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Lección de periodismo, machismo en prime time y la guerra abierta contra la basura mediática

La polémica estalló como una bomba en el ecosistema mediático español. Lo que empezó como un debate televisivo terminó convirtiéndose en un retrato crudo del estado del periodismo, del machismo estructural en ciertos formatos de entretenimiento y de la relación cada vez más tóxica entre política, medios y redes sociales.

En el centro del huracán: Jesús Cintora, Rafael Hernando, Pablo Motos, RTVE y una periodista señalada públicamente con un insulto que ya es símbolo de una época: “mitad tonta, mitad tetas”.

Una frase pronunciada en prime time, en un programa supuestamente familiar, entre risas, aplausos y silencio cómplice.


El origen del escándalo: una tertulia que cruzó todas las líneas

Todo comenzó en un programa de máxima audiencia, presentado por Pablo Motos, donde se debatía una frase política:
que Felipe González era un traidor.

La afirmación, expresada por una tertuliana en otro espacio, fue utilizada como excusa para lanzar un ataque personal, machista y humillante contra ella. No se criticaron sus ideas. No se desmontó su argumento. No se debatió su posición política.

Se atacó su cuerpo.
Se atacó su inteligencia.
Se atacó su condición de mujer.

“Mitad tonta, mitad tetas.”

Y lo más grave: nadie en la mesa frenó el comentario.
Nadie dijo “esto está fuera de lugar”.
Nadie defendió a la compañera.
Nadie cortó el micrófono.

Al contrario: se rieron.
Y uno de los colaboradores incluso dijo:

“Esto se va a viralizar”.

No importaba el daño. Importaba el clip.


Sara Santolaya: “Estoy cansada, tocada y agotada”

Sara Santolaya attends the "Heretic" premiere at the Kinepolis cinema...  News Photo - Getty Images

La periodista afectada, Sara Santolaya, rompió a hablar públicamente. Y lo que contó fue mucho más profundo que una simple polémica televisiva.

No habló solo de un insulto.
Habló de años de violencia simbólica, de amenazas, de pintadas con su nombre, de llamadas, de filtraciones de datos personales, de grupos ultras gritándole “zorra” en la calle.

“No sé ya diferenciar si sufro más en redes, en la calle o en un programa de prime time”.

Su testimonio fue demoledor porque desmontó el discurso habitual:
no se trataba de una broma,
no se trataba de humor,
no se trataba de libertad de expresión.

Se trataba de señalamiento sistemático.


El Instituto de las Mujeres interviene

La reacción social fue tan fuerte que el Instituto de las Mujeres tuvo que intervenir oficialmente.

El Observatorio de la Imagen de las Mujeres recibió numerosas quejas y envió una carta formal al programa, recordando que:

“Atribuir la frase a una serie no exime de responsabilidades”.

Y solicitando que se cumpla la normativa en materia de igualdad.

Un hecho clave:
ya no es solo un debate moral,
es una cuestión institucional.


Rafael Hernando ataca a RTVE y a la periodista

Lejos de solidarizarse, el exdirigente del PP Rafael Hernando decidió cargar contra RTVE y contra la propia Sara Santolaya en redes sociales:

“Humillar e insultar a gente que no piensa como tú es lo que haces habitualmente desde la tele pública. Menos victimismo. A Telepoe se va llorada de casa”.

El mensaje fue interpretado como una doble agresión:

    A la periodista.

    A la televisión pública.

Y ahí entró en escena Jesús Cintora.


Cintora: “Esto no es Telepo, esto es la televisión pública”

Con una mezcla de ironía y firmeza, Cintora respondió en directo:

“Con una sonrisa en la boca: esto no es Telepo, esto es la televisión pública.
Aquí hay gente que trabaja y hace periodismo.
Y otros que van llamando a las televisiones para que quiten periodistas”.

Sin nombrarlo directamente, la acusación era clara:
Hernando pertenece a la cultura de las llamadas, de las presiones, del teléfono rojo.

La vieja política mediática:
cuando algo no gusta, se intenta silenciar.

Pero esta vez no funcionó.


Periodismo vs pseudoperiodismo

Uno de los momentos más potentes del debate fue cuando se planteó una pregunta incómoda:

“¿Cuál es la diferencia entre periodismo y pseudoperiodismo?”

La reflexión fue demoledora:
si un programa supuestamente familiar usa el cuerpo de una mujer como arma arrojadiza,
si se ríen del insulto,
si buscan la viralización antes que el respeto,
si nadie corrige,
¿eso es periodismo?

O es basura mediática con plató de lujo.


El machismo que no cambia (aunque la sociedad sí)

Sara lo dijo con una frase que se convirtió en consigna:

“La sociedad ha cambiado mucho, aunque los machistas no”.

Hoy, cuando una mujer es humillada en televisión, ya no se queda sola.
Hay redes, hay instituciones, hay solidaridad, hay respuesta.

Pero el problema es estructural:
muchos formatos siguen funcionando con la lógica de hace 30 años.

La mujer como objeto.

El cuerpo como argumento.

La humillación como entretenimiento.

El machismo como humor.


La frase que lo resume todo

En medio del dolor, Sara lanzó una respuesta que se hizo viral:

“Yo seré mitad tonta y mitad tetas,
pero ella es mitad asco y mitad machista,
y eso es mucho peor”.

No como insulto.
Como diagnóstico.


La solidaridad entre periodistas: la llamada de Cintora

Jesús Cintora cerró con una reflexión que va más allá del caso concreto:

“Invoco a que haya más solidaridad entre el periodismo.
Y más allá del periodismo, entre los demócratas”.

Porque lo que está en juego no es una tertulia.
No es un clip viral.
No es una bronca de Twitter.

Lo que está en juego es el modelo de comunicación pública.


Cuando la política quiere decidir quién habla

Cintora lanzó otra frase clave:

“Algunos están acostumbrados a llamar a televisiones para que quiten periodistas.
Ahora llaman y no los quitan.
Y están muy molestos por eso”.

Una verdad incómoda:
durante años, ciertos políticos decidían quién podía hablar y quién no.

Hoy ya no es tan fácil.

Y por eso atacan a RTVE.
Y por eso atacan a las periodistas.
Y por eso hablan de “Telepo”.


No era un insulto, era un síntoma

Lo ocurrido no es una anécdota.
Es un síntoma del sistema mediático español.

Un sistema donde:

El entretenimiento devora al periodismo.

La humillación se convierte en espectáculo.

La viralidad importa más que la dignidad.

Y la política intenta controlar los micrófonos.

Jesús Cintora no defendió solo a una compañera.
Defendió una idea:

Que la televisión pública no está para humillar.
Está para informar.
Para incomodar al poder.
Para proteger a quienes hablan.
No para callarlos.

Y en tiempos de ruido, machismo y basura mediática,
eso ya es, en sí mismo,
un acto político.