
La comparecencia de Alberto Núñez Feijóo en la comisión de investigación del Congreso sobre la DANA de Valencia terminó convertida en una de las sesiones más tensas y políticamente destructivas de su liderazgo. Lo que debía ser un trámite defensivo se transformó en un interrogatorio demoledor, donde el presidente del Partido Popular quedó atrapado en sus propias contradicciones, acorralado por los mensajes de WhatsApp con Carlos Mazón y señalado directamente como “cómplice necesario” y “encubridor político” de una gestión que dejó 230 muertos y casi un millón de personas afectadas.
Durante más de cinco horas, Feijóo intentó sostener una línea de defensa basada en dos ejes:
Que no tenía competencias sobre la gestión de la emergencia.
Que la responsabilidad principal era del Gobierno de Pedro Sánchez.
Pero la estrategia se vino abajo cuando los diputados leyeron en voz alta sus propios mensajes, sus declaraciones pasadas y los artículos internos de los estatutos del PP que lo definen como máxima autoridad política y orgánica del partido.
La escena fue clara: Feijóo no pudo negar los hechos, solo reinterpretarlos.
Un líder sin liderazgo: la paradoja Feijóo

Uno de los momentos más incómodos llegó cuando se le recordó el artículo 44 de los Estatutos del Partido Popular, que establece que el presidente del partido es el máximo responsable político y legal de la organización, con capacidad para coordinar la acción política y exigir ejemplaridad a todos los cargos.
La pregunta fue directa:
“¿Usted tenía capacidad política y orgánica sobre Carlos Mazón?”
Feijóo respondió con un rodeo técnico: competencias administrativas, Estatuto de Autonomía, separación entre partido y gobierno autonómico. Pero el diputado insistió:
“No le hablo como presidente autonómico, le hablo como cargo orgánico. Usted es la máxima autoridad del PP.”
La contradicción quedó expuesta:
Feijóo quiere ser presidente del Gobierno, pero renuncia a liderar políticamente cuando su propio partido gestiona una catástrofe mortal.
Y entonces llegó la pregunta que lo descolocó:
“¿Para qué sirve el presidente del Partido Popular si no es para liderar y marcar una hoja de ruta compartida?”
No hubo respuesta clara. Solo evasivas.
El WhatsApp que lo condena: “lidera comunicativamente”
El núcleo del escándalo está en los 23 mensajes de WhatsApp intercambiados entre Feijóo y Mazón la tarde-noche del 29 de octubre.
En el más polémico, Feijóo escribe:
“Ánimo, lidera informativamente como hiciste con el incendio.”
Ese mensaje se convirtió en símbolo de toda la sesión.
Porque mientras la gente se ahogaba, desaparecía o quedaba atrapada, el líder de la oposición no recomendaba:
pedir ayuda militar,
coordinar rescates,
elevar el nivel de emergencia.
Lo que recomendaba era controlar el relato.
El diputado fue implacable:
“No le aconseja salvar vidas, le aconseja gestionar la comunicación.”
Y remató:
“Eso demuestra que estaban más interesados en salvar la cara que en salvar a la gente.”
Feijóo intentó defenderse diciendo que “liderar informativamente” era dar datos, tranquilizar a la población. Pero el contexto lo destruye:
en ese mismo chat, Mazón le dice que el Gobierno central ya les había dado todo lo que necesitaban.
Y, aun así, durante meses, Feijóo sostuvo públicamente que Valencia fue abandonada por el Estado.
La mentira del “tiempo real”
Otro de los momentos más graves fue cuando se le recordó una de sus frases más repetidas tras la tragedia:
“Mazón me estuvo informando en tiempo real desde el lunes 28.”
Pero los mensajes oficiales muestran otra cosa:
Primer contacto real: martes 29 a las 19:59.
No hay llamadas, solo WhatsApp.
No hay constancia de información previa.
El diputado fue directo:
“Usted mintió para simular una preocupación previa que no existió.”
Feijóo respondió que fue un lapsus, que confundió martes con miércoles, que no podía mentir porque había entregado voluntariamente los mensajes.
Pero la comisión no evaluaba intenciones, sino hechos:
Dijo que estaba informado en tiempo real.
No lo estaba.
Lo sostuvo durante meses.
Eso, en política, tiene un nombre: mentira pública.
La ausencia de Mazón y el Ventorro

