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El PP interpreta la caída de Maduro como un “hecho histórico” mientras evita una condena frontal a la operación de Trump

La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos ha reconfigurado de forma abrupta el tablero político internacional y ha abierto una nueva grieta en la política española. El Partido Popular (PP) no ha ocultado su satisfacción ante lo que considera la derrota de un régimen dictatorial, aunque su posición deja zonas grises respecto a la legalidad internacional de la operación y al futuro inmediato de Venezuela.

La vicesecretaria de Regeneración Institucional del PP, Cuca Gamarra, calificó la detención de Maduro como “un hecho histórico” y como “la derrota del mal”, subrayando que supone el final de “un régimen dictatorial, represor y corrupto que ha destruido las instituciones venezolanas y ha provocado el mayor éxodo de Iberoamérica”. En una entrevista en Hoy por Hoy (Cadena SER), Gamarra insistió en que “descabezar a un dictador es, sin duda alguna, una buena noticia para cualquier demócrata”.

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Sin embargo, el entusiasmo político convive con una cautela jurídica calculada. Preguntada por la legalidad de la operación ordenada por Donald Trump, la dirigente popular reconoció que “hay dudas sobre si se ha infringido el derecho internacional”, aunque matizó que dichas dudas no alteran su valoración política de fondo: la captura de Maduro representa, a su juicio, la derrota de un dictador y la apertura de una oportunidad histórica para Venezuela.

 

La ambigüedad como estrategia política

Esta doble lectura —celebración política y prudencia legal— refleja una estrategia deliberada del PP. Por un lado, el partido busca alinearse con una narrativa de defensa de la democracia frente a las dictaduras latinoamericanas; por otro, evita un aval explícito que pueda interpretarse como respaldo sin matices a una intervención extranjera potencialmente contraria al derecho internacional.

 

Gamarra insistió en que España debe defender siempre el Estado de derecho, “incluido, como no puede ser de otra manera, el derecho internacional”.

 

No obstante, evitó condenar de forma explícita la actuación de Washington, limitándose a admitir la existencia de dudas jurídicas que, según su planteamiento, deberán analizarse con el paso del tiempo.

 

El futuro de Venezuela y la legitimidad democrática

 

Para el PP, la caída de Maduro no puede desembocar en una mera sustitución interna del poder chavista. Gamarra fue tajante al rechazar que el futuro del país pueda estar liderado por Delcy Rodríguez, a quien definió como “mano derecha de Maduro, cómplice y protagonista de la dictadura, de la corrupción y del saqueo de Venezuela”.

 

La dirigente popular recordó que en julio de 2024 se celebraron elecciones presidenciales en Venezuela y que, a su juicio, el vencedor legítimo fue Edmundo González, con el respaldo político de María Corina Machado.

 

“La legitimidad democrática la dan las urnas”, subrayó, insistiendo en que ni Maduro ni Delcy Rodríguez pueden considerarse representantes legítimos del pueblo venezolano.

 

Desde esta perspectiva, el PP defiende una transición política liderada por quienes, según su interpretación, obtuvieron el mandato popular en 2024.

 

Esa transición debería culminar en unas nuevas elecciones democráticas y en el fin definitivo de la represión, la liberación de los presos políticos y el regreso seguro de los exiliados.

 

Críticas al Gobierno de Pedro Sánchez

 

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La posición del PP incluye un ataque frontal al Gobierno español. Gamarra acusó a Pedro Sánchez de “respaldar la continuidad del régimen de Maduro” y de mantener “fuertes lazos” con el chavismo.

 

En este contexto, incluyó también al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, a quien señaló como una figura clave en el “blanqueamiento” internacional del régimen venezolano.

 

“No pueden apelar hoy al Estado de derecho quienes han tolerado, cuando no han ayudado, al régimen criminal de Maduro”, afirmó Gamarra, en una de las declaraciones más duras de la entrevista.

 

Para el PP, las críticas del Ejecutivo español a la operación de Trump suponen, en la práctica, una forma indirecta de avalar la continuidad del chavismo en el poder.

 

Trump, petróleo y realpolitik

 

La dirigente popular evitó confrontar directamente con Donald Trump, pese a que el expresidente estadounidense ha dejado claro que sus prioridades pasan por asegurar el control del suministro petrolero y mantener una estabilidad operativa en Venezuela.

 

Para el PP, este enfoque no altera el principio fundamental: el liderazgo de la transición debe recaer en quienes cuentan con legitimidad democrática.

 

Gamarra reconoció que existe el riesgo de que la operación siente un precedente peligroso en las relaciones internacionales, especialmente ante las declaraciones de Trump sobre otros territorios como Cuba o Groenlandia.

 

No obstante, expresó su esperanza de que las normas del derecho internacional sigan siendo respetadas y no se conviertan en papel mojado.

 

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Entre la celebración y la cautela

La reacción del Partido Popular ante la caída de Maduro se mueve, así, en un delicado equilibrio. Celebra el fin de un dictador al que considera responsable de la ruina institucional y humanitaria de Venezuela, pero evita pronunciarse con rotundidad sobre los límites legales de la intervención estadounidense.

 

Al mismo tiempo, utiliza el acontecimiento para intensificar su ofensiva política contra el Gobierno de Pedro Sánchez y contra figuras históricas del socialismo español.

 

La caída de Maduro, más allá de sus consecuencias inmediatas en Caracas, se ha convertido en un nuevo campo de batalla en la política española.

 

Un escenario donde democracia, derecho internacional y realpolitik se entrecruzan, dejando abiertas más preguntas que respuestas sobre el futuro de Venezuela y sobre el papel que España quiere —o puede— desempeñar en ese proceso.