
Cuando Feijóo invoca las raíces: la cultura cristiana vuelve al centro del discurso del PP europeo
Alberto Núñez Feijóo no eligió las palabras al azar. En un momento de máxima fragmentación política, de crisis de identidad en la Unión Europea y de desgaste del debate público, el líder del Partido Popular decidió volver a una idea que incomoda a algunos, tranquiliza a otros y despierta polémica casi de forma automática: la cultura cristiana como uno de los pilares ideológicos del proyecto político del PP y, por extensión, del propio proyecto europeo.
No fue un gesto improvisado ni un guiño retórico sin consecuencias. Fue una declaración de intenciones. Y también una señal clara del rumbo que Feijóo quiere marcar para su partido en un contexto de competición feroz con la izquierda, de presión por la derecha y de un electorado cada vez más cansado de discursos vacíos.
Europa, identidad y batalla cultural
Feijóo situó su mensaje en un marco cuidadosamente elegido: Europa. No habló solo de España, ni siquiera únicamente del Partido Popular español. Habló del Partido Popular Europeo (PPE), al que definió como “el gran partido de Europa”. Y lo hizo no solo por razones electorales, sino por razones morales y culturales.
Según el líder popular, el éxito del PPE no se explica únicamente por los resultados en las urnas, sino porque sus valores coinciden con aquellos que dieron origen al proyecto europeo tras la Segunda Guerra Mundial: la libertad, la paz, la democracia, la sostenibilidad, la defensa del Estado de derecho… y la tradición y cultura cristiana.
La inclusión explícita de este último elemento no es menor. En un continente que debate constantemente sobre laicidad, multiculturalismo y relativismo cultural, mencionar las raíces cristianas de Europa sigue siendo un tema sensible. Para algunos, es una evidencia histórica. Para otros, una provocación ideológica.
El PP y la reivindicación de lo que fue obvio
Feijóo no presentó la cultura cristiana como una imposición religiosa ni como un programa confesional. Su discurso se cuidó de subrayar que se trata de una herencia cultural, ética y civilizatoria. Una matriz histórica que, según su visión, ha moldeado conceptos fundamentales como la dignidad humana, los derechos individuales, la separación de poderes o la idea misma de libertad.
En este punto, el líder popular recupera un argumento clásico del europeísmo conservador: Europa no puede entenderse sin el cristianismo, del mismo modo que no puede entenderse sin la Ilustración, el humanismo o el derecho romano. Negar una de estas raíces, sostiene implícitamente, empobrece el relato común.
Este enfoque conecta con una parte del electorado que percibe que la política contemporánea ha renunciado a defender cualquier referencia cultural sólida, sustituyéndola por un discurso tecnocrático o identitario fragmentado.
Un mensaje con destinatarios claros
Aunque Feijóo habló de Europa, su mensaje tenía destinatarios internos muy concretos. Por un lado, el electorado tradicional del PP, que durante años ha sentido que su partido evitaba ciertos temas por miedo a la polémica. Por otro, los votantes desencantados que han migrado hacia opciones más duras en lo cultural, convencidos de que el PP había abandonado la batalla ideológica.
Al reivindicar la cultura cristiana sin complejos, Feijóo intenta recuperar espacio político sin caer —al menos en su formulación— en discursos excluyentes o radicalizados. La línea es delicada: afirmar raíces sin convertirlas en arma arrojadiza.
Europa frente a sus propias contradicciones
El discurso también llega en un momento crítico para la Unión Europea. La guerra en Ucrania, la crisis energética, el auge de los populismos, la inmigración desordenada y el debilitamiento del consenso liberal han reabierto preguntas fundamentales: ¿qué es Europa?, ¿qué valores defiende?, ¿qué límites tiene la tolerancia?
En este contexto, la referencia a la tradición cristiana funciona como una respuesta identitaria frente a la sensación de deriva. No tanto como una vuelta al pasado, sino como un ancla simbólica en medio de la incertidumbre.
Feijóo sugiere que sin una base ética compartida, Europa corre el riesgo de convertirse en un mero mercado sin alma, incapaz de defender sus principios frente a desafíos internos y externos.
La reacción inevitable: polémica y simplificación

Como era previsible, las palabras de Feijóo no pasaron desapercibidas. Desde sectores de la izquierda y del progresismo cultural se interpretaron como un retroceso, una concesión al conservadurismo moral o incluso un intento de blanquear posiciones reaccionarias.
Sin embargo, el líder popular no habló de imponer creencias ni de limitar derechos. Habló de valores fundacionales. La polémica revela más sobre la dificultad de debatir serenamente sobre identidad en la Europa actual que sobre el contenido literal de sus palabras.
