Cada 6 de enero, mientras España celebra el Día de Reyes, el Palacio Real de Madrid acoge uno de los actos más solemnes y cargados de simbolismo del calendario institucional: la Pascua Militar.
Una ceremonia que, desde su instauración en 1782 por el rey Carlos III, refuerza el vínculo histórico entre la Corona y las Fuerzas Armadas y marca, además, el inicio oficial de la agenda institucional del jefe del Estado.
La edición de 2026 no ha sido una excepción en cuanto a solemnidad, pero sí ha generado un notable debate público y mediático: la ausencia de la infanta Sofía. Al acto acudieron el rey Felipe VI, la reina Letizia y la princesa de Asturias, Leonor, quien continúa su formación militar como parte esencial de su preparación como futura jefa suprema de las Fuerzas Armadas. La no presencia de la hija menor de los Reyes ha suscitado preguntas, interpretaciones y análisis que van más allá de la simple crónica social.
Lejos de tratarse de una omisión casual o de un desliz protocolario, diversos expertos coinciden en que esta decisión responde a una lógica institucional clara, coherente y alineada con el modelo de monarquía que la Casa Real viene consolidando en los últimos años: una monarquía funcional, racional y adaptada a los tiempos.
La Pascua Militar: un acto con siglos de historia y un simbolismo muy concreto
Para comprender el alcance de la ausencia de la infanta Sofía, es imprescindible entender primero qué representa la Pascua Militar. No se trata de un acto social ni familiar, sino de una ceremonia de Estado profundamente vinculada a la Jefatura del Estado y al mando supremo de las Fuerzas Armadas.
El Ministerio de Defensa define este evento como un acto solemne que refuerza el vínculo histórico entre la Corona y el estamento militar. Tradicionalmente, el rey dirige un mensaje a los ejércitos, se rinden honores, se escuchan discursos institucionales y se reafirma el compromiso constitucional de las Fuerzas Armadas con la defensa de España.
Desde el punto de vista protocolario, la Pascua Militar está concebida como una “felicitación del monarca a sus tropas”, una expresión simbólica de liderazgo, continuidad y autoridad constitucional. Por ello, la presencia de quienes participan en el acto no es arbitraria ni responde a criterios afectivos o familiares, sino a responsabilidades institucionales muy concretas.

Quiénes deben estar… y quiénes no
En la edición de 2026, la Casa Real confirmó desde el primer momento que los asistentes serían el rey Felipe VI, la reina Letizia y la princesa Leonor. Una composición que no sorprende si se analizan los roles que cada uno desempeña dentro de la institución.
Felipe VI, como jefe del Estado y mando supremo de las Fuerzas Armadas, es la figura central e imprescindible del acto. La reina Letizia, como consorte, acompaña al monarca en los principales actos de Estado, reforzando la imagen de unidad institucional.
La presencia de la princesa Leonor, por su parte, tiene un valor añadido especialmente relevante. No solo es la heredera al trono, sino que en 2026 se encuentra inmersa en la tercera y última fase de su formación militar, desarrollada en la Academia General del Aire y del Espacio (AGAE) de San Javier, tras su paso por Zaragoza y Marín. Su asistencia a la Pascua Militar no es simbólica en abstracto, sino coherente con su preparación específica para asumir, en el futuro, la Jefatura Suprema de las Fuerzas Armadas.
La infanta Sofía, en cambio, no tiene asignado —al menos por el momento— un itinerario institucional ni una formación de carácter militar. Su papel dentro de la Familia Real es distinto, más discreto y menos expuesto, algo que la Casa Real ha cuidado especialmente desde el inicio del reinado de Felipe VI.
El análisis de la experta: coherencia institucional antes que visibilidad
Para arrojar luz sobre esta ausencia, SEMANA consultó a María José Gómez y Verdú, experta en protocolo y etiqueta, quien ofreció una lectura clara y fundamentada de la situación.
Según explica, “la ausencia de la infanta Sofía en la celebración de la Pascua Militar debe interpretarse desde una perspectiva de coherencia institucional y de adecuación al papel que actualmente desempeña dentro de la Familia Real”. Es decir, no se trata de restar protagonismo ni de marcar distancias, sino de respetar la lógica interna de la institución.
Gómez y Verdú subraya que la Pascua Militar es un acto “de marcada relevancia castrense y constitucional”, tradicionalmente vinculado a la Jefatura del Estado y a quienes ostentan —o se preparan para ostentar— responsabilidades directas en la representación institucional de la Corona. Desde esta óptica, la no asistencia de la infanta Sofía “responde menos a una ausencia significativa y más a una correcta delimitación de funciones”.

