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GÉNOVA EN SHOCK Y FEIJÓO CONTRA LAS CUERDAS: MENSAJES OCULTOS, LA DANA COMO HERIDA ABIERTA Y LA SOMBRA DEL ENCUBRIMIENTO

En la sede de Génova ya no hay calma. Tampoco control del relato. Lo que durante meses fue una estrategia de resistencia silenciosa se ha convertido en una crisis abierta, incómoda y profundamente corrosiva para el liderazgo de Alberto Núñez Feijóo. No es solo una cuestión judicial. Es, sobre todo, una cuestión política, moral y de credibilidad.

Porque cuando un dirigente dice públicamente “si miento, echadme del partido”, cada palabra pronunciada después se convierte en una prueba. Y cada silencio, en sospecha.

La Dana: el punto de no retorno

La tragedia de la Dana en Valencia no es solo un episodio más de mala gestión institucional. Es una herida abierta que se resiste a cicatrizar porque nadie ha asumido de verdad el coste político de lo ocurrido. Más de 200 muertos. Decisiones tardías. Alertas que no llegaron. Prioridades económicas por encima de vidas humanas.

Durante más de un año, el Partido Popular ha intentado cerrar ese capítulo con una combinación de ruido, distracción y blindaje interno. Pero la realidad se ha impuesto: la instrucción judicial avanza y, con ella, las preguntas incómodas.

¿Quién sabía qué?
¿Cuándo lo supo?
¿Y qué decidió hacer —o no hacer— con esa información?

Feijóo y los mensajes que faltan

El epicentro del terremoto político está en unos mensajes de WhatsApp. Mensajes entre Feijóo y Carlos Mazón el día de la Dana. Mensajes que no se entregaron completos. Mensajes que ahora la jueza reclama íntegros.

La defensa política de Feijóo ha sido clara: siempre ha colaborado con la justicia. Pero los hechos dibujan otro escenario. Primero, media conversación. Luego, explicaciones. Después, la promesa de enviar lo que falta. Y finalmente, la decisión de declarar por videoconferencia, amparándose en un artículo legal que, aunque legítimo, ha sido leído por muchos como una huida simbólica.

Porque no estamos ante una comisión parlamentaria. Estamos ante un juzgado. Y las víctimas no piden formalismos legales. Piden presencia. Piden respeto. Piden verdad.

“Aquí hay fuego”: el malestar que recorre el PP

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En los platós de televisión, pero también en los pasillos del poder, una frase se repite con insistencia: “Aquí hay fuego”. No es solo una metáfora. Es una advertencia.

Dentro del Partido Popular crece la incomodidad. No tanto por la posibilidad de consecuencias judiciales —que aún están por ver— sino por el desgaste político acumulado. Feijóo llegó a Madrid como el gestor serio, el líder tranquilo, el hombre que devolvería credibilidad al PP tras años de escándalos. Hoy, ese relato hace aguas.

Porque el problema ya no es Mazón. El problema es el encubrimiento. O, al menos, la percepción de encubrimiento.

La palabra en política: un valor en extinción

Uno de los ejes más duros del debate ha sido el valor de la palabra. En política, mentir no suele tener consecuencias inmediatas. Pero cuando la mentira se vincula a una tragedia, el coste es otro.

Feijóo aseguró haber estado informado “en tiempo real”. Hoy sabemos que ese “tiempo real” era, como mínimo, tardío. Que hubo contradicciones. Que Mazón mintió en sede parlamentaria. Y que el Partido Popular sostuvo durante meses una versión que no se sostiene.

No es solo un error. Es una estrategia.

Videoconferencia o presencia: algo más que una forma

Legalmente, Feijóo puede declarar por videoconferencia. Políticamente, la decisión es explosiva. Porque refuerza la idea de distancia, de frialdad, de falta de empatía con las víctimas.

Los abogados de la acusación lo dicen sin rodeos: un juzgado no es un circo, pero tampoco es un despacho del Congreso. La inmediación importa. La solemnidad importa. Y la presencia física, en un caso así, es un mensaje político en sí mismo.

Comprar silencios, recolocar lealtades

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El foco no está solo en Feijóo. Está también en los movimientos posteriores a la Dana. Asesores recolocados. Cargos recuperados discretamente. Nombramientos publicados en fechas de bajo impacto mediático.

Según denuncian desde Compromís, el Partido Popular estaría comprando silencios y fidelidades para blindar su versión de los hechos. No es una acusación menor. Es la descripción de un sistema de protección interna que recuerda demasiado a viejas prácticas que el PP juró haber dejado atrás.

El lobby económico y las decisiones fatales

Una de las acusaciones más graves apunta a la supuesta prioridad dada a los intereses económicos —especialmente del sector hotelero— frente a la seguridad de la población. No se confinó. No se lanzó la alerta a tiempo. No se paralizó la actividad.

¿Fue incompetencia?
¿Fue cálculo político?
¿O fue una decisión ideológica?

Responder a esas preguntas es clave no solo para la justicia, sino para la democracia.

El PP, Vox y un futuro menos estable de lo esperado

Mientras Génova arde, el tablero político se mueve. El PP se estanca. Vox crece. Y el relato de que la caída del Gobierno de Pedro Sánchez es inminente empieza a resquebrajarse.

El PP subestimó a Vox. Pensó que podría reabsorber su electorado. Hoy, Vox construye su propio camino, con códigos, símbolos y discursos que rompen incluso con la derecha tradicional.

El modelo Ayuso-Madrid ya no seduce a todos. Algunos miran a Francia. Otros, a Le Pen. Y ese desplazamiento ideológico tiene consecuencias profundas.

Epílogo: cuando el silencio grita

Lo más inquietante de esta crisis no es lo que se sabe. Es lo que falta por saber. Los mensajes completos. Las conversaciones enteras. Las decisiones reales.

Porque si no hubiera nada, nada de esto existiría.
Pero existe.
Y crece.

Génova está en shock.
Feijóo, contra las cuerdas.
Y la Dana, lejos de cerrarse, amenaza con convertirse en el símbolo definitivo de una forma de hacer política que muchos creían superada.