El PP español dentro del engranaje europeo
Feijóo insistió en que el Partido Popular español es uno de los más europeístas del continente. No solo por su pertenencia al PPE, sino porque España sigue siendo, según él, una sociedad que se identifica mayoritariamente con el proyecto europeo.
Esta afirmación no es casual. En un momento en que algunos partidos coquetean con el euroescepticismo o la confrontación permanente con Bruselas, el PP busca presentarse como una fuerza de estabilidad, continuidad y pertenencia al núcleo duro europeo.
La apelación a los valores cristianos se integra así en una narrativa de moderación institucional, no de ruptura.
¿Estrategia o convicción?
La gran pregunta que queda en el aire es si este giro discursivo responde a una convicción profunda o a una estrategia política. Probablemente, a ambas cosas. Feijóo es consciente de que el PP necesita recuperar perfil ideológico sin perder su imagen de partido de gobierno.
Reivindicar la cultura cristiana como raíz cultural, y no como dogma, le permite ocupar un espacio que había quedado desatendido, sin cruzar líneas que podrían alienar a votantes moderados.
Una Europa que busca relato
Más allá del PP, el debate abierto por Feijóo apunta a una cuestión mayor: Europa necesita un relato compartido. Durante años, ese relato se sostuvo sobre la prosperidad económica y la integración institucional. Hoy, esos pilares ya no bastan.
La apelación a las raíces —sean culturales, éticas o históricas— es un intento de reconstruir sentido en un momento de fatiga colectiva. La cuestión no es si Europa debe ser cristiana, laica o multicultural, sino si puede seguir avanzando sin una narrativa común que explique por qué existe y hacia dónde va.
Palabras que no caen en vacío
Las palabras de Feijóo no son neutrales, ni pretendían serlo. En un escenario político cada vez más polarizado, reivindicar la cultura cristiana como pilar europeo es una forma de marcar posición sin gritar, de provocar debate sin romper consensos básicos.
El tiempo dirá si este discurso se consolida como eje del PP o queda como un gesto puntual. Pero una cosa es clara: cuando Feijóo invoca las raíces, no habla solo del pasado. Habla del tipo de Europa y del tipo de política que quiere construir en el futuro.
News
Un testigo rompe el guion, un nombre que nadie quiere pronunciar y una cadena de silencios que ya no encaja: el caso de Móstoles empieza a dibujar una red mucho más grande de lo que el PP de Madrid estaba dispuesto a admitir.HH
El testigo que “tiró de la manta” y el hilo que conduce al corazón del poder Hay momentos en la…
Las dos horas que nadie logra reconstruir, unos escoltas que rompen el silencio y una tarde que ya no encaja con el relato oficial: el día clave de Mazón empieza a parecer mucho más largo de lo que se había contado.HH
Las horas en blanco de Mazón: la cronología que desmonta su relato Año y medio después de la tragedia de…
Una encuesta que incomoda, un bloque que se fragmenta y un liderazgo que empieza a perder suelo bajo los pies: en la derecha española algo se mueve, pero no en la dirección que esperaba Génova.HH
Cuando la derecha gana… pero empieza a perder Durante años, el Partido Popular ha construido su estrategia política sobre una…
Un nombre que se repite en los pasillos, unos mensajes que nadie quiere mostrar y una denuncia que incomoda a demasiados despachos: en Madrid algo se mueve bajo la superficie, el partido guarda silencio, los focos cambian de dirección y la historia empieza a girar no alrededor del acusado, sino de quienes decidieron mirar hacia otro lado.HH
Madrid bajo tensión: cuando una denuncia deja de ser un caso aislado y se convierte en un problema de sistema…
Un comentario que nadie quiere explicar, una noche incómoda en prime time y una periodista que deja de sonreír frente a las cámaras: algo se desata en la televisión española, RTVE activa sus alarmas internas y el silencio alrededor de ciertos nombres empieza a sonar más fuerte que cualquier acusación directa.HH
Una noche incómoda en televisión: cuando el debate deja de ser debate y se convierte en territorio de choque Durante…
Una encuesta que nadie quiere comentar, un silencio extraño en Génova y un nombre que empieza a desaparecer de los pasillos del poder: dentro del PP algo se rompe sin hacer ruido, el liderazgo se diluye lentamente y la pregunta ya no es quién manda, sino quién sigue fingiendo que manda.HH
Génova en pánico: Alsina dispara y el liderazgo de Feijóo entra en zona crítica Lo que ocurrió en los micrófonos…
End of content
No more pages to load






