España amaneció este domingo sumida en una de esas tragedias que marcan una generación. El descarrilamiento de dos trenes de alta velocidad en el término municipal de Adamuz, en la provincia de Córdoba, ha dejado por el momento un balance devastador: 39 personas fallecidas, al menos 152 heridos —varios de ellos en estado crítico— y decenas de desaparecidos. Una cifra provisional que mantiene al país entero en vilo mientras continúan las labores de rescate e identificación de víctimas.

Iñaki López en 'Más Vale Tarde'.

Pero junto al dolor, al luto y a la conmoción colectiva, ha surgido otro fenómeno casi igual de inmediato: la utilización política, mediática y digital de la tragedia. Un comportamiento que ha sido denunciado con contundencia por dos voces muy reconocibles del periodismo español: Iñaki López y Paloma del Río. Sus mensajes, publicados en redes sociales, se han convertido en un auténtico alegato contra la miseria humana, el oportunismo electoral y la frivolidad con la que algunos afrontan incluso las peores desgracias.

Una colisión que paraliza a un país

El accidente se produjo alrededor de las 19:45 horas del domingo 18 de enero. Según los primeros datos confirmados por las autoridades, un tren de la operadora privada Iryo invadió la vía contraria por causas que todavía se investigan, impactando de forma frontal contra un tren Alvia de Renfe que circulaba en sentido opuesto.

El choque fue de una violencia extrema. Varios coches, que transportaban a unos 300 pasajeros en total, descarrilaron y se precipitaron por un talud de aproximadamente cuatro metros de altura. Las imágenes que comenzaron a circular poco después mostraban vagones destrozados, hierros retorcidos y un escenario propio de una catástrofe de grandes dimensiones.

Las labores de rescate se vieron dificultadas tanto por la complejidad del terreno como por el estado de los convoyes, algunos de los cuales quedaron prácticamente irreconocibles. Equipos de emergencia, bomberos, sanitarios, Guardia Civil y voluntarios se desplegaron durante toda la noche en una carrera contrarreloj para localizar supervivientes y atender a los heridos.

Un impacto inmediato en la red ferroviaria

Como consecuencia directa del accidente, Adif suspendió la circulación ferroviaria de alta velocidad entre Madrid y varios destinos clave del sur del país: Córdoba, Sevilla, Málaga y Huelva. La decisión, inevitable, generó un enorme caos logístico, con miles de viajeros afectados y una reorganización urgente de servicios.

Las principales cadenas de televisión modificaron su programación para ofrecer especiales informativos. La Sexta canceló espacios como El Intermedio y Zapeando, mientras que RTVE alteró gran parte de su parrilla, suspendiendo programas como La Revuelta, Aquí la Tierra o el estreno de DecoMasters. La prioridad informativa era clara: informar con rigor sobre una tragedia sin precedentes recientes en la red ferroviaria española.

 

Iñaki López alza la voz: “No aprendemos”

En este contexto, Iñaki López, presentador de Más Vale Tarde en La Sexta, utilizó su cuenta en X para expresar una reflexión que rápidamente se hizo viral. Fiel a su estilo directo y crítico, el periodista no apuntó a nombres concretos, pero sí lanzó un mensaje demoledor contra una actitud que considera intolerable.

“Políticos españoles que aprovechan la tragedia con fines electorales. Insultando, acusando y señalando aún con los fallecidos en los vagones y cuando los investigadores no han llegado a Adamuz. No aprendemos”.

En apenas dos frases, López condensó una crítica profunda al comportamiento de ciertos actores políticos que, según su denuncia, comenzaron a utilizar el accidente como arma arrojadiza incluso antes de que se iniciaran oficialmente las investigaciones.

Su mensaje resonó con fuerza porque señalaba una realidad incómoda: la rapidez con la que el dolor ajeno se convierte en munición política en un país profundamente polarizado. Para muchos usuarios, las palabras del presentador reflejaban un hartazgo generalizado ante la incapacidad de mantener un mínimo de respeto institucional y humano en momentos de duelo colectivo.

El silencio de las víctimas frente al ruido de la política

Una de las ideas que más caló del mensaje de Iñaki López fue la referencia a los “fallecidos en los vagones”. Una imagen cruda, casi insoportable, que subraya la obscenidad de utilizar la tragedia como campo de batalla discursivo mientras aún hay cuerpos sin identificar y familias esperando noticias.

La crítica no se limita al ámbito político. También apunta a una forma de comunicación pública acelerada, impulsiva y muchas veces irresponsable, donde la necesidad de posicionarse prima sobre la prudencia, y donde la empatía queda relegada a un segundo plano.

Paloma del Río: una indignación aún más profunda

Si el mensaje de Iñaki López fue contundente, el de Paloma del Río añadió una capa adicional de reflexión moral. La histórica periodista deportiva de TVE, ya retirada de las retransmisiones pero muy activa en redes sociales, expresó su rechazo frontal a lo que estaba leyendo en X pocas horas después del accidente.

