Cuando el espectáculo se mezcla con la tragedia
El accidente ferroviario de Adamuz ha marcado uno de los momentos más dolorosos y tensos de la política y los medios de comunicación españoles en los últimos años. Mientras los equipos de rescate seguían trabajando entre los restos del convoy y las familias aguardaban noticias de sus seres queridos, otra batalla se libraba en paralelo: la de los relatos.
No se trataba solo de esclarecer qué había pasado, sino de quién era el culpable, quién debía dimitir y quién estaba mintiendo. En ese escenario inflamable entraron figuras públicas como Miguel Bosé y José Manuel Soto, que desde sus redes sociales no tardaron en señalar al Gobierno de Pedro Sánchez y al ministro Óscar Puente como responsables políticos de la tragedia.
Pero la respuesta no vino solo desde Moncloa o desde los partidos. Vino, sobre todo, desde la televisión pública.
Y ahí es donde estalló la tormenta.
‘Malas Lenguas’, el plató que encendió la mecha
El programa ‘Malas Lenguas’, presentado por Jesús Cintora en TVE, se convirtió en uno de los principales espacios donde se cuestionaron abiertamente las reacciones de artistas y celebridades que, apenas horas después del accidente, exigían dimisiones y hablaban de corrupción o negligencia.
Para Cintora, el problema no era que opinaran, sino cuándo y cómo lo hacían.
En uno de los momentos más comentados del programa, el periodista lanzó una reflexión que marcaría el tono del debate:
“Tenemos a gente como Miguel Bosé y José Manuel Soto culpando al Gobierno de una tragedia en la que todavía se están rescatando cadáveres”.
No era una frase cualquiera. Era una acusación directa de oportunismo político y de falta de respeto a las víctimas.
José Manuel Soto responde: “Es una vergüenza”
La reacción del cantante andaluz no tardó en llegar. Desde su cuenta de X (antes Twitter), José Manuel Soto explotó contra lo que consideraba una persecución mediática por parte de TVE.
“Me cuentan que los chicos de ‘Malas Lenguas’, Jesús Cintora, Sarah Santaolalla, etc., llevan varios días dedicándome un considerable espacio de tiempo para atacarme ferozmente por mis opiniones”.
Pero el mensaje iba mucho más allá de una queja personal. Soto apuntó directamente al corazón del problema: el papel de la televisión pública.
“Me preocupa que una televisión pública se dedique a perseguir ciudadanos que critican al Gobierno sin darle además posibilidad de defenderse. Es una vergüenza”.
En pocas líneas, Soto colocaba a TVE en el papel de policía ideológico y a sí mismo como víctima de censura.
Libertad de expresión o responsabilidad pública
La polémica destapó una grieta profunda en el debate español:
¿hasta dónde llega la libertad de expresión cuando hay una tragedia en curso?
Jesús Cintora fue claro en su postura: nadie estaba prohibiendo opinar, pero sí cuestionando el uso político del dolor.
“¿Tanto cuesta esperar a que termine la investigación?”, preguntaba en directo.
“Por una cuestión incluso de patriotismo”.
Esa palabra —patriotismo— no pasó desapercibida. En boca de un presentador de TVE, implicaba que difundir sospechas sin pruebas podía dañar la imagen del país y el trabajo de sus instituciones.
El choque entre celebridades y periodismo
Lo que estaba ocurriendo no era nuevo, pero sí especialmente crudo. Figuras famosas como Miguel Bosé o José Manuel Soto tienen una enorme capacidad de amplificación en redes sociales. Cuando lanzan una acusación, llega a cientos de miles de personas en segundos.
‘Malas Lenguas’ decidió poner ese fenómeno bajo el foco.
“Estos expertos en la materia y en las redes sociales…”, ironizaba Cintora, señalando que no basta con ser famoso para tener razón.
Para Soto, sin embargo, aquello era una campaña de desprestigio.
TVE, en el centro de la diana
Que el programa se emita en la televisión pública no es un detalle menor. Para la derecha mediática y política, ‘Malas Lenguas’ representa el brazo televisivo del sanchismo. Para la izquierda, es uno de los pocos espacios donde se combate la desinformación en prime time.
Soto lo dejó claro:
No le molestaba solo Cintora.
Le molestaba que fuera TVE quien lo hiciera.
La tragedia como campo de batalla
Mientras tanto, la investigación sobre el accidente de Adamuz seguía su curso: técnicos de ADIF, Renfe y la comisión independiente analizaban una posible fisura interna en un raíl nuevo, un fallo extremadamente raro y difícil de detectar.
Pero esa complejidad técnica no competía bien con los eslóganes políticos.
En redes sociales, la historia era más simple:
Gobierno incompetente.
Ministro que miente.
País inseguro.
Y ahí es donde programas como ‘Malas Lenguas’ decidieron intervenir.
El dilema ético
¿Debe un programa público señalar a ciudadanos famosos por sus opiniones políticas?
¿O debe limitarse a informar?
Cintora y su equipo defendían que no estaban persiguiendo a nadie, sino contextualizando declaraciones que podían generar alarma social.
Soto, en cambio, veía una caza de brujas.
Una grieta que va más allá de Adamuz
El enfrentamiento entre José Manuel Soto y ‘Malas Lenguas’ es solo la punta del iceberg. Lo que realmente refleja es una España partida en dos:
Una parte que cree que el Gobierno debe ser cuestionado sin tregua, incluso en plena tragedia.
Otra que piensa que hay límites, tiempos y responsabilidades cuando hay víctimas de por medio.
El espectáculo de la indignación
La televisión y las redes sociales han convertido la indignación en un espectáculo. Cada tuit, cada tertulia, cada intervención suma puntos en una batalla por la atención.
Y en ese juego, el accidente de Adamuz se convirtió en munición.
¿Quién gana realmente?
Ni las víctimas.
Ni las familias.
Ni los técnicos que investigan.
Los que ganan son los que logran imponer su relato.
Para José Manuel Soto, el suyo es el de la libertad de expresión amenazada.
Para Jesús Cintora, el suyo es el de la responsabilidad frente a la desinformación.
Y en medio, una televisión pública intentando navegar entre la crítica y la neutralidad.
La herida sigue abierta
Lo que ocurrió en Adamuz tardará meses en esclarecerse.
Lo que ocurrió en los platós y en las redes, sin embargo, ya ha dejado huella.
La batalla entre Soto y Cintora no es solo una bronca televisiva. Es el reflejo de un país que discute cómo hablar del dolor, quién puede señalar culpables y dónde empieza la manipulación.
Y mientras tanto, la pregunta sigue flotando en el aire:
¿Es una vergüenza que TVE cuestione a quienes atacan al Gobierno, o es una vergüenza que se utilice una tragedia para hacer política?
Ahí está el verdadero conflicto.
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