Vox se suma al plantón al Rey: sólo PSOE y PP acudirán al acto del Congreso por el 50 aniversario del inicio de la Transición
La tensión política en España ha vuelto a exhibirse de manera cruda y casi ceremonial: el acto institucional por el 50 aniversario del inicio de la Transición —una efeméride concebida para conmemorar el paso del franquismo a un sistema democrático tras la muerte de Franco y la proclamación de Juan Carlos I— ha terminado convertido en un escenario de ausencias.
No ausencias discretas ni anecdóticas, sino un boicot masivo que deja a la Corona prácticamente sola, arropada únicamente por los dos grandes partidos nacionales: PSOE y PP.
Vox, la última formación en descolgarse, ha ofrecido una explicación que no ha pasado desapercibida: para Santiago Abascal y los suyos, este acto no es más que “una oda al régimen totalitario de Pedro Sánchez”.
Con esa frase, el partido ultraconservador selló su decisión y se sumó al bloque de los ausentes, un grupo en el que desfilan, de forma inusual pero no sorprendente, partidos de izquierda, nacionalistas, independentistas y ahora también la derecha radical.
Una conmemoración simbólica convertida en campo de batalla

La sesión programada por el Congreso se planteó como un “coloquio académico” sobre el papel de la Corona en la construcción de la democracia española durante la Transición.
Lejos de tratarse de un homenaje político explícito, la intención inicial era exponer una visión histórica y reflexiva, apoyada por la presencia de expertos como Juan Pablo Fusi, Juan José Laborda, Adela Cortina o Rosario García Mahamut.
La moderación estaría a cargo de dos figuras emblemáticas del periodismo español: Fernando Ónega e Iñaki Gabilondo.
Sin embargo, la carga simbólica del acto y la tensión política actual han trastocado por completo su significado.
Lo que debía haber sido un encuentro institucional se ha transformado en un termómetro del distanciamiento entre gran parte del arco parlamentario y la Corona, así como del rechazo hacia la lectura oficial de la Transición como una etapa ejemplar, especialmente en un momento en el que reaparecen debates históricos, judiciales y territoriales que cuestionan aquella narrativa.
El boicot: un bloque heterogéneo, pero unido en el rechazo
Los partidos que han decidido no asistir forman un mosaico político que cubre casi todas las sensibilidades excepto las dos mayoritarias. Podemos, Sumar, ERC, Junts, EH Bildu, PNV, BNG, Coalición Canaria —y ahora Vox— han articulado una ausencia coordinada pero no necesariamente unitaria en sus razones.
1. Los partidos independentistas y nacionalistas
ERC, Junts, EH Bildu, PNV y BNG comparten varios argumentos:
la reivindicación de una identidad republicana,
el rechazo al papel de Juan Carlos I como figura clave de la Transición,
y el disgusto persistente hacia Felipe VI desde su discurso del 3 de octubre de 2017, tras el referéndum unilateral en Cataluña.
Para ellos, la conmemoración es casi una provocación simbólica: celebrar una etapa histórica que consideran incompleta, injusta o directamente perjudicial para sus territorios supone un gesto incompatible con su proyecto político.
2. Sumar: el reproche histórico pendiente
El socio menor del Gobierno ha optado, de manera sorpresiva para algunos, por secundar el plantón. Las razones que esgrime son más institucionales que ideológicas:
la Corona, dicen, no ha realizado ninguna declaración clara desligándose del franquismo,
y 50 años después de la muerte del dictador, debería hacerlo para cerrar una herida que aún supura en gran parte de la sociedad.
A estas razones se suman las revelaciones recientes del rey emérito en su libro de memorias, donde afirma que Franco “hizo mucho por España”, una frase que para Sumar confirma la necesidad de una condena pública de la dictadura.
Gerardo Pisarello y Esther Gil, representantes de Sumar en la Mesa del Congreso, fueron los primeros en anunciar su ausencia, pero pronto el resto del grupo parlamentario siguió sus pasos.
