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El error que nadie vio venir… y que lo cambió todo

En uno de los momentos más delicados del tablero internacional, cuando el Gobierno confiaba en que la crisis de Venezuela y la escalada verbal de Donald Trump reordenaran las alianzas internas, Alberto Núñez Feijóo cometió un error difícil de explicar.
Un gol en propia puerta.
Un regalo inesperado de oxígeno a La Moncloa.

Con el mundo al borde de una nueva era de bloques, Feijóo dejó entrever que, de haber sido presidente, habría preferido posar en la Pascua Militar antes que sentarse con líderes mundiales para discutir cómo defender Groenlandia, cómo garantizar la paz en Ucrania o cómo responder a la crisis venezolana.

La reacción fue inmediata. Y devastadora.


Óscar Puente estalla y el relato se rompe

Quién es Óscar Puente

El ministro Óscar Puente no ocultó su indignación. En el Gobierno, la sensación fue unánime: el líder del PP acababa de desconectarse del mundo real.
No se trataba de un gesto simbólico ni de una cumbre menor. De esa reunión salieron decisiones que marcarán la agenda europea en las próximas semanas.

La ironía no pasó desapercibida. En agosto de 2025, Feijóo había acusado a Pedro Sánchez de estar “amortizado internacionalmente” porque no fue invitado a una videoconferencia sobre Ucrania. Hoy, ese mismo Feijóo despreciaba una cita clave mientras Sánchez lideraba conversaciones estratégicas en París.


La incoherencia que persigue al líder del PP

El contraste se volvió aún más incómodo cuando se recordó que el propio Feijóo plantó al rey en la inauguración del año judicial, alegando que no podía avalar la actuación de un fiscal general que ni siquiera había sido condenado.

Ahora, el mismo dirigente hablaba de “falta de respeto institucional” por no acudir a la Pascua Militar.
La palabra empezó a circular en voz baja, pero cada vez con más fuerza: incoherencia.


Sánchez toma la iniciativa: tropas, Europa y liderazgo

Sánchez se abre al envío de tropas a Ucrania y buscará el aval del Congreso

Mientras el PP se enredaba en contradicciones, Pedro Sánchez avanzaba.
Desde París, tras la cumbre de países que apoyan a Zelenski, el presidente anunció que abrirá una ronda de contactos con los partidos para debatir el envío de tropas españolas a Ucrania como garantía de una hipotética paz.

Hasta ahora, Moncloa había evitado el debate. Pero el posible alto el fuego ha cambiado las reglas. Sánchez defiende no solo una implicación militar condicionada, sino también un compromiso con la reconstrucción económica de Ucrania.

Europa, dijo, se juega su destino.


Venezuela y Groenlandia: el espejo de una nueva era

El debate se amplió rápidamente. Analistas y corresponsales coincidieron en un punto inquietante: la intervención de Estados Unidos en Venezuela legitima, por reflejo, otras agresiones.
Groenlandia dejó de ser una excentricidad retórica de Trump para convertirse en una amenaza real.

Desde Washington, asesores cercanos al expresidente estadounidense admitieron que no se descarta la intervención militar para controlar el territorio danés, considerado “prioridad de seguridad nacional”.

Sánchez anuncia 1.000 millones de euros en ayudas a Ucrania

La respuesta europea fue clara. España, Francia, Alemania, Polonia, Italia y Reino Unido cerraron filas en defensa de la soberanía de Dinamarca. Sánchez fue tajante:
“No lo podemos aceptar. No nos vamos a callar”.


Europa frente al abismo

Expertos coinciden: si Estados Unidos ataca un territorio vinculado a un país de la OTAN, la Alianza Atlántica deja de existir tal y como la conocemos.
El debate ya no es teórico. Es existencial.

Autonomía energética.
Defensa común.
Ejército europeo.

Conceptos que hasta hace poco parecían lejanos hoy se discuten con urgencia. Porque lo que está en juego —advierten— no es solo Ucrania, Venezuela o Groenlandia, sino la supervivencia misma de Europa como actor político.


El silencio del PP y Vox, bajo sospecha

Mientras tanto, una ausencia retumbó en el debate público: el silencio del Partido Popular y de Vox ante las amenazas de Trump.
Para algunos analistas, callar en este contexto equivale a asentir.

La acusación es dura, pero gana espacio: sectores de la derecha europea estarían alineados con una lógica de zonas de influencia, donde la fuerza sustituye al derecho.


Epílogo: un liderazgo en disputa

El contraste es brutal.
Feijóo, atrapado en errores y contradicciones.
Sánchez, moviéndose en el tablero europeo, marcando perfil internacional.

La política española ya no se juega solo en Madrid.
Se decide en París, en Kiev, en Caracas… y en el Ártico.

Y esta vez, el que parpadea primero, pierde.