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I. Cuando la tragedia rompe el ruido

España amaneció sacudida por una tragedia ferroviaria de enormes proporciones. Vagones retorcidos, hierros convertidos en trampas mortales, familias esperando frente a hospitales y listas de pasajeros que ya no son números, sino vidas suspendidas.

Pero mientras los equipos de rescate todavía extraían cuerpos de entre el amasijo metálico, algo más empezó a desplegarse: la batalla política.

Lo que debería haber sido un momento de silencio institucional, de respeto, de duelo colectivo, se convirtió en un escenario donde unos gritaban, otros acusaban y algunos intentaban convertir el dolor en munición.

Y ahí, en medio del caos, surgió una frase que incendió el debate:

“Por lo menos Óscar Puente no está por ahí follando borracho”.

No era una frase aislada. Era el síntoma.


II. Dos Españas frente a un mismo cadáver

Lo que se vio en televisión no fue solo una tertulia: fue una radiografía brutal de dos formas irreconciliables de entender el país.

Por un lado, quienes reclamaban prudencia, espera, respeto a la investigación técnica.
Por otro, quienes exigían dimisiones inmediatas, culpables rápidos y titulares fulminantes.

Uno de los momentos más tensos se produjo cuando se recordó que:

No se sabía aún el número definitivo de fallecidos.

No se conocían las causas técnicas del descarrilamiento.

Los expertos aún estaban trabajando entre cadáveres.

Y sin embargo, ya se estaban lanzando nombres, partidos y culpabilidades.

Ahí fue donde se trazó una línea clara entre responsabilidad y culpa.


III. La política de la culpa

Uno de los comentaristas lo expresó con crudeza:

“La culpa es una noción cristiana. En política no existe la culpa. Existe la responsabilidad.”

Y esa frase es más profunda de lo que parece.

La culpa busca un pecado.
La responsabilidad busca un fallo sistémico.

La culpa necesita un culpable inmediato.
La responsabilidad necesita una investigación.

Vox —representado simbólicamente en el discurso por Santiago Abascal— fue acusado de exactamente lo contrario:
no querer saber qué pasó, sino quién puede pagar el precio político.

Y eso, en mitad de una tragedia con decenas de víctimas, no es solo oportunismo: es una forma de violencia.


IV. Abascal, la Guardia Civil y la mentira útil

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Uno de los momentos más demoledores del debate fue cuando se dijo:

“La Guardia Civil no lo sabe. Los técnicos no lo saben. Pero Abascal sí lo sabe.”

Ahí está el núcleo del problema.

Cuando un líder político afirma tener respuestas antes que los investigadores, no está informando:
está fabricando una narrativa.

Y una narrativa falsa en una tragedia no es solo desinformación:
es maltrato a las víctimas, a los profesionales y a la sociedad.

Porque cada mentira pública desplaza la verdad que necesitan los familiares para cerrar su duelo.


V. La diferencia con la Dana

La comparación con la tragedia de la Dana no fue casual.

Allí se denunció:

Avisos ignorados.

Alertas no enviadas.

Responsables ausentes.

Aquí, según el debate, se subrayó algo muy distinto:

El presidente de Andalucía estaba en el terreno.

El ministro de Transportes estaba en el terreno.

El presidente del Gobierno estaba en el terreno.

No se trata de propaganda.
Se trata de una pregunta incómoda:

¿Cómo se gestiona una tragedia cuando sí hay Estado?


VI. Juanma Moreno y la política que no grita

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Uno de los consensos inesperados fue el reconocimiento a Juanma Moreno Bonilla.

Incluso voces críticas admitieron algo esencial:
había calma, cooperación institucional y ausencia de enfrentamiento público.

Eso no elimina futuras responsabilidades.
Pero cambia radicalmente el clima.

En una tragedia, la primera política es no empeorar el dolor.


VII. Óscar Puente: entre la técnica y el odio

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Óscar Puente se convirtió en el centro de la tormenta.

Para unos, era un ministro que estaba dando datos:

Vía renovada

Tren moderno

Revisión reciente

Para otros, era un responsable que había ignorado advertencias de maquinistas, sindicatos y periodistas.

Ambas cosas pueden ser ciertas.
Pero el momento importa.

Exigir explicaciones es legítimo.
Exigir cabezas cuando aún se sacan cuerpos es otra cosa.


VIII. Cuando los muertos aún están atrapados

Una de las frases más duras del programa fue:

“Mientras la Guardia Civil hace fotos para saber qué pasó, están sacando muertos ahora mismo.”

Eso lo cambia todo.

Porque no estamos hablando de una tragedia cerrada.
Estamos hablando de una tragedia en curso.

Y ahí, convertir la televisión en un tribunal es obsceno.


IX. Vox y la antipolítica del dolor

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La acusación fue clara:

“Vox no está viendo víctimas. Vox está viendo una oportunidad.”

Eso define lo que muchos llaman antipolítica:
no construir,
no reparar,
no esperar,
sino usar.

Usar el cadáver.
Usar la lágrima.
Usar el miedo.


X. El último vagón

El momento más sobrecogedor llegó cuando el presidente andaluz explicó el último vagón caído por el talud.

Toneladas de hierro.
Pasajeros irreconocibles.
Identificaciones por ADN.

No hay debate político que pueda competir con eso.


XI. El único orden posible

La secuencia democrática correcta es clara:

Rescate

Identificación

Investigación

Explicaciones

Responsabilidades

Invertir ese orden es manipular la tragedia.


XII. El fin de Abascal como figura moral

Cuando un político se presenta como defensor de la patria pero usa la muerte para atacar, algo se rompe.

Por eso el título no es una metáfora exagerada:

El fin de Abascal como referencia moral está cerca.

No por lo que diga,
sino por cuándo lo dice.

Porque hay momentos en los que una nación no necesita gritos,
sino humanidad.

Y quien no entiende eso, queda fuera de la comunidad moral.

XIII. España, hoy

Hoy España no es izquierda contra derecha.
Hoy es humanidad contra cinismo.

Entre los que esperan a los técnicos
y los que ya tienen culpables.

Entre los que acompañan a las familias
y los que tuitean para ganar votos.


XIV. Epílogo

Habrá informes.
Habrá comisiones.
Habrá responsabilidades.

Pero las familias no recuperarán a nadie.

Y cuando todo eso llegue, los ciudadanos recordarán quién estuvo a la altura
y quién usó el cadáver como bandera.

Ese es el verdadero juicio político.