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GÉNOVA EN SHOCK: FILTRACIONES, TRUMP Y EL DESCOLOQUE QUE SACUDE A FEIJÓO Y AZNAR
Un vídeo filtrado, una apuesta fallida por Venezuela y una escena internacional que deja al Partido Popular contra las cuerdas.
El Partido Popular atraviesa uno de sus momentos más incómodos en política exterior desde hace años. En apenas 72 horas, Génova ha pasado de celebrar lo que interpretó como una “liberación” de Venezuela a enfrentarse a una cadena de contradicciones públicas, filtraciones incómodas y un giro de guion internacional que ha dejado a Alberto Núñez Feijóo y al expresidente José María Aznar en una posición difícil de explicar, dentro y fuera de España.
La difusión de un vídeo que circula en redes y en entornos políticos —y que desde el PP califican de “manipulado y descontextualizado”— ha actuado como detonante de una crisis más profunda: la evidencia de que la estrategia internacional de los populares ha quedado desalineada con la realidad geopolítica que impone Donald Trump.
La apuesta por María Corina Machado… y el portazo de Trump

Desde el primer momento, el PP fijó una posición clara: respaldar a María Corina Machado como figura central de la transición democrática en Venezuela. Alberto Núñez Feijóo lo expresó sin ambages en su cuenta de X y lo reiteró después en una carta dirigida a la militancia. El mensaje era nítido: la caída de Nicolás Maduro debía desembocar en un proceso liderado por la oposición venezolana reconocida en las urnas.
Sin embargo, la comparecencia posterior de Donald Trump desde Florida dinamitó esa narrativa. El presidente estadounidense se desmarcó explícitamente de Machado con una frase demoledora: “Es una mujer muy simpática, pero no tiene ni el apoyo ni el respeto del país”. A renglón seguido, Trump dejó claro que su interlocutora preferente sería Delcy Rodríguez, una figura directamente vinculada al chavismo.
El contraste fue devastador. En cuestión de horas, la posición del PP quedó en el aire, obligando a Feijóo a matizar, insistir y endurecer su discurso contra el Gobierno de Pedro Sánchez, mientras trataba de sostener una línea internacional que ya no coincidía ni con Washington ni con buena parte de Europa.
Génova en modo contención de daños
La reacción en la sede nacional del PP fue inmediata. Comunicado oficial, mensajes coordinados y una estrategia clara: trasladar la responsabilidad del “desorden internacional” al Ejecutivo de Sánchez. Según fuentes populares, el Gobierno español “se sitúa en el lado incorrecto de la historia” por apelar al derecho internacional y negarse a avalar una transición tutelada desde Estados Unidos.
Pero puertas adentro, el ambiente era otro. Dirigentes del partido admiten en privado que el movimiento de Trump pilló a Génova “con el pie cambiado”. La dirección esperaba una hoja de ruta clara, alineada con Machado y Edmundo González, y se encontró con un escenario mucho más crudo: intereses energéticos, petróleo y realpolitik sin concesiones a la épica democrática.
Sánchez, el derecho internacional y el liderazgo europeo
Mientras el PP trataba de recomponer su discurso, Pedro Sánchez aprovechó el vacío. En una carta a la militancia y en posteriores declaraciones, el presidente del Gobierno defendió dos principios que han sido bien recibidos en amplios sectores europeos: respeto al derecho internacional y rechazo a cualquier forma de tutela colonial sobre Venezuela.
Este posicionamiento ha sido interpretado por analistas internacionales como un intento de liderazgo moral en una Europa descolocada por las decisiones de Trump. Desde París hasta Berlín, la prudencia ha sido la tónica dominante, en contraste con el entusiasmo inicial mostrado por la derecha española.
El vídeo filtrado y la sombra de Aznar
La crisis se agravó con la difusión de un vídeo que rescata imágenes y declaraciones del pasado, en las que José María Aznar aparece mostrando una relación de cercanía con Hugo Chávez a finales de los años noventa y principios de los dos mil. El material, que incluye visitas oficiales, abrazos y declaraciones de amistad, ha reabierto un debate incómodo: ¿con qué autoridad moral critica hoy el PP al chavismo?
Las imágenes recuerdan que Aznar viajó a Caracas en 1999, acompañado de Ana Botella, rindió homenaje a Simón Bolívar y elogió el diálogo político con Chávez. Incluso en 2002, tras el fallido golpe de Estado en Venezuela, ambos líderes mantuvieron encuentros cordiales.
Para muchos observadores, este pasado explica parte del desconcierto actual del PP: una derecha que condena hoy lo que ayer toleró —o incluso celebró— y que ahora se enfrenta a un escenario internacional mucho menos complaciente.
Europa mira con inquietud
La situación venezolana no es el único frente que inquieta a las cancillerías europeas. Las declaraciones recientes de Trump sobre Groenlandia, la OTAN y los recursos estratégicos han generado alarma en países como Dinamarca. En este contexto, cualquier gesto de alineamiento acrítico con Washington se observa con recelo.
La derecha española, al apostar de forma tan explícita por la intervención estadounidense en Venezuela, ha quedado aislada frente a una Europa que pide cautela, legalidad internacional y soluciones multilaterales.
Un aviso para el futuro del PP
Lo ocurrido estos días es algo más que una polémica pasajera. Para el Partido Popular, supone un aviso serio sobre los riesgos de construir una política exterior basada en afinidades ideológicas y no en análisis estratégico. La figura de Trump, imprevisible y pragmática hasta el extremo, ha demostrado que no reconoce lealtades, solo intereses.
Feijóo se enfrenta ahora al reto de recomponer su credibilidad internacional sin romper del todo con un discurso que su electorado más duro aplaude. Aznar, por su parte, vuelve a aparecer como una sombra incómoda del pasado.
En Génova lo saben: el problema no es solo el vídeo filtrado ni la frase de Trump. El verdadero problema es haber quedado descolocados ante el mundo, con el riesgo de que este ridículo internacional marque el relato político del PP durante mucho tiempo.
La crisis venezolana ha actuado como un espejo incómodo para la derecha española. Ha revelado contradicciones, errores de cálculo y una desconexión evidente con la realidad geopolítica actual. En política internacional, los gestos se pagan caros. Y esta vez, la factura ha llegado demasiado rápido para Génova.
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