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La filtración de una cadena de correos electrónicos ha provocado un auténtico terremoto político en Madrid y en la dirección nacional del Partido Popular. Los mensajes, enviados por una exconcejala de Móstoles al entorno directo de Isabel Díaz Ayuso, contradicen la versión oficial del PP y apuntan a que sí existió una denuncia interna por presunto acoso sexual y laboral contra el alcalde del municipio, Manuel Bautista, una figura estrechamente ligada a la presidenta madrileña.

El caso no solo cuestiona la gestión interna del PP ante denuncias de acoso, sino que también ha reabierto un debate incómodo: ¿están los partidos políticos realmente preparados para proteger a las víctimas dentro de sus propias estructuras?

Un nombre clave: Manuel Bautista, el hombre de confianza de Ayuso

Manuel Bautista no es un alcalde cualquiera. Fue un candidato impuesto directamente por Isabel Díaz Ayuso en las elecciones municipales de 2023, contra la opinión de buena parte del partido en Móstoles. Procedente de la Consejería de Educación, donde había ocupado un cargo como viceconsejero de Infraestructuras en una etapa hoy investigada judicialmente por el escándalo de la FP, Bautista aterrizó en el municipio como un “paracaidista político”.

Pese a las resistencias internas, ganó las elecciones y se convirtió en uno de los hombres de máxima confianza de Ayuso, parte de su núcleo duro. Esa cercanía explica, según la oposición, el blindaje político que ha recibido desde que estalló el escándalo.

Nueve correos en ocho meses: una petición de auxilio ignorada

Según ha revelado El País, la exconcejala envió hasta nueve correos electrónicos durante ocho meses al gabinete de Ayuso, solicitando amparo y una reunión personal con la presidenta. El primero data del 26 de febrero de 2024. En él, la edil quería explicar “en primera persona” la grave situación laboral que sufría desde mayo de 2023.

En esos mensajes, la mujer relataba que, durante la campaña electoral, comenzó a recibir comentarios de tipo sexual y proposiciones explícitas por parte del alcalde. Tras rechazar esas conductas, asegura que empezó un proceso de marginación laboral y presión psicológica.

La respuesta del equipo de Ayuso fue siempre la misma: la presidenta no podía recibirla por motivos de agenda. En su lugar, fue citada con Alfonso Serrano y Ana Millán, número dos y tres del PP madrileño.

Según la propia afectada, en esas reuniones le reconocieron que lo suyo “era un acoso de manual”, pero al mismo tiempo la presionaron para que no acudiera a los tribunales.

El protocolo que nunca se activó

En uno de los correos, la concejala solicitó formalmente la apertura del protocolo de prevención y actuación frente a todo tipo de acoso, tal y como establece la normativa interna del partido. Sin embargo, ese protocolo nunca se activó.

El 23 de septiembre de 2024, ya con abogado, envió un nuevo escrito en el que hablaba explícitamente de presunto acoso sexual y profesional. Preguntaba por qué, tras dos reuniones, no se habían adoptado medidas preventivas ni se había abierto ninguna investigación real.

Ante la falta de respuestas, en octubre la concejala entregó su acta, se dio de baja como militante del PP y presentó una denuncia ante la dirección nacional, que fue archivada por “falta de pruebas”.

El PP: “Es una disputa laboral, no hay acoso”

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La versión oficial del Partido Popular es radicalmente distinta. Tanto el PP madrileño como la dirección nacional sostienen que en los correos “en ningún momento se hablaba de acoso sexual”, sino de una mera disputa laboral dentro de un grupo municipal.

El alcalde de Móstoles niega las acusaciones, descarta dimitir y afirma que nunca hubo denuncia judicial. Según el PP, el Comité de Derechos y Garantías abrió un expediente interno, pidió pruebas y, al no recibirlas, archivó el caso.

Alberto Núñez Feijóo ha cerrado filas con Ayuso y con Bautista:

“Después de investigar el expediente, se consideró que no estaba probada esa conducta”.

Pero esta afirmación ha sido duramente cuestionada por juristas, periodistas y representantes de la oposición.

Una investigación sin la víctima

La principal crítica es demoledora: el expediente interno se cerró sin escuchar a la denunciante. Según varias fuentes, el comité solo tomó declaración al alcalde y nunca citó formalmente a la exconcejala para contrastar su versión.

Además, el expediente se cerró cuando ella ya había abandonado el partido, lo que el PP utiliza como argumento para justificar que no siguieran investigando.

Para muchos expertos, esto invalida cualquier pretensión de rigor:

“No se puede investigar un caso de acoso escuchando solo a una de las partes. Eso no es una investigación, es una coartada”, señalan desde la oposición.

El paralelismo con el caso Nevenca

Uno de los aspectos más inquietantes del debate es el paralelismo con el caso de Nevenca Fernández, la concejala de Ponferrada que denunció acoso sexual hace 25 años y fue brutalmente cuestionada, desacreditada y abandonada políticamente.

El mismo relato se repite ahora: la mujer ambiciosa, la denunciante vengativa, la que quiere arruinar la carrera de un “hombre decente”.

Exactamente el mismo argumentario.

Feijóo y “el deber de denunciar”

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La polémica se intensificó cuando Feijóo afirmó que las mujeres tienen el “deber de denunciar”. Una frase que fue interpretada como una forma de trasladar la responsabilidad a las víctimas.

Las reacciones no se hicieron esperar:

“El deber no es de las mujeres. El deber es de las organizaciones, de crear condiciones seguras para que puedan denunciar sin miedo”, replicaron desde la oposición.

Para muchas analistas, esa frase demuestra que, en pleno 2025, los partidos siguen sin entender los mecanismos reales del silencio, el miedo y la dependencia dentro de las estructuras de poder.

 

Un problema sistémico, pero con responsables concretos

Aunque algunos intentan presentar el caso como un problema general de todos los partidos, lo cierto es que este episodio tiene nombres y apellidos: Isabel Díaz Ayuso, Manuel Bautista y Alberto Núñez Feijóo.

No se trata de un debate abstracto sobre protocolos, sino de una pregunta muy concreta:

¿Por qué una mujer pidió ayuda durante ocho meses, envió nueve correos, habló con la cúpula del partido y nadie activó ningún mecanismo real de protección?

El verdadero escándalo no son los correos, sino el silencio

Más allá de si los hechos terminarán o no en una condena judicial, el escándalo ya está completo en el plano político y moral.

Porque incluso en la versión más favorable al PP, lo que queda demostrado es que:

La presidenta no recibió a la víctima.

Sí recibió al presunto agresor.

No se activó ningún protocolo.

No se escuchó a la denunciante.

Se cerró el expediente sin investigación real.

Y eso, para muchos, es el auténtico bombazo. No los correos filtrados, sino el silencio institucional que los rodeó durante meses.