Sonsoles Ónega entrevista a Jordi Évole en 'Y ahora Sonsoles'.

El silencio que lo dijo todo: la petición de Jordi Évole a Sonsoles Ónega que dejó un momento incómodo en directo

Lo que empezó como una simple conexión promocional acabó convirtiéndose en uno de esos momentos televisivos que, sin grandes gritos ni enfrentamientos, dejan una sensación extraña flotando en el ambiente. Jordi Évole, uno de los periodistas más influyentes del panorama audiovisual español, visitó este viernes el plató de Y ahora Sonsoles para hablar de la esperada entrevista que emitirá este domingo en Lo de Évole, con Iñaki Urdangarin como protagonista. Sin embargo, fue una petición inesperada, lanzada casi entre bromas, la que terminó marcando la conversación.

Una petición que no obtuvo respuesta.
Un silencio que muchos interpretaron como algo más que una simple pausa televisiva.
Y una situación incómoda que, en cuestión de minutos, empezó a generar todo tipo de lecturas.

Una entrevista muy esperada

Este domingo 1 de febrero, Lo de Évole emitirá la entrevista a Iñaki Urdangarin, uno de los personajes más controvertidos de la última década en España. Exduque de Palma, exyerno del rey Juan Carlos I y condenado por el caso Nóos, Urdangarin vuelve a ponerse frente a una cámara en una conversación que promete ser tan mediática como delicada.

La expectación es máxima. No solo por el protagonista, sino por quien formula las preguntas. Jordi Évole se ha consolidado como una de las figuras más respetadas del periodismo televisivo, especializado en entrevistas profundas, incómodas y con un enfoque más humano que sensacionalista. Su estilo, a medio camino entre la investigación, la ironía y la empatía, ha conseguido que personajes de todo tipo —políticos, celebridades, empresarios, víctimas y verdugos— acepten sentarse frente a él.

Por eso, la presencia de Évole en Y ahora Sonsoles no era casual. Sonsoles Ónega quería adelantar algunos detalles de la entrevista y, sobre todo, medir el tono que tendrá el programa.

“No iba a juzgarle”

Nada más comenzar la conversación, Sonsoles fue directa:

—“¿Él puso alguna condición?”

Jordi Évole respondió sin rodeos:

—“No puso ninguna condición. Fue una conversación educada, amable. Yo no iba a volver a juzgar a Iñaki Urdangarin. Él ya fue juzgado por la justicia española, fue condenado. Hay una verdad judicial. No me parecía que yo tuviera que hacer de fiscal”.

Con esta frase, Évole dejaba clara su postura: no se trataba de un interrogatorio judicial, sino de una entrevista periodística centrada en la persona, en el recorrido vital y en las consecuencias humanas de un escándalo que marcó a toda una institución.

El periodista explicó que prefirió interesarse por otros aspectos: cómo se vive después de la cárcel, cómo se gestiona el estigma público, cómo se reconstruye una identidad tras pasar de ser “el yerno perfecto” a uno de los nombres más señalados del país.

De príncipe moderno a símbolo de caída

Durante la charla, Sonsoles Ónega recordó algo que muchos españoles aún conservan en la memoria colectiva: la boda de Iñaki Urdangarin con la infanta Cristina fue presentada como un auténtico cuento de hadas.

—“Pasaron de ser los guays de la Casa Real…”, dijo Sonsoles.

—“Ahora la guay es Letizia”, bromeó Évole entre risas.

Pero más allá de la ironía, el periodista puso sobre la mesa una reflexión interesante: el arco narrativo de Urdangarin es casi cinematográfico.

De deportista de élite y figura admirada, a imputado, condenado, preso y personaje incómodo incluso para la propia monarquía. Un recorrido que resume, en cierto modo, el declive simbólico de la imagen de la Casa Real durante la última década.

—“Pasar de eso a verte bajando la rampa de Palma, sentado en el banquillo, entrando en la cárcel de Brieva, siendo insultado por la calle… es un arco narrativo de película”, reconoció Évole.

El acompañante misterioso

Uno de los detalles que más llamó la atención fue la revelación de que Urdangarin acudió a la entrevista acompañado por una mujer.

—“Era un acompañante profesional”, explicó Évole.

No era su actual pareja, aunque sí habla de ella en la entrevista. Este matiz despertó curiosidad en el plató, pero rápidamente quedó claro que el foco no estaba en el morbo sentimental, sino en el contexto personal y emocional del entrevistado.

 

La pregunta que lo cambió todo

Y entonces llegó el momento clave.

Casi al final de la conexión, Jordi Évole lanzó una frase que, en apariencia, era una broma, pero que encerraba una carga simbólica enorme:

—“Lo que sí me gustaría saber es si este domingo en Zarzuela se va a poner La Sexta a las 21:30”.

Sonsoles respondió con humor:

—“Igual en Abu Dabi”.

Risas. Sonrisas. Ambiente distendido.

Pero Évole no se quedó ahí.

—“Yo no sé si tú, Sonsoles, tienes manera de saber si eso ha pasado. A mí me haría ilusión saberlo”.