3. Vox: un giro inesperado que revela el clima político
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Aunque sus motivos difieren radicalmente de los de la izquierda y los nacionalistas, la adhesión de Vox al boicot ha sido un golpe político significativo.
El partido de Abascal considera que el acto es “un sainete”, en palabras de su portavoz Pepa Millán, y acusa al Gobierno de utilizar la conmemoración para maquillar lo que denominan “el régimen totalitario de Sánchez”.
El movimiento de Vox rompe la idea de que el rechazo al acto es un fenómeno exclusivamente vinculado a la izquierda o al nacionalismo periférico.
La derecha radical se sitúa ahora, paradójicamente, en el mismo bando de las ausencias, aunque por motivos completamente opuestos.
El papel de la Corona: entre la conmemoración y la incomodidad

Al acto acudirán el rey Felipe VI, la reina Letizia, la princesa Leonor y la infanta Sofía. La presencia de las hijas de los monarcas no es casual: Leonor, convertida ya en heredera en formación activa, representa el relevo generacional y una apuesta por la estabilidad institucional.
Sin embargo, la imagen que este evento dejará es delicada: una Monarquía acompañada únicamente por los dos grandes partidos que sustentan el sistema constitucional, frente a un Parlamento casi vacío.
Este contraste refuerza una sensación creciente dentro de la sociedad y la clase política: la Corona se ve envuelta de nuevo en un debate cuya intensidad recuerda momentos de crisis anteriores, como 2017 o la salida del rey emérito a Abu Dabi en 2020.
El peso del pasado: Juan Carlos I vuelve al centro del debate
Aunque el acto pretende centrarse en la Transición desde una perspectiva académica, resulta imposible desligarlo de la figura de Juan Carlos I.
Su legado ha quedado profundamente afectado por los escándalos económicos, las investigaciones archivadas y la creciente distancia entre su persona y la institución que un día representó.
Su reciente libro de memorias, Reconciliación, ha reabierto heridas al elogiar abiertamente a Franco y justificar parte de sus acciones.
Para muchos partidos, celebrar la Transición sin revisar críticamente el papel del emérito es una forma de blanquear una etapa con claroscuros que aún deben discutirse.
Una efeméride atrapada entre el pasado y la polarización del presente
El boicot masivo al acto del Congreso deja claro que la Transición, lejos de ser un consenso sólido, ha pasado a formar parte de una batalla política permanente.
Mientras PP y PSOE defienden su valor histórico, otras fuerzas —por razones distintas— consideran que ese periodo ya no puede celebrarse sin un ejercicio profundo de revisión o directamente de ruptura.
El simbolismo de la ceremonia parecía pensado para recordar un tiempo de acuerdos amplios, pero el clima político actual apunta en otra dirección:
la fragmentación parlamentaria,
la desconfianza hacia la Corona,
los debates territoriales reabiertos,
y la polarización que marca cada gesto institucional.
¿Qué imagen deja este acto para la Corona?
Felipe VI enfrenta una situación compleja:
por un lado, conserva el apoyo explícito de los dos grandes partidos del Estado;
por otro, es rechazado o cuestionado por casi todas las fuerzas minoritarias, que representan una diversidad territorial significativa.
El plantón no es solo un gesto político: es una fotografía del desgaste del consenso institucional que acompañó a la Monarquía desde 1978.
un aniversario que revela más fracturas que celebraciones
Lo que debía ser una conmemoración sobria se ha transformado en un espejo incómodo. El 50 aniversario del inicio de la Transición expone que el país ya no comparte un relato común sobre su propia historia.
La ausencia de la mayoría del Parlamento en un acto presidido por los Reyes evidencia un giro profundo en la relación entre la Corona y las fuerzas políticas.
Mientras tanto, el Congreso se prepara para un acto que será recordado no por lo que se diga en él, sino por quienes decidieron no estar presentes.
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