Dos hermanas, dos itinerarios distintos
La comparación entre la princesa Leonor y la infanta Sofía es inevitable, pero también puede resultar engañosa si no se contextualiza adecuadamente. Aunque ambas han compartido numerosos actos oficiales en años anteriores —como los Premios Princesa de Asturias 2025 o celebraciones señaladas como el Día de la Hispanidad—, sus trayectorias actuales comienzan a diferenciarse de manera más evidente.
Leonor de Borbón se encuentra plenamente inmersa en su preparación como futura reina. Su formación académica, institucional y militar responde a un plan diseñado a largo plazo, con etapas claramente definidas y objetivos concretos.
Sofía, por su parte, continúa su formación académica fuera de España. En 2026 cursa el primero de sus estudios universitarios en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en el Forward College de Lisboa, adscrito a la Universidad de Londres. Un itinerario académico exigente y orientado al ámbito internacional, pero no directamente vinculado al ejercicio de funciones constitucionales.
Esta diferencia de roles explica, en gran medida, por qué la presencia de una en determinados actos es necesaria y la de la otra no.
¿Ausencia estratégica? El mensaje que se quiere transmitir
Más allá del plano protocolario, la ausencia de la infanta Sofía también puede analizarse desde una perspectiva comunicativa. En un contexto de escrutinio constante hacia las instituciones, cada imagen, cada gesto y cada presencia transmite un mensaje.
“Forzar su presencia en actos de alto simbolismo podría generar una lectura artificiosa o innecesaria”, advierte Gómez y Verdú. En otras palabras, incluir a Sofía en la Pascua Militar solo por una cuestión de visibilidad podría interpretarse como una escenificación vacía, alejada del modelo de monarquía funcional que la Casa Real quiere proyectar.
Desde el reinado de Felipe VI, se ha apostado por una institución más austera, clara en sus funciones y cuidadosa en la asignación de protagonismos. La visibilidad pública se ajusta a la responsabilidad efectiva, no al mero criterio de parentesco.
Una monarquía que huye del exceso y apuesta por la claridad
Este enfoque no es nuevo. En los últimos años, la Casa Real ha reducido significativamente el número de miembros que participan de manera habitual en actos oficiales. El objetivo es doble: por un lado, evitar la confusión de roles; por otro, reforzar la credibilidad institucional.
La ausencia de la infanta Sofía en la Pascua Militar se inscribe en esta línea de actuación. No supone un distanciamiento ni una pérdida de relevancia, sino una decisión que prioriza la coherencia y el respeto al significado de cada acto.
Como señala la experta, esta estrategia “contribuye a reforzar la claridad del mensaje institucional y a preservar el valor simbólico de los actos del Estado”. En un tiempo en el que la imagen pública es tan importante como el fondo, este tipo de decisiones adquieren un peso notable.

El contraste con otros actos oficiales
Resulta significativo observar que la infanta Sofía sí ha estado presente en otros eventos de gran visibilidad pública, especialmente aquellos de carácter cultural, social o familiar. Los Premios Princesa de Asturias, por ejemplo, han sido uno de los escenarios donde su presencia junto a la princesa Leonor ha sido habitual y bien recibida.
Esto refuerza la idea de que su ausencia en la Pascua Militar no responde a una exclusión sistemática, sino a una selección cuidadosa de los actos en los que su participación resulta pertinente.
¿Influyen sus compromisos académicos?
Aunque el análisis institucional es el más relevante, tampoco puede descartarse el factor logístico. La infanta Sofía se encuentra cursando estudios universitarios en Lisboa, lo que implica un calendario académico exigente y compromisos que no siempre permiten desplazamientos.
Sin embargo, incluso si este factor hubiera influido, no altera la lectura principal: su presencia no era necesaria ni imprescindible para el correcto desarrollo del acto.
Una ausencia que refuerza, no debilita
Paradójicamente, la ausencia de la infanta Sofía en la Pascua Militar de 2026 puede interpretarse como un signo de fortaleza institucional. En lugar de diluir el significado del acto, lo refuerza, subrayando que cada presencia responde a una función concreta.
En un contexto europeo donde muchas monarquías buscan redefinir su papel y su relación con la ciudadanía, la estrategia de la Casa Real española parece clara: menos gestos superfluos y más coherencia.
Mirando al futuro
La infanta Sofía seguirá teniendo un papel relevante dentro de la Familia Real, aunque distinto al de su hermana. Su formación internacional, su perfil discreto y su progresiva madurez apuntan a una figura que, sin estar en primera línea institucional, puede desempeñar funciones de representación en ámbitos específicos.
La Pascua Militar de 2026 quedará, así, como un ejemplo de cómo incluso una ausencia puede comunicar un mensaje potente: el de una monarquía que entiende el simbolismo, respeta las funciones y evita la teatralización innecesaria.
La no asistencia de la infanta Sofía a la Pascua Militar no es un vacío, sino una decisión cargada de sentido. Responde a criterios de coherencia institucional, respeto al simbolismo del acto y una estrategia comunicativa alineada con el modelo de monarquía que Felipe VI ha impulsado desde su llegada al trono.
Lejos de generar dudas, esta ausencia aporta claridad. Y en tiempos de ruido, la claridad institucional es, quizá, uno de los valores más apreciados.
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