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ESCÁNDALO: FEIJÓO PILLADO MINTIENDO MIENTRAS VALENCIA SE AHOGABA

Cuando los mensajes hablan y el silencio acusa

La revelación de los mensajes intercambiados entre Alberto Núñez Feijóo y Carlos Mazón durante el día de la DANA que arrasó decenas de municipios valencianos no es una anécdota política más. Es un retrato descarnado de cómo el poder gestionó —o dejó de gestionar— una tragedia que acabó con 230 vidas. Un año después, los hechos documentados desmontan el relato que el Partido Popular sostuvo durante meses y sitúan al líder de la oposición en el centro de una tormenta política, moral y mediática.

Este no es solo un debate sobre comunicaciones privadas. Es la historia de un país que miraba al cielo mientras el agua subía, y de unos dirigentes que miraban el móvil mientras la emergencia se desbordaba.

Feijóo, Ayuso y el acto mientras Valencia se inundaba

PP: Mazón, noqueado por Feijóo | Noticias de la Comunidad ...

El dato es tan simple como demoledor: cuando ya había constancia de que la DANA estaba arrasando pueblos enteros de Valencia, Alberto Núñez Feijóo se encontraba en un acto público junto a Isabel Díaz Ayuso. No en una reunión de crisis, no coordinando recursos, no presionando para activar mecanismos extraordinarios. En un acto político.

Los mensajes y un vídeo conocidos en las últimas horas confirman que Feijóo estaba informado mientras la catástrofe avanzaba. Y, sin embargo, su actividad pública no se alteró de forma visible. Este contraste entre lo que sabía y lo que hacía es el que ha provocado la indignación social y el análisis demoledor en programas como Directo al Grano de TVE, donde Gonzalo Miró ridiculizó abiertamente a los tertulianos que trataban de blanquear lo ocurrido.

El relato que se cae: un año protegiendo a Mazón

Las mentiras de Feijóo sobre la DANA lo desacreditan para gobernar España

Durante más de un año, Feijóo ha defendido a Carlos Mazón con un mensaje reiterado: que no hubo descoordinación, que el Gobierno central no estuvo disponible, que no se daban las circunstancias para elevar la emergencia nacional. Los mensajes ahora conocidos dicen exactamente lo contrario.

La cronología es clave:

19:59: Feijóo escribe por primera vez a Mazón.
20:08: Mazón responde.
20:11: Se envía el mensaje de alerta a la población.

Es decir, la comunicación entre ambos líderes del PP se produce después de la comida del Ventorro y antes de que la alerta llegara a los móviles de los valencianos. Y lo que se dicen en esos mensajes desmonta pieza a pieza la versión oficial sostenida por el PP.

Mazón reconoce contactos con Pedro Sánchez, con María Jesús Montero y con responsables de Defensa e Interior. Reconoce que hay un gabinete de crisis. Reconoce que la situación se está “jodiendo”. Todo ello contradice frontalmente las declaraciones públicas de Feijóo, que insistió en que el Gobierno central no había estado a la altura.

Mensajes parciales, respuestas ocultas

Cuando la jueza de Catarroja solicita las conversaciones, Feijóo entrega solo una parte: los mensajes enviados por Mazón. Omite sus propias respuestas. No es hasta cuatro días después, y tras un nuevo requerimiento judicial, cuando decide aportar la conversación íntegra.

La fórmula elegida no deja de ser llamativa: un acta notarial que da fe de lo que aparece en la pantalla del teléfono móvil de Feijóo. Un método legal, sí, pero limitado. Salvo que el notario sea también perito informático, la jueza solo puede acceder a lo que se le muestra.

Feijóo asegura que no ha borrado ningún mensaje. Pero el debate ya no es técnico, sino político y ético: ¿por qué ocultar inicialmente las respuestas? ¿Por qué entregar una conversación incompleta en un asunto que afecta a 230 víctimas mortales?