“En un momento de desgracia y de tanto dolor, entrar en X y leer tanta miseria es terrible. Me hace pensar mucho en la condición humana. Ni en un momento así son capaces de bajar la guardia de las vilezas. Asco”.

La dureza del término final —“asco”— no dejó lugar a interpretaciones. Paloma del Río no solo criticaba el oportunismo político, sino también el comportamiento de usuarios anónimos, comentaristas improvisados y perfiles que, desde la comodidad de una pantalla, convertían la tragedia en espectáculo, bulo o debate ideológico.

“Hoy todos sabemos de vías, catenarias y descarrilamientos”

Lejos de quedarse ahí, la periodista publicó poco después un segundo mensaje que amplió su reflexión y que muchos consideraron especialmente certero.

“Es alucinante. Hoy todos sabemos de vías, catenarias, descarrilamientos, traviesas… Expertos en ingeniería que hablamos por hablar. No tenemos arreglo”.

Con ironía y amargura, Paloma del Río puso el foco en otro fenómeno habitual tras las grandes tragedias: la proliferación de “expertos instantáneos”. Opiniones técnicas sin base, teorías sin contrastar y conclusiones precipitadas que se difunden a gran velocidad, contribuyendo a la confusión y al ruido informativo.

El peligro de los bulos en medio del caos

Tanto Iñaki López como Paloma del Río coincidían, de forma implícita, en una preocupación clave: la desinformación. En las primeras horas tras el accidente comenzaron a circular bulos, acusaciones infundadas y teorías conspirativas, algunas de ellas vinculadas a intereses políticos muy concretos.

Este tipo de contenidos no solo enturbia la investigación, sino que añade sufrimiento a las víctimas y sus familias. En lugar de facilitar comprensión y consuelo, generan miedo, ira y enfrentamiento.

El papel del periodismo en tiempos de tragedia

Las reacciones de ambos periodistas han sido interpretadas por muchos como una defensa del periodismo responsable. Informar no es opinar sin datos, ni señalar culpables antes de tiempo, ni alimentar el morbo. Informar, especialmente en situaciones de emergencia, implica contextualizar, contrastar y, sobre todo, respetar el dolor ajeno.

Iñaki López, desde un espacio informativo diario, y Paloma del Río, desde la experiencia de décadas de profesión, coincidieron en denunciar una deriva que amenaza con deshumanizar el debate público.

Redes sociales: amplificador de lo peor… y de lo mejor

No todo fueron reacciones negativas. Junto a los mensajes de odio, oportunismo y especulación, también hubo una oleada de solidaridad, apoyo a las víctimas y reconocimiento a los equipos de emergencia. Sin embargo, como suele ocurrir, el ruido de la polémica tendió a eclipsar los gestos de humanidad.

Las redes sociales funcionan como un amplificador emocional: multiplican tanto la empatía como la miseria. Y en momentos de tragedia, esa amplificación puede resultar especialmente dañina.

Una lección que nunca parece aprendida

“No aprendemos”, escribió Iñaki López. Esa frase, breve pero contundente, resume una sensación compartida por muchos ciudadanos. Cada gran tragedia viene acompañada de promesas de reflexión, llamadas a la unidad y apelaciones al respeto. Y, sin embargo, el patrón se repite una y otra vez.

Antes incluso de que se conozcan las causas, surgen los culpables prefabricados. Antes de que se entierren a los muertos, aparecen los discursos interesados. Antes de que se seque la sangre, ya hay hashtags enfrentados.

Más allá de Adamuz: un espejo de la sociedad

El accidente de Adamuz es, ante todo, una tragedia humana. Pero también se ha convertido en un espejo incómodo de la sociedad española contemporánea. Una sociedad hiperconectada, polarizada y, en ocasiones, incapaz de detenerse ante el dolor.

Las palabras de Iñaki López y Paloma del Río no resuelven el problema, pero sí lo señalan con claridad. Son un recordatorio de que la dignidad no debería ser negociable, ni siquiera —o especialmente— cuando la actualidad aprieta y la tentación del rédito político está a la vuelta de la esquina.

Cuando el respeto se convierte en acto de rebeldía

En medio del ruido, la indignación de Iñaki López y Paloma del Río ha sido recibida por muchos como un acto casi subversivo: pedir respeto, silencio y prudencia en un entorno que premia la velocidad y la confrontación.

Mientras continúan las investigaciones sobre las causas del accidente y las autoridades trabajan para esclarecer lo sucedido, sus palabras quedan como una advertencia clara: no todo vale, no todo se puede utilizar, y no toda tragedia debe convertirse en un arma.

Porque cuando incluso el dolor ajeno se convierte en campo de batalla, el problema ya no es solo político o mediático. Es profundamente humano.