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Cuando la Justicia se convierte en arma política

Baltasar Garzón no habló como un tertuliano.
Habló como lo que es: un jurista que conoce el sistema desde dentro.

Y lo que describió fue inquietante: una estrategia sistemática para utilizar tribunales, denuncias y titulares judiciales como armas de combate político.

El último ejemplo es, según Garzón, la denuncia presentada contra el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, a quien sectores del Partido Popular y de la derecha mediática han llegado a vincular con narcotráfico, terrorismo y tramas criminales en Venezuela.

“Son palabras muy gruesas, conceptos muy graves. No se puede degradar hasta ese punto a las instituciones”, advirtió.

Garzón fue demoledor:
no existe ni siquiera una fianza,
no existe una investigación sólida,
no existe sustento jurídico real.

Solo existe ruido.


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La ofensiva contra Zapatero tiene un objetivo claro:
convertir su labor de mediación humanitaria en Venezuela en una supuesta conspiración criminal.

Garzón recordó que el propio presidente de la Asamblea Nacional venezolana y familiares de presos políticos han agradecido públicamente a Zapatero su intervención para lograr liberaciones.

“Es una labor humanitaria. Nadie le obligó. Es justo reconocer su valor.”

Pero en España, explicó, todo lo que tenga la palabra “Venezuela” se usa como arma arrojadiza, aunque se trate de salvar vidas.


La derecha y el error Trump

Garzón también señaló cómo el Partido Popular y Vox se han quedado descolocados tras comprobar que Donald Trump no ha impuesto a María Corina Machado ni ha derrocado al chavismo, como habían prometido sus altavoces.

Trump, dijo, no actúa por principios democráticos sino por pragmatismo empresarial: tensa la cuerda y luego la afloja.

Y la derecha española había construido toda una narrativa sobre una intervención que nunca llegó.


La bomba: Feijóo reconoció que mintió

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Pero el momento más grave llegó cuando Garzón abordó lo ocurrido en Valencia.

Alberto Núñez Feijóo, ante la jueza de la DANA, reconoció que no estaba informado en tiempo real, como había afirmado públicamente dos días después de la tragedia.

Eso, para Garzón, no es un error menor.

“Cuando se hace una afirmación de ese calibre, siendo jefe de la oposición, se tiene que ser consciente de lo que se dice. Decir que algo ocurrió cuando no sucedió es una irresponsabilidad política y ética.”

Y algo más:
revela una intención de proteger a alguien.

Ese alguien era Carlos Mazón.


Proteger a Mazón por encima de las víctimas

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Garzón fue muy claro:

Feijóo construyó un relato de conexión permanente con Mazón para blindar políticamente al presidente valenciano, incluso cuando aún no se conocía el alcance penal de su gestión.

“Eso conduce a la pérdida de credibilidad del Partido Popular y de su líder. Se puso por delante la protección corporativa antes que la defensa de las víctimas.”

Y recordó que Mazón es aforado, por lo que la jueza aún no ha podido decidir si lo imputa.


De la mentira política al riesgo judicial

La gravedad es doble.

Porque una cosa es mentir en política.
Y otra muy distinta es hacerlo ante una jueza.

Feijóo no estaba en un mitin.
Estaba en una declaración judicial.

Y como ya han advertido magistrados, el falso testimonio es delito.


El mundo sin reglas

Garzón amplió el foco hacia el escenario internacional.

Lo ocurrido con la detención ilegal de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses es, según él, una ruptura del orden mundial.

“Se han violado las normas internas de Estados Unidos y las normas internacionales. Es un secuestro.”

Ni la inmunidad soberana ni la Carta de Naciones Unidas permiten algo así sin autorización del Consejo de Seguridad o del Tribunal Penal Internacional.


El cartel inexistente

Garzón desmontó también uno de los pilares del relato estadounidense:
el supuesto “cártel de los soles”.

“No existe. No hay una sola prueba. Ni los propios informes de la DEA lo sostienen.”

Es una construcción propagandística para justificar una acción ilegal.


Una democracia en peligro

Para Garzón, Estados Unidos ya no es el modelo democrático que fue.

El ataque a la Corte Penal Internacional,
las sanciones a jueces,
el desprecio al derecho internacional…

Todo apunta a un deslizamiento hacia el autoritarismo.

 


España ante una encrucijada

Y en medio de ese caos internacional y de esa degradación institucional interna, España vive algo igualmente preocupante:

la judicialización como arma política.

Denuncias sin base.
Titulares sin pruebas.
Mentiras que cruzan la puerta de los juzgados.


El punto de no retorno

Garzón lo dijo con una frase que lo resume todo:

“Cuando se degrada la justicia, se degrada la democracia.”

Y hoy, entre bulos contra Zapatero y declaraciones falsas ante una jueza por la DANA, esa degradación ya no es una advertencia.

Es un hecho.