
Feijóo y el caso Mazón: cuando la versión oficial se derrumba en directo
Lo ocurrido con Alberto Núñez Feijóo y los mensajes de WhatsApp intercambiados con Carlos Mazón durante la DANA no es un simple desliz comunicativo. Es algo mucho más grave: una sucesión de contradicciones públicas, pronunciadas con apenas cinco minutos de diferencia, que han abierto una grieta profunda en el discurso del líder del Partido Popular y han encendido todas las alarmas judiciales, políticas y mediáticas.
Porque no estamos hablando solo de si hubo llamadas o no. Estamos hablando de qué sabía Feijóo, cuándo lo supo, qué mensajes entregó, cuáles no, y sobre todo, por qué su relato cambia en tiempo récord.
“No he borrado mensajes” / “Me cambiaron el móvil”: la contradicción en tiempo real
La escena es tan clara como inquietante. A las 12:48, Feijóo afirma con rotundidad:
“Yo no he borrado los mensajes, yo no he cambiado de móvil, yo le he dado todos los mensajes.”
Cinco minutos después, literalmente cinco, el mismo Feijóo asegura:
“Hace unas semanas me cambiaron el teléfono. Se me abrió el anterior. No sabía que me iban a pedir los mensajes.”
No es un matiz. No es una aclaración técnica. Es una negación frontal seguida de su contrario. Primero asegura que no ha cambiado de móvil. Después admite que sí. Primero dice que entregó todo. Después reconoce que no sabía que se lo iban a pedir.
La pregunta es inevitable:
👉 ¿Cómo puede alguien entregar “todos los mensajes” si no sabía que se los iban a pedir y además ha cambiado de dispositivo?

La jueza no compra el relato: “Aquí faltan cosas”
La jueza de Catarroja fue clara. Tras recibir los mensajes enviados por Feijóo —únicamente los que le escribió Mazón— lanzó una advertencia contundente:
“Aquí faltan cosas. Necesito la conversación completa y su contexto.”
Y ahí empieza el verdadero problema. Porque Feijóo no entrega su teléfono, no entrega el dispositivo original, no hay pericial técnica, no hay certificación de integridad. Lo que llega al juzgado es, en la práctica, un acto de fe.
Un pantallazo.
Una selección.
Un recorte.
En términos judiciales, eso no prueba nada.
WhatsApps que no cuadran con las llamadas
Mazón sostuvo públicamente que llamó a Feijóo el día de la DANA. Incluso entregó una lista con dos llamadas. Feijóo respondió que no las cogió, que Mazón “no le coge el teléfono”.
Pero aquí está el nudo del escándalo:
📌 Los WhatsApps entregados no encajan con esa versión.
📌 Los horarios no cuadran.
📌 Los mensajes no explican las llamadas.
Y cuando los datos no encajan, lo que falla no es la tecnología. Falla el relato.
“Gracias, presi. Luego te cuento”: mensajes que desmontan la coartada
Entre los mensajes conocidos hay uno especialmente delicado:
“Gracias, presi. Luego te cuento. Estábamos desbordados.”
Y otro, cerca de la medianoche, donde Mazón reconoce que ya tenían ayuda del Gobierno, incluida la UME, algo que posteriormente negó públicamente en repetidas ocasiones.
Esto dinamita dos versiones a la vez:
Que no se sabía la gravedad hasta la madrugada.
Que el Gobierno no había reaccionado.
Si a las 20:00 ya se sabía y si la ayuda ya estaba en marcha, ¿por qué se sostuvo lo contrario durante meses?
La sombra del borrado: lo que no se puede demostrar
Sin acceso al dispositivo original, nadie puede asegurar que los mensajes entregados sean todos. Así lo explican los expertos jurídicos:
Sin pericial → no hay certeza.
Sin terminal → no hay rastro.
Sin copia forense → puede haberse borrado todo.
En otras palabras:
🔴 Feijóo podría haber borrado mensajes y no dejar ninguna huella.
Y eso convierte su entrega en una maniobra política, no judicial.
Mazón, Feijóo y la cadena de mentiras
A estas alturas, hay algo que ya no admite discusión:
👉 Mintió Mazón.
👉 Mintió Feijóo.
Mintieron cuando dijeron que no había llamadas.
Mintieron cuando dijeron que no se sabía la magnitud de la tragedia.
Mintieron cuando afirmaron que todo se supo de madrugada.
La información estaba ahí antes, pero el discurso público fue otro.
El precio del silencio: cargos, sueldos y blindajes
Mientras las víctimas esperaban explicaciones, el sistema se protegía a sí mismo. Mazón estiró los tiempos para asegurar sus derechos como expresident:
Sueldo elevado.
Oficina propia.
Chófer.
Asesores.
Entre ellos, su colaborador más cercano, su compañero de piso y de confidencias: Cuenca, nombrado asesor con un salario que podría alcanzar los 58.000 euros anuales.
No es un detalle menor. Es el cierre del círculo.
Medios pagados, relatos sostenidos
Y todo esto se produce en paralelo a la publicación de las partidas millonarias de publicidad institucional de la Generalitat Valenciana.
Las cifras hablan solas:
EDATV: decenas de miles de euros.
El Debate: más de 80.000 €.
OkDiario: más de 170.000 €.
EsDiario, Mediterráneo Digital, y otros: sumas constantes desde distintas consejerías.
Publicidad desde Presidencia, Sanidad, Educación, Justicia, Medio Ambiente…
Una lluvia de dinero público hacia medios que, casualmente, defendieron el relato oficial.
Cuando la propaganda sustituye a la verdad
La ecuación es simple y brutal:
👉 Mala gestión + mentiras + dinero público = relato protegido
Se paga para que se diga que todo se hizo bien.
Se paga para atacar a rivales políticos.
Se paga para enterrar preguntas incómodas.
Y mientras tanto, los mensajes reales, los que podrían aclararlo todo, siguen sin aparecer.
Un acto de fe que ya no convence
Hoy, los WhatsApps de Feijóo no son una prueba. Son una incógnita.
Una selección interesada.
Un relato incompleto.
La jueza tendrá que decidir si basta con creer o si exige hechos.
Pero políticamente, el daño ya está hecho.
Porque cuando un líder se contradice en cinco minutos,
cuando los mensajes no cuadran,
cuando el móvil cambia,
cuando el dinero fluye hacia ciertos medios,
👉 la credibilidad se evapora.
Epílogo: la verdad no se borra cambiando de móvil
Feijóo quiso presentarse como lo contrario a Pedro Sánchez.
Pero el resultado ha sido otro:
un dirigente atrapado en sus propias palabras,
enredado en su propio WhatsApp,
y rodeado de preguntas que ya no se pueden silenciar.
La verdad puede retrasarse.
Puede maquillarse.
Puede enterrarse bajo titulares pagados.
Pero no desaparece.
Y menos aún, cuando se contradice en directo.
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