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I. CUANDO EL RELATO SE ROMPE EN DIRECTO

En la televisión española, pocas cosas provocan tanto nerviosismo como cuando el guion se rompe en directo. No porque alguien grite, ni porque haya insultos, sino porque alguien —con datos, con memoria y con experiencia— se atreve a desmontar el marco desde dentro.

Eso es exactamente lo que ocurrió cuando Ignacio Escolar, varios fiscales y periodistas veteranos entraron en el debate sobre el procesamiento y la petición de indulto al ex fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz. No fue un debate jurídico al uso. Fue una batalla por el relato.

Y ahí, la llamada caverna mediática empezó a rabiar.

II. LA PALABRA PROHIBIDA: INOCENCIA

Susanna Griso se molesta con una teoría de Arsenio Escolar sobre el fiscal  general: “Es muy grave lo que estás diciendo”

Decir “inocente” hoy es un acto político. Y más aún cuando se refiere a alguien que estorba a demasiados intereses.

La Unión Progresista de Fiscales fue clara y brutalmente honesta: defendemos la inocencia de Álvaro García Ortiz hoy, mañana y siempre. No hablaron de tecnicismos fríos, hablaron de daño, de compañerismo, de justicia humana.

Eso, en ciertos platós, es imperdonable.

Porque el marco dominante exige otra cosa: silencio, espera, resignación. Aceptar que alguien sea triturado durante años “hasta que el Constitucional diga algo”. Aceptar que la pena del telediario sea irreversible.

III. PERIODISMO EN EL BANQUILLO

Aquí hay una paradoja que incomoda: este caso va de periodistas.

No de tertulianos opinando desde la barrera. De periodistas que declararon ante el Supremo. Que explicaron cuándo, cómo y por dónde llegó la información a sus redacciones. Que saben —porque lo vivieron— que el famoso correo circulaba antes de que el fiscal general tuviera acceso a él.

Entonces surge la pregunta maldita:

¿Puede alguien filtrar algo que ya estaba filtrado?

La doctrina del Supremo es clara: la revelación de secretos ocurre una sola vez, en el primer momento en que se rompe el secreto. Todo lo demás es ruido.

Salvo que alguien tenga una máquina del tiempo.

IV. LA INVESTIGACIÓN “CREATIVA”

Aquí aparece la figura incómoda: el juez Hurtado.

Una instrucción que, según numerosos periodistas y juristas, parece construida al revés: primero el culpable, luego el camino para llegar a él.

Llamadas de cuatro segundos no contestadas convertidas en indicios. Inferencias sin pruebas materiales. Ausencia total de correos, mensajes, encuentros, órdenes.

Y aun así, una conclusión cerrada.

Eso no es prudencia judicial. Eso es relato predeterminado.

V. MONCLOA COMO SOMBRA, SIN PRUEBAS

El auto sugiere —sin demostrar— que Moncloa instigó la filtración.

¿Dónde están las pruebas?

No hay llamadas.
No hay correos.
No hay intermediarios acreditados.
No hay cadena de custodia.

Pero la insinuación basta. Porque en el ecosistema mediático actual, sugerir es condenar.

VI. SUSANNA GRISO, EL MARCO Y LA TRAMPA

Susanna Griso se molesta con una teoría de Arsenio Escolar sobre el fiscal  general: “Es muy grave lo que estás diciendo”

Susanna Griso representa algo más que una presentadora: representa el marco de normalidad que decide qué es aceptable discutir y qué no.

Cuando Escolar y los fiscales rompen ese marco, el sistema se defiende. Interrupciones, apelaciones al respeto al tribunal, falsas equidistancias.

Pero hay algo que no pueden controlar: la memoria de quienes estuvieron allí.

VII. INDULTO: LA PALABRA MALDITA

Indulto no es absolución. Indulto no es impunidad.

Es una herramienta legal para mitigar un daño mientras otras instancias revisan una sentencia cuestionada.

Pero en el debate público se convierte en herejía.

¿Por qué?

Porque aceptar el indulto sería aceptar que algo huele mal.

VIII. LA DERECHA, VOX Y EL NANOSSEGUNDO

Vox lo tiene claro: si fuera su fiscal general, no duraría ni medio nanosegundo.

Lo dicen sin rubor. Porque no hablan de justicia, hablan de lealtad ideológica.

El PP exige dimisiones basándose en insinuaciones.

Sumar habla de lawfare.

Podemos admite que se pudo frenar antes.

Cada uno juega su papel. Pero el daño ya está hecho.

IX. EL SILENCIO DE ORTIZ

Álvaro García Ortiz calla.

Y ese silencio desespera más que cualquier declaración.

Porque no encaja en el guion del culpable nervioso. Encaja en el de alguien que espera, que resiste, que sabe que el tiempo también juzga.

X. CUANDO EL SISTEMA SE MIRA AL ESPEJO

Este caso no va solo de un fiscal.

Va de:

cómo se construyen culpables,
cómo se presiona desde titulares,
cómo el periodismo puede ser testigo o arma,
y cómo la justicia puede perder legitimidad cuando parece escrita de antemano.

Por eso molesta tanto.

Por eso rabia la caverna.

Porque por una vez, en directo, alguien se atrevió a decir:

¿Y si el relato no es verdad?