La histórica periodista acusa a La 1 de entregar la información pública a productoras privadas mientras el Consejo de Informativos y los sindicatos alertan de un fraude legal sin precedentes
Por Pedro Jiménez
La crisis que atraviesa RTVE ha dejado de ser un rumor de pasillos para convertirse en una explosión pública de alto voltaje político, jurídico y mediático. Y esta vez quien ha encendido la mecha no ha sido un partido, ni un tertuliano, ni una productora, sino una de las periodistas más respetadas y emblemáticas de la casa: María Escario.
Su denuncia, directa, sin eufemismos y con una contundencia inusual incluso en tiempos de crispación mediática, ha puesto sobre la mesa una acusación gravísima: RTVE estaría vulnerando la ley al permitir que empresas privadas produzcan y editen contenidos informativos, algo que la normativa prohíbe de forma expresa.
Y no se ha quedado ahí. Escario ha calificado la última apuesta de La 1, el programa Directo a la gente, como un “engendro informativo”, señalando no solo su cuestionable legalidad, sino también su fracaso estrepitoso de audiencia y su peligrosa deriva política.
Lo que comenzó como una decisión de parrilla se ha transformado en un caso de posible fraude institucional.
Un programa que lo ha cambiado todo
Directo a la gente se estrenó el viernes por la noche como una de las grandes apuestas de RTVE para 2026. Al frente: Marta Flich, Gonzalo Miró y Jesús Cintora. En la producción: La Osa Producciones, la empresa de Óscar Cornejo y Adrián Madrid, conocidos por su peso en la televisión privada y por su perfil editorial marcadamente político.
Pero desde el primer momento, dentro de RTVE saltaron todas las alarmas.
No por el formato.
No por los presentadores.
Sino por quién controlaba realmente el contenido informativo.
Porque, según la ley que rige RTVE, los programas informativos no pueden ser producidos ni editados por empresas externas.
Y eso es exactamente lo que estaba ocurriendo.
El Consejo de Informativos destapa el problema
Horas antes de que María Escario publicara su demoledor mensaje, el Consejo de Informativos de RTVE ya había emitido un comunicado que sonaba a sirena de emergencia institucional.
En él se afirmaba, sin rodeos, que la corporación estaba incurriendo en un “quebranto de la ley”.
La frase clave:
“La ley prohíbe de forma explícita que los contenidos informativos de RTVE sean producidos por empresas privadas y externas”.
No se trata de una interpretación.
No es una recomendación.
Es una prohibición legal.
Y aun así, la televisión pública había entregado producción, edición y control de contenidos a una productora privada con intereses propios.
Un peligro político real
El Consejo de Informativos fue más allá. No solo habló de legalidad, sino de riesgo democrático.
El comunicado advertía que estos programas de producción externa:
“no cumplen con los criterios de rigor periodístico necesarios en la televisión pública”
y
“tienen implicaciones evidentes en el panorama político nacional y el rédito electoral que se puede sacar”.
Traducido:
RTVE estaría permitiendo que terceros con agenda propia influyan sobre el relato informativo en un momento de máxima tensión política e internacional.
El sindicato CGT confirma el escándalo
A la denuncia del Consejo se sumó el sindicato CGT RTVE, que recordó algo todavía más demoledor:
la ley es inequívoca.
“No se podrá ceder a terceros la producción y edición de los programas informativos y de aquellos que determine el mandato marco”.
No hay lagunas.
No hay excepciones.
No hay margen de interpretación creativa.
Y, sin embargo, eso es exactamente lo que RTVE ha hecho.
María Escario entra en escena

Y entonces habló ella.
María Escario no es una periodista cualquiera.
Es una de las voces más respetadas, veteranas y simbólicas de RTVE.
Su palabra no es una opinión más: es un termómetro de la salud de la casa.
Y lo que dijo fue devastador.
En referencia al estreno de Directo a la gente y a su catastrófica audiencia, escribió:
“’Directo a la gente’, el último engendro informativo elaborado por productoras privadas en contra de la ley de @rtve obtiene un pobre 6,9 de share”.
Una frase.
Una bomba.
Porque en ella confluyen tres acusaciones letales:
Es un engendro informativo.
Está elaborado por productoras privadas.
Es contra la ley de RTVE.
No hay matices.
No hay diplomacia.
Hay una denuncia directa de ilegalidad.
El fracaso que lo confirmó todo
Los datos de audiencia hicieron el resto.
Directo a la gente se hundió en su estreno con un 6,9% de share y apenas 600.000 espectadores.
Para una cadena pública nacional en prime time, es un desastre absoluto.
El público no compró el producto.
Y dentro de RTVE muchos ya lo sabían: el problema no era solo de formato, sino de legitimidad.
La privatización encubierta de la información pública
Lo que Escario, el Consejo de Informativos y los sindicatos están denunciando va mucho más allá de un programa.
Están alertando de una privatización encubierta del corazón de RTVE: la información.
Cuando una productora privada controla:
El enfoque
La escaleta
La edición
El ritmo
Y los temas
Entonces ya no estamos ante un simple servicio técnico.
Estamos ante un control editorial.
Y eso, en una televisión pública financiada por todos los ciudadanos, es dinamitar la neutralidad institucional.
El problema no es Flich, Miró o Cintora
La polémica no va contra los presentadores.
No va contra su ideología.
No va contra su estilo.
Va contra quién decide qué se cuenta y cómo se cuenta.
Porque si una productora privada con intereses comerciales y políticos controla la narrativa informativa de RTVE, la televisión pública deja de ser pública.
Se convierte en un altavoz externalizado.
Un patrón que ya se repite
Lo más inquietante es que este no es un caso aislado.
En los últimos años, RTVE ha ido cediendo cada vez más espacio informativo a productoras externas, erosionando la estructura interna de periodistas, editores y equipos propios.
El resultado es una televisión pública con alma privada.
Y ahora, con Directo a la gente, se ha cruzado una línea roja.
La palabra “engendro” no es casual
Cuando María Escario usa la palabra “engendro”, no habla solo de calidad televisiva.
Habla de algo antinatural, artificial, creado contra la lógica institucional.
Un programa que nace:
contra la ley
contra los profesionales de RTVE
contra el mandato marco
y contra la neutralidad informativa
solo puede ser eso:
un engendro.
¿Quién está tomando estas decisiones?
Esa es ahora la gran pregunta.
¿Quién en la cúpula de RTVE ha autorizado esta cesión?
¿Quién ha permitido que se viole una prohibición legal expresa?
¿Quién ha puesto a la corporación en riesgo jurídico y político?
Porque esto no es solo una crisis de programación.
Es una posible responsabilidad administrativa y legal.
RTVE ante su mayor crisis de credibilidad
La televisión pública vive de una cosa: confianza.
Cuando los propios periodistas de la casa denuncian que la información está siendo manipulada desde fuera, esa confianza se rompe.
Y cuando una figura como María Escario lo dice en voz alta, el impacto es devastador.
No es una rebelión sindical.
Es una alarma institucional.
No es televisión, es Estado
Lo que está en juego no es un programa.
Es quién controla la información en la televisión pública española.
Si la ley se ignora.
Si las productoras privadas mandan.
Si los periodistas de RTVE son apartados.
Entonces no estamos ante un cambio de formato.
Estamos ante una colonización política de la televisión pública.
Y eso, en una democracia, es una línea que no se puede cruzar sin consecuencias.
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