado.
Y cuando eso ocurre, las prioridades se invierten:
Ya no importa curar, importa facturar.
Ya no importa prevenir, importa intervenir.
Ya no importa la equidad, importa la rentabilidad.
El verdadero robo de Madrid
Cuando se habla de “robar Madrid”, no se trata solo de corrupción clásica.
Se trata de algo más profundo: la apropiación privada de lo público, la captura de instituciones por intereses empresariales, la conversión del bienestar colectivo en patrimonio individual.
Víctor Madera no necesita presentarse a elecciones.
No necesita discursos.
No necesita votos.
Su poder es más eficaz: controla el sistema desde los contratos.
Y mientras la ciudadanía discute sobre ideologías, banderas o guerras culturales, el mayor trasvase de dinero público a manos privadas de la historia reciente de España sigue ocurriendo, en silencio, cada día, en los hospitales de Madrid.
Epílogo: la pregunta incómoda
La cuestión ya no es si Quirón tiene demasiado poder. Eso es evidente.
La pregunta real es otra:
¿Quién gobierna realmente la sanidad madrileña: los ciudadanos que votan o las empresas que facturan?
Porque si la respuesta es la segunda, entonces no estamos ante un sistema democrático de salud.
Estamos ante un negocio de Estado.
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