ADAMUZ: LA TRAGEDIA QUE HA DESATADO UNA GUERRA POLÍTICA SIN PRECEDENTES
España no vive solo una tragedia ferroviaria. Vive una batalla de poder, un ajuste de cuentas político y una guerra de relatos que amenaza con devorar a sus propios protagonistas.
El descarrilamiento de Adamuz, con decenas de víctimas mortales, no solo ha dejado una estela de dolor. Ha abierto una grieta profunda en el sistema político español. Una grieta que atraviesa al Gobierno central, a la Junta de Andalucía y, sobre todo, al Partido Popular.
Lo que debía ser un tiempo de respeto y duelo se ha convertido en una orgía de acusaciones, teorías conspirativas y estrategias de desgaste.
Y en el centro de ese huracán aparece un nombre que lo contamina todo: Isabel Díaz Ayuso.
CUANDO EL DOLOR SE CONVIERTE EN ARMA POLÍTICA
Desde el primer momento, sectores de la derecha radical y del PP más duro decidieron no esperar ni un día.
Ni 48 horas.
Ni 72.
Ni siquiera a que terminaran las tareas de rescate.
La consigna fue clara: culpar al Gobierno.
Vox, Alvise, medios ultras y portavoces políticos empezaron a hablar de “gestión criminal”, “ocultación”, “ley del silencio” y “sabotaje”. El objetivo era sembrar una sospecha brutal: que el Ejecutivo de Pedro Sánchez estaba tapando una verdad inconfesable.
Pero lo más grave no fue que lo dijeran las redes o los agitadores.
Lo más grave fue que Isabel Díaz Ayuso decidió hacerlo suyo.
AYUSO: DE PRESIDENTA AUTONÓMICA A AGITADORA NACIONAL

La presidenta de la Comunidad de Madrid compareció y lanzó una frase que incendió el país:
“El Gobierno tiene como misión principal obstruir la justicia”.
Con 45 muertos aún sin enterrar.
Familias buscando a sus seres queridos en hospitales.
Forenses trabajando sin descanso.
Y Ayuso, en directo, acusando al Estado de conspirar.
Aquello fue percibido por amplios sectores como una humillación directa a las víctimas.
Pero para Ayuso no era un error.
Era una estrategia.
LA “LEY DEL SILENCIO”: EL CONCEPTO QUE DINAMITA AL PP
Ayuso impuso una consigna.
Horas después, Alberto Núñez Feijóo la repitió palabra por palabra:
“No puede imponerse la ley del silencio”.
En el PP ya no mandaba la prudencia.
Mandaba la narrativa diseñada por Miguel Ángel Rodríguez, el cerebro político de Ayuso y antiguo estratega de Aznar.
El mensaje era claro:
Si no hay culpables inmediatos, hay que inventar una conspiración.
JUANMA MORENO: EL ÚNICO QUE NO ENTRA EN LA GUERRA

Mientras Ayuso y Feijóo escalaban la bronca, el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno Bonilla, hacía algo inaudito en su partido: pedía tiempo.
“No es el momento. Hace solo unas horas se han recuperado cadáveres. Habrá tiempo para investigar”.
Moreno Bonilla entendía algo básico:
Sin datos, no hay verdad.
Sin verdad, solo hay ruido.
Pero su postura quedó arrasada por el vendaval Ayuso.
LAS PRIMERAS CONCLUSIONES TÉCNICAS: LA VÍA ESTABA ROTA
La Comisión Independiente de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) lanzó una primera bomba técnica:
El carril estaba fracturado antes del descarrilamiento.
Las imágenes mostraban una soldadura rota.
Las muescas en el metal indicaban que el tren basculó porque la vía cedió bajo su peso.
Eso cambia todo.
Ya no se trata de una velocidad.
No de un despiste.
No de una orden política.
Se trata de un fallo estructural en la infraestructura.
¿POR QUÉ SE ROMPE UNA VÍA QUE PASÓ CUATRO INSPECCIONES?
Aquí empieza el verdadero misterio.
La vía había pasado cuatro controles.
El balasto estaba en buen estado.
El drenaje era correcto.
No había incidencias previas graves.
Entonces, ¿qué falló?
Los ingenieros apuntan a un concepto clave: fatiga del material.
Las soldaduras son el punto más débil de una vía férrea.
Cada tren que pasa ejerce toneladas de presión.
Miles de ciclos de carga y descarga generan microfracturas invisibles.
Si una de esas microfracturas crece, el metal cede.
Y cuando cede, lo hace de forma súbita.
NO ES SABOTAJE. ES FÍSICA.
Aquí se caen las teorías conspirativas.
Una vía es como un cable eléctrico:
si se corta, salta la alarma.
Pero si se fisura sin romperse del todo, puede aguantar… hasta que no aguanta más.
Eso es lo que ahora mismo apunta la hipótesis central.
LOS 48 MINUTOS: EL OTRO GRAN CAMPO DE BATALLA
La derecha lanzó otro misil:
“Se tardó 48 minutos en llegar al segundo tren”.
El Gobierno respondió con las llamadas grabadas.
A las 20:01, ADIF, Renfe y el 112 ya sabían que había un tren invadiendo la vía contigua.
Pero el primer maquinista ni siquiera sabía que había sido embestido por un Alvia.
El centro de control veía luces rojas.
No cuerpos.
No hierros.
En un escenario nocturno, sin luz, con dos trenes a cientos de metros, la confusión fue real.
No conspiración.
Caos.
¿GOBIERNO CENTRAL O JUNTA DE ANDALUCÍA?
Aquí aparece el veneno político.
El 112 es autonómico.
ADIF es estatal.
Ambos actuaron.
Pero los ultras quieren elegir un culpable por color político.
Eso es lo que contamina todo.
AYUSO, AZNAR Y MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ: EL TRIÁNGULO DE PODER
En el PP hay tres voces que mandan:
Isabel Díaz Ayuso
José María Aznar
Miguel Ángel Rodríguez
Feijóo no lidera.
Se suma.
Y ese eje ha decidido convertir Adamuz en un campo de batalla.
LA BATALLA DEL FUNERAL
Ayuso incluso quiso imponer que no fuera un homenaje laico sino un funeral religioso en Madrid.
27 víctimas eran de Huelva.
Pero Ayuso quería el foco.
Como siempre.
Adamuz ha desnudado algo brutal:
No solo una posible grieta en una vía férrea.
Sino una grieta moral en la derecha española.
Mientras algunos piden respeto y tiempo,
otros usan cadáveres para hacer política.
Y eso, para millones de ciudadanos, es imperdonable.
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