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Una declaración que ha encendido todas las alarmas

Lo que ocurrió el día en que Alberto Núñez Feijóo declaró ante la jueza que investiga la DANA de Valencia ya no es solo una cuestión política. Ha pasado a ser una cuestión judicial.

Porque por primera vez un magistrado ha dicho públicamente lo que hasta ahora se susurraba en los pasillos:
si Feijóo mintió en sede judicial, podría haber cometido un delito de falso testimonio.

Y esa posibilidad ya no es teórica.


“En un juzgado no se puede mentir”

El magistrado entrevistado fue claro, sin rodeos y sin eufemismos:

“Cuando un testigo declara ante una jueza está obligado a decir la verdad. Si falta a la verdad, incurre en un delito de falso testimonio que puede conllevar incluso penas de prisión.”

La clave está aquí:
los políticos pueden mentir en ruedas de prensa, mítines o entrevistas.
Pero no pueden hacerlo ante una jueza.

Y Feijóo no estaba dando una entrevista.
Estaba declarando bajo juramento ante una magistrada que investiga la mayor tragedia reciente de la Comunitat Valenciana.


La mentira que lo llevó ante la jueza

Si Feijóo fue citado no fue por casualidad.
Fue por una frase que él mismo pronunció tras la DANA:

“El presidente de la Generalitat me ha informado en tiempo real desde el lunes.”

Esa afirmación fue clave porque implicaba algo gravísimo:
que Feijóo sabía lo que estaba ocurriendo durante las horas críticas…
y, por tanto, podía haber recibido información directa del sistema de emergencias.

Eso es lo que la jueza quería comprobar.


La versión que se derrumbó

Pero cuando Feijóo declaró ante la magistrada, su relato cambió.

De repente ya no estaba informado “en tiempo real”.
De repente no había llamadas.
De repente no había mensajes relevantes.
De repente todo se reducía a conversaciones genéricas, sin datos clave.

Es decir:
el propio Feijóo desmontó ante la jueza lo que había dicho ante el país.

Y eso es exactamente lo que activa la sospecha penal.

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Los 23 mensajes que lo retratan

El Partido Popular intentó defenderlo exhibiendo una cifra:
23 mensajes intercambiados entre Feijóo y Mazón.

Pero lejos de salvarlo, esos mensajes lo hunden.

Porque ninguno habla del S-Alert.
Ninguno habla de la gravedad real.
Ninguno menciona el colapso.
Ninguno refleja conciencia de que se estaba produciendo una catástrofe histórica.

En uno de los últimos, Feijóo pregunta si hay víctimas.
Mazón responde que sí, que empiezan a aparecer muertos.

Y ahí se acaba.

Ni una pregunta más.
Ni una llamada.
Ni una exigencia.
Ni una acción.


Dos horas y cuarto de silencio

El dato que más ha indignado a la opinión pública es este:

Durante dos horas y cuarto, Feijóo estuvo en una gala del Teatro Real mientras Mazón le enviaba mensajes pidiendo ayuda porque la situación estaba desbordada.

Dos horas y cuarto sin responder.
Dos horas y cuarto mientras había desaparecidos.
Dos horas y cuarto mientras se rescataban cuerpos.

Y luego, días después, dijo que había sido informado “en tiempo real”.


El problema del móvil

Cuando la jueza pidió los mensajes, Feijóo entró en una espiral de contradicciones.

Primero dijo que no borraba mensajes.
Después dijo que había cambiado de móvil.
Luego dijo que no sabía que se los iban a pedir.

Todo en cuestión de minutos.

La duda que queda es devastadora:
¿entregó todo o solo lo que le convenía?


La acusación más grave: una mentira construida

La periodista Laura Ballester fue tajante:

Feijóo sostuvo ante la jueza los mismos bulos que ya habían sido desmontados por los tribunales:
que AEMET no informó,
que la Confederación del Júcar no alertó,
que el Estado falló.

Pero la Audiencia de Valencia había confirmado justo el día anterior que sí hubo información,
que sí hubo avisos,
y que sí hubo miles de llamadas al 112.

La jueza incluso cortó a Feijóo cuando intentó convertir su declaración en un mitin contra el Gobierno.


Salvar a Mazón, cueste lo que cueste

Todo encaja en una misma lógica:
Feijóo necesitaba salvar a Mazón.

Y para hacerlo construyó un relato:
yo estaba informado,
el Gobierno no hizo nada,
el Estado falló.

Ese relato no estaba basado en hechos.
Estaba basado en una estrategia.

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“Feijóo el mentiroso”

La ministra Diana Morant lo dijo sin rodeos:

“La mentira de Feijóo fue deliberada. Sabía que no estaba informado. Mintió para salvar a Mazón y para salvarse a sí mismo.”

Y añadió algo aún más duro:

“Mientras había familias buscando a sus desaparecidos, Feijóo estaba fabricando un relato falso para ganar la batalla mediática.”


De la política al juzgado

Y aquí está la línea roja que ahora se ha cruzado.

Una cosa es mentir en política.
Otra muy distinta es mentir ante una jueza.

El magistrado lo dejó claro:
si la jueza demuestra que Feijóo declaró algo que sabía que era falso,
puede ser imputado por falso testimonio.

Y eso no es una metáfora.
Eso es Código Penal.

 


El momento en que todo se rompe

Cuando Feijóo salió de declarar y los periodistas le preguntaron, se puso nervioso, se enredó con los días, se contradijo otra vez.

Porque las mentiras, como dijo Morant, tienen las patas muy cortas.

Y esta ya no puede sostenerse.


La verdadera tragedia

La DANA dejó más de 230 muertos.
Pero ha dejado también algo más:
la prueba de cómo una tragedia fue usada como arma política.

Mientras la gente moría,
alguien escribía mensajes pensando en el relato.

Y ahora una jueza está leyendo esos mensajes.

Y preguntándose quién dijo la verdad.
Y quién no.