Y fue entonces cuando algo cambió.

El silencio de Sonsoles

Sonsoles Ónega no respondió directamente. Sonrió. Miró a sus colaboradores. Dejó que otros hablaran.

Paloma García-Pelayo intervino:

—“Imaginar es libre y además es gratis”.

Beatriz Cortázar añadió un dato interesante: Iñaki Urdangarin fue quien compró el anillo de bodas de Letizia. Era confidente de Felipe VI. Tenían una relación estrecha.

Pero la pregunta de Évole seguía en el aire.
Y Sonsoles seguía sin responder.

No fue un silencio largo. No fue dramático. No fue tenso en términos televisivos clásicos. Pero fue un silencio elocuente. Uno de esos silencios que, precisamente por producirse en televisión en directo, adquieren una dimensión especial.

Una petición aún más incómoda

Lejos de frenar, Jordi Évole fue un paso más allá:

—“Después de la entrevista, un texto escrito por doña Letizia sobre las impresiones que le ha causado la entrevista… eso me parecería maravilloso”.

Segunda petición.
Segundo momento delicado.

Paloma lo comentó entre risas: “Segunda petición”.
Beatriz bromeó: “A lo mejor te mandan un WhatsApp”.

Pero Sonsoles, visiblemente incómoda, decidió cerrar el tema:

—“¿Podemos hablar del programa de Évole? Alguien está llamando al director quejándose. ¿Será Zarzuela?”

Risas. Fin del tema.

¿Por qué fue incómodo?

En apariencia, todo fue una broma. Un intercambio ligero entre profesionales. Pero el contexto lo cambia todo.

Sonsoles Ónega es conocida por su estrecha relación personal con la reina Letizia. Amigas desde hace décadas, comparten pasado profesional, confidencias y una complicidad que nunca ha sido un secreto en el sector.

Por eso, la petición de Évole no era inocente. No le preguntaba a una presentadora cualquiera. Le preguntaba a alguien con acceso, con vínculos reales, con una cercanía a Zarzuela que no es habitual en televisión.

La pregunta no era si Letizia vería la entrevista.
La pregunta era si Sonsoles podía confirmarlo.
Y, en el fondo, si podía intervenir.

Jordi Évole y su admiración por Letizia

Por si quedaba alguna duda, Évole terminó confesando algo que sorprendió a muchos:

—“Soy fan de la reina Letizia. Creo que tenemos una representante pública que está muy por encima de cualquier rey que hayamos tenido”.

El periodista elogió su forma de comunicar, su preparación, su capacidad discursiva y su sensibilidad mediática.

—“Hay una manera de dar discursos, de estudiar bien el auditorio. Eso no es fácil. Y eso esta reina lo tiene”.

Unas palabras que, viniendo de alguien tan crítico con el poder como Évole, tienen un peso especial.

Entre periodismo, poder y televisión

El momento vivido en Y ahora Sonsoles refleja algo más profundo que una simple anécdota televisiva. Muestra la compleja relación entre periodismo, poder e instituciones en España.

Por un lado, un periodista que quiere saber si su trabajo será visto en el corazón simbólico del Estado.
Por otro, una presentadora situada en una posición delicada entre su rol profesional y sus relaciones personales.
Y, en medio, una institución —la monarquía— que sigue siendo objeto de fascinación, distancia y silencios estratégicos.

El valor del silencio

En televisión, el silencio es raro. Todo se llena de palabras, comentarios, ruido, opiniones. Por eso, cuando alguien calla, ese silencio se convierte en mensaje.

Sonsoles no dijo “sí”.
No dijo “no”.
No dijo “no puedo responder”.

Simplemente cambió de tema.

Y eso, para muchos espectadores, fue más revelador que cualquier respuesta.

Una escena mínima, un eco enorme

La escena duró apenas unos minutos. No hubo escándalo, ni gritos, ni titulares explosivos. Pero en redes sociales, en foros y en comentarios de espectadores, la conversación no pasó desapercibida.

Porque en un país donde la relación entre medios y Casa Real siempre ha estado marcada por la prudencia, el silencio, las omisiones y los pactos no escritos, cualquier gesto adquiere un significado político y simbólico.

La pregunta no era si Zarzuela vería Lo de Évole.
La pregunta real era si alguien se atrevería a confirmarlo en público.

Y nadie lo hizo.

Cuando la televisión revela sin decir

El episodio demuestra algo esencial: no siempre hace falta una denuncia explícita para que un momento sea revelador. A veces basta con una pregunta bien formulada… y una respuesta que no llega.

Jordi Évole lanzó la petición.
Sonsoles guardó silencio.
Y ese silencio se convirtió, paradójicamente, en la parte más interesante de toda la entrevista.

Porque dijo lo que no podía decirse.
Porque mostró lo que no debía mostrarse.
Y porque recordó que, incluso en pleno siglo XXI, todavía hay temas que siguen manejándose mejor desde la insinuación que desde la palabra directa.

En televisión, como en política, lo más importante no siempre es lo que se dice.
Sino lo que se evita decir.