La imagen parecía inofensiva. Festiva. Casi entrañable. Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, bailando sonriente en la Puerta del Sol al ritmo del grupo de pop cristiano Hakuna, acompañada por el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo.

Luces de Navidad, villancicos modernos, selfies, aplausos y una multitud entregada. Sin embargo, lo que comenzó como una postal navideña cuidadosamente construida terminó convirtiéndose en el detonante de una tormenta política, mediática y social que ha marcado la Nochebuena madrileña.

Iñaki López e Isabel Díaz Ayuso.Iñaki López e Isabel Díaz Ayuso. | Montaje El Televisero

El encargado de encender la mecha fue Iñaki López. El periodista y presentador de Más Vale Tarde no tardó en reaccionar a las imágenes difundidas por el programa Malas lenguas, conducido por Jesús Cintora en TVE.

Y lo hizo con palabras que no pasaron desapercibidas, transformando un baile navideño en una crítica frontal al modelo de gestión de la Comunidad de Madrid.

Un concierto navideño con trasfondo político

El concierto de Hakuna Group Music formaba parte de la programación oficial de Navidad organizada por la Comunidad de Madrid.

Desde el balcón de la Real Casa de Correos, sede del Gobierno regional, los catorce integrantes del grupo interpretaron cinco canciones ante una Puerta del Sol abarrotada. El encendido del monumental árbol de Navidad dio paso a un espectáculo que mezcló música, fe y política en uno de los espacios más simbólicos de la capital.

Hakuna no es un grupo cualquiera. Surgido del movimiento religioso del mismo nombre, fue fundado en 2013 por el sacerdote José Pedro Manglano, antiguo militante del Opus Dei.

Sus canciones acumulan más de un millón de escuchas en Spotify y llenan recintos por toda España. Para sus seguidores, representan una fe moderna, emotiva y cercana. Para sus detractores, una expresión de un nuevo catolicismo edulcorado con fuerte carga ideológica.

Ayuso ya había apostado por este tipo de actos en el pasado. Un año antes, sorprendió al público presentando a David Bisbal para cantar villancicos desde el mismo balcón institucional.

Pero esta vez, la presencia explícita de un grupo vinculado a un movimiento religioso y el entusiasmo personal de la presidenta, bailando y cantando como una fan más, elevaron el acto a otra dimensión.

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El baile que se hizo viral

Las imágenes no tardaron en circular por redes sociales. Ayuso, sonriente, entregada, cantando y bailando junto a Feijóo, dándose un auténtico baño de masas.

Selfies, abrazos, gestos de complicidad con el público. Para algunos, una presidenta cercana y espontánea. Para otros, una puesta en escena populista cuidadosamente calculada.

El programa Malas lenguas recogió las imágenes y abrió el debate. Y fue entonces cuando comenzó la verdadera polémica.

La reacción de Iñaki López: palabras que duelen

Entre las múltiples reacciones en redes sociales, destacó un mensaje especialmente duro publicado por un usuario en X:


“No me sorprende que una populista actúe como tal y busque apoyarse en las emociones piadosas de ese nuevo pseudo-catolicismo sentimental y dulzón. Lo triste es ver a tantos siguiendo a un Dios que solo cuida de la gente bien vestida y alimentada”.

Iñaki López decidió compartir ese comentario. Pero no se quedó ahí. Añadió su propia reflexión, una crítica directa que resonó con fuerza en plena Navidad:

“No los juzgo. Con una educación pública y una sanidad en estado catatónico, con el ascensor social fuera de servicio y la vivienda como un anhelo imposible, a muchos madrileños solo les queda creer en milagros y epifanías. Aún sin privatizar”.

Un mensaje demoledor. Irónico. Calculado. Y profundamente político.

File:Isabel Díaz Ayuso (32822902447).jpg - Wikimedia Commons

Más que una crítica personal

Las palabras de Iñaki López no iban dirigidas únicamente a Ayuso como figura individual. Apuntaban al corazón del debate madrileño: el estado de los servicios públicos. Sanidad saturada, educación cuestionada, precios de la vivienda disparados y una creciente sensación de desigualdad social.

En ese contexto, el baile navideño dejó de ser un gesto festivo para convertirse, a ojos de muchos, en una metáfora incómoda: música y sonrisas mientras los problemas estructurales siguen sin resolverse.

Ayuso, populismo y emoción

Isabel Díaz Ayuso ha construido buena parte de su liderazgo sobre una comunicación directa, emocional y desafiante. Sus seguidores valoran su estilo combativo y su capacidad para conectar con amplios sectores de la población.

Sus críticos, en cambio, la acusan de populismo, simplificación del debate político y uso constante de gestos simbólicos para desviar la atención de los problemas reales.

El acto de Hakuna encajó perfectamente en esa narrativa. Un evento que mezcla fe, música y poder institucional en un momento tan sensible como la Navidad no podía pasar desapercibido.

La Nochebuena más incómoda

La expresión “le atraganta la Nochebuena” no es casual. En un periodo tradicionalmente asociado a la concordia y la celebración, las palabras de Iñaki López introdujeron una nota de incomodidad que muchos no esperaban.

Mientras algunos defendían el derecho de Ayuso a celebrar la Navidad como quisiera, otros cuestionaban la idoneidad de ese tipo de actos desde una institución pública.

El debate se amplió rápidamente: ¿es apropiado vincular la sede del Gobierno regional a un grupo religioso? ¿Dónde queda la separación entre lo institucional y lo confesional? ¿Es la Navidad un espacio neutral o un escenario político más?

Redes sociales en llamas

X, Instagram y otras plataformas se llenaron de opiniones encontradas. Defensores de Ayuso celebraban su cercanía y criticaban lo que consideraban un ataque injustificado. Sus detractores compartían el mensaje de Iñaki López como un retrato preciso de la situación madrileña.

La polarización fue inmediata. Como casi todo lo que rodea a la presidenta madrileña.

Un debate que trasciende la Navidad

Más allá del ruido mediático, el episodio dejó una pregunta flotando en el aire: ¿qué modelo de Madrid se está construyendo? ¿Uno basado en el espectáculo, la emoción y los símbolos o uno centrado en el refuerzo de los servicios públicos?

Iñaki López no ofreció soluciones. Pero sí puso el foco donde más duele. En aquello que no se ve en los vídeos virales, pero que pesa en la vida cotidiana de miles de madrileños.

Un baile que no fue inocente

Lo ocurrido en la Puerta del Sol no fue solo un baile. Fue un gesto político. Y la respuesta de Iñaki López lo convirtió en un espejo incómodo para el poder regional. En plena Navidad, cuando el mensaje oficial habla de ilusión y esperanza, sus palabras recordaron que no todos viven esa realidad.

Quizá por eso dolieron tanto. Quizá por eso, para muchos, esa Nochebuena ya no supo igual.