“Lidera la comunicación”: la obsesión en mitad del desastre

Uno de los aspectos más controvertidos de los mensajes es el foco constante de Feijóo en la comunicación. Incluso cuando Mazón reconoce que están desbordados, que hay decenas de desaparecidos y que la situación es caótica, el líder del PP insiste una y otra vez en que el president debe “liderar informativamente” la tragedia.

A las 22:15, Mazón escribe: están desbordados, hay decenas de desaparecidos. Feijóo no responde hasta 23:21. Más de una hora y media después. Y cuando lo hace, vuelve a preguntar por la comunicación y por si el Gobierno central está cumpliendo su papel.

Según la investigación judicial, la mayoría de las víctimas mortales ya habían fallecido antes de las 20:00 horas. En ese contexto, la reiteración del mensaje sobre el control del relato resulta, para muchos analistas, políticamente obscena.

Manuel Rico lo resumió con una frase demoledora: Feijóo queda mal no por lo que dicen los mensajes, sino por lo que no dicen. No hay una sola línea de angustia explícita por las víctimas. No hay una exigencia clara de medidas extraordinarias. No hay urgencia proporcional a la tragedia.

El Congreso vacío y el cóctel lleno

El escándalo no termina en los mensajes. Durante el pleno del Congreso dedicado a la DANA, el Partido Popular abandonó el hemiciclo para acudir a un cóctel navideño. La imagen es difícil de digerir: mientras se debatía sobre una de las mayores tragedias recientes, los escaños populares quedaban vacíos.

Este gesto, sumado a la estrategia de defensa cerrada de Mazón y a la entrega parcial de mensajes, ha alimentado la percepción de que el PP ha priorizado la protección política sobre el respeto a las víctimas.

La jueza y las “aguas procelosas”

Una parte del debate mediático ha intentado desviar el foco hacia la actuación de la jueza instructora. Se habla de riesgo, de extralimitación, de investigación a un aforado. Sin embargo, hasta ahora, la magistrada ha actuado con una cautela notable.

No investiga penalmente a Feijóo. Lo cita como testigo. No busca responsabilidades penales donde no las hay. Busca contexto, información y cronología. Quiere saber qué sabían quienes tenían capacidad de influir en las decisiones clave y cuándo lo supieron.

La petición de los mensajes completos no es una anomalía jurídica: es sentido común. Ninguna conversación se entiende leyendo solo una parte. Menos aún en un procedimiento que trata de determinar si hubo negligencias con resultado de muerte.

Responsabilidad penal vs responsabilidad política

Aquí conviene trazar una línea clara. La responsabilidad penal, si existe, recae sobre quienes tenían capacidad ejecutiva: el Gobierno valenciano y, en particular, los responsables de Emergencias. Pero la responsabilidad política es otra cosa.

Feijóo no tenía mando operativo. Pero sí tenía información. Y, sobre todo, tenía influencia. Podía haber exigido más, antes y con más contundencia. Podía haber dejado de proteger a Mazón cuando las evidencias de una gestión negligente se acumulaban. No lo hizo.

Durante un año, el líder del PP sostuvo un relato que hoy se demuestra falso o, como mínimo, gravemente incompleto. Y eso tiene un coste político.

 

Un final abierto, una herida que no cierra

Hoy vence el plazo dado por la jueza para la entrega voluntaria de los mensajes. Feijóo ya los ha enviado. Comparecerá como testigo por videoconferencia. Legalmente, todo puede estar en regla. Moralmente, el debate está lejos de cerrarse.

Porque mientras se discute sobre actas notariales, competencias judiciales y estrategias de comunicación, hay 230 familias que siguen esperando algo mucho más simple: verdad, asunción de errores y respeto.

La DANA no fue solo un fenómeno meteorológico extremo. Fue también un test de liderazgo. Y a la luz de los mensajes, ese test deja demasiadas preguntas sin respuesta y una certeza incómoda: cuando Valencia se ahogaba, la política seguía a flote… en sus propios cálculos.

De ellos todo y todo para ellos, dijo una diputada en el Congreso. Ojalá esas palabras no lleguen siempre demasiado tarde.