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El aplauso que se volvió contra el Partido Popular

Lo que comenzó como una operación presentada con grandes palabras —“democracia”, “liberación”, “transición”— ha terminado convirtiéndose en una humillación política en directo para el Partido Popular. Ignacio Escolar no se anduvo con rodeos: quien ha quedado colgado de la brocha no es solo la oposición venezolana, sino también el PP español.

María Corina Machado. Edmundo González. Los rostros que durante meses fueron exhibidos como la alternativa democrática han sido descartados sin miramientos por la Casa Blanca. Y con ellos, el relato del PP se ha desplomado.

El partido de Feijóo fue el primero en aplaudir la intervención estadounidense, proclamando que “llegaba la democracia a Venezuela”. Tres días después, la realidad es otra: a Trump no le interesa la democracia. Nunca le ha interesado.


Trump no quiere democracias, quiere vasallos

Tổng thống Trump tiết lộ kế hoạch của Mỹ ở Venezuela sau chiến dịch quân sự | Báo Dân trí

Escolar lo dejó claro con crudeza: Trump no defiende los derechos humanos ni dentro ni fuera de su país. No lo hace en Arabia Saudí, donde pide a los periodistas que no hagan preguntas incómodas. No lo hace en Estados Unidos. Y, por supuesto, no lo iba a hacer en Venezuela.

Estados Unidos no busca democracias alrededor. Busca regímenes dóciles, gobiernos sin contrapesos ciudadanos, estructuras que permitan entregar millones de barriles de petróleo sin protestas, sin parlamentos incómodos y sin opinión pública crítica.

En ese marco, una dictadura es más útil que una democracia. Si no sirve una, se cambia por otra. Si esta ya no obedece, se reemplaza. El petróleo manda.


El PP, atrapado en su propia ovación

El problema para Feijóo es que aplaudió antes de entender el guion. Mientras Trump hablaba de intereses estratégicos, de control energético y de subordinación política, el PP seguía repitiendo el viejo discurso de la “obra democrática”.

Resultado: contradicción total.
El Partido Popular defendiendo una transición que Washington ya había descartado.

Hoy, el PP aparece alineado —aunque no lo quiera reconocer— en el mismo eje que actores que decía combatir. La paradoja es brutal: mientras Trump actúa, el PP se queda justificando lo injustificable o mirando hacia otro lado.


Vox, Abascal y la obediencia sin preguntas

Si la posición del PP es confusa, la de Vox es directamente sumisa. El alineamiento con Trump es total. No hay crítica. No hay matiz. No hay límites.

La pregunta que sobrevuela el debate es inquietante:
👉 ¿qué haría un gobierno PP–Vox ante una amenaza directa de Estados Unidos contra un territorio europeo?
👉 ¿Se plantarían? ¿O justificarían también eso?

Groenlandia ya no es una hipótesis abstracta. Es un aviso. Y lo que inquieta no es solo Trump, sino la ausencia de una respuesta clara por parte de la derecha española.

Vox 'endurece' sus estatutos: sancionará como infracción grave "dañar la imagen pública" del partido | Vozpópuli


Política exterior: la asignatura suspendida

Eduardo —en el análisis— lo subrayó: ni Vox ni el PP destacan precisamente por su dominio de la política exterior. Y este episodio lo confirma. Las posiciones se desordenan, chocan contra sus propias contradicciones y dejan una imagen de improvisación alarmante.

Mientras los partidos conservadores europeos apoyan una posición común sobre Ucrania y la defensa europea, el PP español se desmarca por puro cálculo interno. No por convicción estratégica. No por visión de país.


Sánchez en París, Feijóo en la Pascua Militar

Sánchez admite errores y pide disculpas por el asunto Santos Cerdán

El contraste no pasó desapercibido. Pedro Sánchez optó por acudir a una cumbre clave sobre Ucrania y la estabilidad europea. Feijóo criticó su ausencia en la Pascua Militar.

Para el PP, Sánchez debía estar en Madrid, no negociando el futuro de Europa.
El mensaje implícito es demoledor: la política internacional estorba cuando no encaja en el desgaste doméstico.


Europa desnuda, Trump avanza

Escolar fue más allá: lo verdaderamente grave no es solo Venezuela, sino lo que viene después. Cada vez que Trump cruza una línea y Europa responde con tibieza, Trump avanza un paso más.

Primero fue Venezuela.
Luego Groenlandia.
Mañana, quién sabe.

Trump entiende el mundo como una relación de fuertes y débiles. Y percibe a Europa como débil. Mientras no haya una respuesta firme, seguirá actuando igual: o me lo vendes o me lo quedo.

 


La democracia como excusa, el petróleo como verdad

Este episodio ha dejado una enseñanza incómoda:
la democracia fue solo una coartada.
El petróleo, el verdadero objetivo.

Como Irak. Como tantas otras veces.
Con una diferencia: ahora ya no se disimula.


Epílogo: Feijóo ante el espejo

Ignacio Escolar lanzó la frase que resume todo el escándalo:
“Feijóo será el lacayo de Trump en España”.

No es un insulto. Es una advertencia política.
Porque cuando llegue el momento de decidir entre soberanía europea o obediencia atlántica, ya no valdrán los silencios ni las ambigüedades.

Y esa pregunta, hoy, sigue sin respuesta.