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¿HIPOCRESÍA AL DESNUDO? SILVIA INTXAURRONDO ACORRALA A FEIJÓO POR VENEZUELA, EL PP APLAUDE LA CAÍDA DE MADURO… PERO DUDA CUANDO SE HABLA DE LEGALIDAD INTERNACIONAL.HH

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¿HIPOCRESÍA AL DESCUBIERTO? SILVIA INTXAURRONDO ACORRALA A FEIJÓO Y DEJA EN EVIDENCIA LAS CONTRADICCIONES DEL PP CON VENEZUELA

La escena fue tan incómoda como reveladora. No hubo gritos, ni acusaciones directas, ni exabruptos. Solo una pregunta bien formulada, lanzada en el momento exacto, y una respuesta que, lejos de aclarar, terminó por desnudar una de las mayores contradicciones políticas del Partido Popular en los últimos años: su discurso sobre Venezuela.

Silvia Intxaurrondo no buscaba un titular fácil. Buscaba coherencia. Y lo que encontró fue un relato lleno de equilibrios imposibles, silencios estratégicos y una evidente dificultad del PP para sostener, al mismo tiempo, la defensa de la democracia y la ambigüedad ante una intervención que muchos consideran una violación flagrante del derecho internacional.

Una pregunta sencilla que descoloca al PP

Feijóo advierte a Sánchez de que no cuente con él para salvar su minoría |  El Correo

La cuestión planteada por Intxaurrondo era directa: si Alberto Núñez Feijóo llegara a la presidencia del Gobierno, ¿compartiría cumbres internacionales con regímenes que él mismo califica de autocráticos, como Venezuela o Nicaragua?

La respuesta evitó el fondo del asunto. Se habló de tradición diplomática, de la naturaleza de las cumbres iberoamericanas, de la obligación de España de estar presente. Todo correcto en la forma. Pero insuficiente en el contenido.

Porque la pregunta no iba de protocolo. Iba de principios.

Venezuela: una dictadura “a ratos”

El Partido Popular lleva años utilizando Venezuela como un símbolo político interno. Un ejemplo recurrente para atacar al Gobierno de Pedro Sánchez y a sus socios, a los que acusa de connivencia, tibieza o incluso simpatía con el régimen chavista.

Sin embargo, cuando la conversación se desplaza del discurso interno a los hechos internacionales, el mensaje empieza a resquebrajarse.

La caída de Nicolás Maduro fue celebrada por el PP como una “buena noticia”. Sin matices. Sin reservas. Pero cuando se plantea si esa caída se produjo respetando la legalidad internacional, la respuesta ya no es tan firme. Aparecen las dudas. Los “habrá que verlo”. Los “no es tan sencillo”.

Ahí es donde Intxaurrondo pone el foco.

El derecho internacional no es opcional

Silvia Intxaurrondo se enfrenta a las preguntas de Henar Álvarez

Entrar en un país soberano, detener a su presidente y justificarlo sin mandato de ningún tribunal internacional no es una cuestión ideológica. Es una cuestión jurídica y democrática básica.

Eso fue lo que recordó la periodista. Y eso es lo que incomoda al PP.

Porque defender la democracia no puede ser un ejercicio selectivo. No se puede aplaudir una intervención cuando el resultado conviene al relato político y, al mismo tiempo, relativizar las normas internacionales que se dicen defender.

El doble rasero quedó expuesto en directo.

Trump, los intereses y el silencio incómodo

El debate se vuelve aún más incómodo cuando entra en escena Donald Trump. El expresidente estadounidense no ha ocultado que su interés en Venezuela no es moral ni democrático, sino económico y estratégico. Recursos naturales, influencia geopolítica, control.

Ante esa realidad, el PP se queda sin un discurso claro. Celebra la caída de Maduro, pero evita confrontar el hecho de que el relevo que podría venir —con figuras como Delsy Rodríguez— no responde necesariamente a un proceso democrático decidido por los venezolanos.

La pregunta que flota en el aire es evidente: si Estados Unidos decide quién gobierna Venezuela en función de sus intereses, ¿dónde queda la democracia que el PP dice defender?

Venezuela como arma de política doméstica

Lo que dejó claro este intercambio es que Venezuela se ha convertido, desde hace tiempo, en un instrumento de confrontación interna en España. Un comodín retórico. Un espejo deformado que se utiliza según convenga al debate nacional.

Silvia Intxaurrondo no defendió al chavismo. No minimizó la represión, el exilio masivo ni el deterioro democrático del país. Lo que hizo fue exigir coherencia. Y eso, en política, suele ser lo más incómodo.

Una imagen difícil de borrar

El PP salió de este episodio con una imagen comprometida: la de un partido firme en los titulares, pero dubitativo cuando se le exige rigor jurídico y coherencia internacional.

No se trató de una derrota dialéctica espectacular. Fue algo más profundo y, quizá, más dañino: la sensación de que el discurso se sostiene solo mientras no se somete a preguntas incómodas.

Y esta vez, la pregunta fue clara.
La respuesta, no tanto.

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