Uno de los datos más demoledores fue la ausencia de Carlos Mazón durante más de cinco horas del CECOPI, el centro de coordinación de emergencias, en el momento más crítico de la catástrofe.
Mientras el país se inundaba, Mazón estaba:
en el Ventorro,
fuera del gabinete de crisis,
sin dirigir personalmente la emergencia.
La pregunta fue demoledora:
“¿Usted habría hecho lo mismo en Galicia?”
Feijóo respondió con una fórmula genérica:
“Ninguna administración estuvo al nivel exigible.”
Pero la jueza ya había dicho lo contrario:
que había información suficiente,
que la competencia estaba clara,
que la responsabilidad principal era autonómica.
Feijóo, una vez más, se refugió en Sánchez, en la Confederación Hidrográfica, en la delegada del Gobierno.
Pero no respondió lo esencial: ¿cómo es posible que defendiera durante meses a un presidente ausente en la mayor catástrofe de su comunidad?
“Encubridor político”: la acusación final
El momento más duro llegó al final, cuando el diputado formuló la acusación directa:
“Usted ha sido cómplice necesario durante un año de las mentiras del señor Mazón.”
“Ha actuado más como encubridor de una gestión negligente y homicida que como líder político responsable.”
No fue una frase al aire. Fue una conclusión construida con:
los WhatsApps,
las declaraciones públicas,
la negativa a exigir dimisiones,
el bloqueo a las víctimas en el Senado.
Porque mientras Feijóo hablaba de competencias,
las víctimas siguen sin poder declarar en las comisiones de investigación.
Las víctimas silenciadas
Una de las preguntas más incómodas fue esta:
“¿Por qué siguen vetando que los familiares de las víctimas comparezcan en el Senado y en las Corts Valencianes?”
Feijóo no respondió.
Desvió el tema a RTVE, a plenos parlamentarios, a cuestiones ajenas.
Pero el dato es demoledor:
El PP controla la mayoría de esas comisiones.
El PP decide quién comparece.
Y las víctimas no han tenido voz directa.
En términos políticos, el mensaje es brutal:
se protege el relato, no a las personas.
El refugio eterno: Pedro Sánchez

Cada vez que Feijóo se quedaba sin salida, aparecía el mismo recurso:
Pedro Sánchez.
Sánchez no fue a un funeral.
Sánchez no envió suficientes medios.
Sánchez salió corriendo de Paiporta.
Sánchez no cumplió.
Pero la comisión no investigaba a Sánchez.
Investigaba la gestión de la DANA en Valencia y el papel del líder del PP.
Y ahí estaba el problema:
Feijóo no compareció como líder,
compareció como opositor permanente incluso cuando se hablaba de muertos.
El retrato final: un líder atrapado en su propio relato
Lo que dejó esta sesión no fue una respuesta, sino un retrato:
Un Feijóo que dice no tener competencias, pero quiere gobernar España.
Un Feijóo que pide liderar la comunicación, no la emergencia.
Un Feijóo que afirma estar informado en tiempo real, pero no lo estaba.
Un Feijóo que defiende a Mazón durante un año, hasta que dimite.
Un Feijóo que habla de honorabilidad, pero bloquea a las víctimas.
Y sobre todo:
un Feijóo que, ante 230 muertos, prefirió hablar de Sánchez antes que de Mazón.
Epílogo: cuando la política se vuelve moral
Esta comisión no fue solo un juicio político.
Fue un juicio moral.
Porque la pregunta de fondo no era jurídica, ni técnica, ni competencial.
Era mucho más simple:
¿Qué hace un líder cuando su partido gobierna una tragedia con cientos de muertos?
Feijóo eligió:
no exigir dimisiones,
no asumir errores,
no cambiar el relato,
no escuchar a las víctimas.
Eligió proteger al partido antes que defender la verdad.
Y en política, cuando eso ocurre, el problema ya no es de competencias.
Es de credibilidad.
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