
Lo que debía ser una sesión parlamentaria dedicada a esclarecer responsabilidades políticas por una de las mayores tragedias recientes en España terminó convirtiéndose en un espectáculo bronco, lleno de reproches, interrupciones, acusaciones cruzadas y una sensación generalizada de fracaso institucional. La comparecencia de Alberto Núñez Feijóo ante la comisión de investigación sobre la gestión de la DANA, con 230 víctimas mortales, no solo no sirvió para aportar claridad, sino que acabó desbordada por la confrontación política más dura.
Desde el primer minuto, el tono marcó el rumbo. Feijóo no compareció como un testigo dispuesto a ofrecer explicaciones, sino como un líder de la oposición en campaña permanente, dispuesto a convertir cada pregunta en un ataque al Gobierno de Pedro Sánchez, a Vox, a Bildu o a cualquier otro actor que apareciera en escena. El resultado fue una sesión en la que se habló de todo: de ETA, de corrupción, de bulos, de elecciones, de WhatsApps, de teléfonos móviles… de todo, excepto de lo esencial: las víctimas de la DANA y la cadena de decisiones que pudieron agravar la tragedia.
Una comisión para investigar, no para hacer mítines
Formalmente, la comisión tenía un objetivo claro: analizar políticamente qué ocurrió durante las horas críticas de la DANA, qué información se manejó, qué decisiones se tomaron y qué responsabilidades pueden derivarse de una gestión que acabó con 230 personas fallecidas. No se trataba de un pleno parlamentario ni de un debate electoral, sino de una comparecencia orientada a la rendición de cuentas.
Sin embargo, la intervención inicial de Feijóo desvió el foco casi de inmediato. En lugar de centrarse en su relación con Carlos Mazón, en la información de la que supuestamente disponía “en tiempo real” o en su papel comunicativo durante aquellos días, el líder del PP optó por una estrategia defensiva-agresiva: responder con ataques, relativizar las preguntas y convertir cada cuestión en una acusación al Gobierno central.
Para muchos observadores, la sensación fue clara: Feijóo no acudió a explicar, sino a resistir. No fue a aportar luz, sino a “reventar” la comisión, como señalaron varios tertulianos. Y esa actitud, en un contexto marcado por la memoria de 230 muertos, fue percibida por amplios sectores como una falta de respeto institucional.
ETA como cortina de humo

Uno de los momentos más polémicos llegó cuando Feijóo introdujo reiteradamente el tema de ETA en sus respuestas, especialmente al ser interpelado por diputados de Bildu. La escena resultó chocante para muchos: en una comisión sobre una catástrofe natural, con cientos de víctimas, el líder del PP recurría a la banda terrorista para desviar el foco del debate.
Desde el punto de vista político, la maniobra era evidente: cuestionar la autoridad moral de quienes le preguntaban, trasladar el debate al terreno emocional y movilizar a su electorado más fiel. Pero desde el punto de vista institucional, el efecto fue devastador. La comisión dejó de girar en torno a la DANA y se convirtió en una sucesión de reproches históricos, ajenos al objeto real de la investigación.
Varios analistas coincidieron en que esta estrategia solo añadió dolor a las víctimas. Sacar a ETA en ese contexto no aportaba información, no aclaraba responsabilidades y no ayudaba a entender qué falló en la gestión de la emergencia. Al contrario: alimentaba la sensación de que la tragedia estaba siendo utilizada como munición política.
Las mentiras y los WhatsApps
Otro de los ejes centrales de la comparecencia fue la cuestión de los mensajes, las comunicaciones y el nivel de información real que tenía Feijóo durante las horas críticas. Durante meses, el líder del PP había sostenido públicamente que no estuvo informado en tiempo real, que no recibió llamadas, que desconocía la magnitud de lo ocurrido.
Sin embargo, la documentación judicial, y especialmente los mensajes conocidos gracias a la actuación de la jueza, desmontaron buena parte de ese relato. En la comisión, varios diputados recordaron que Feijóo había tenido información directa, que se le ofreció ayuda desde el Gobierno central y que incluso la UME fue desplegada antes de que él reconociera la gravedad de la situación.
La contradicción entre el discurso público y lo declarado ante la jueza fue uno de los puntos más duros. Para muchos, ahí se encontraba el verdadero problema político: no tanto si Feijóo tenía o no competencias directas, sino si mintió deliberadamente a la ciudadanía sobre lo que sabía y cuándo lo supo.
Uno de los momentos más tensos llegó cuando se abordó el cambio de teléfono móvil. Feijóo había afirmado en una ocasión que no había cambiado de dispositivo, para después reconocer que sí lo hizo. La discusión sobre si se habían borrado mensajes, sobre cuándo se entregaron a la jueza y sobre por qué se enviaron en fechas tan sensibles como Nochebuena alimentó aún más la percepción de opacidad.
Mazón, el gran ausente
Aunque la comisión giraba formalmente en torno a Feijóo, en el trasfondo estaba siempre presente la figura de Carlos Mazón. El presidente valenciano, directamente vinculado a la gestión de la DANA, aparecía una y otra vez como el verdadero protagonista ausente.
Las preguntas eran claras: ¿por qué Feijóo mantuvo su apoyo político a Mazón durante meses? ¿Por qué lo protegió públicamente? ¿Por qué siguió defendiendo su versión incluso cuando ya existían indicios de contradicciones y errores graves?
Feijóo respondió, una vez más, desplazando la responsabilidad hacia el Gobierno central. Según su discurso, la culpa era del Ejecutivo de Sánchez, de la falta de coordinación, de los protocolos estatales, de la Confederación Hidrográfica. Pero esa estrategia chocaba frontalmente con los datos conocidos: las comunidades autónomas son las que solicitan el nivel de emergencia tres, las que activan determinados recursos y las que toman las primeras decisiones.
La sensación que dejó la comparecencia fue que Feijóo evitó deliberadamente cualquier autocrítica sobre su respaldo a Mazón. No hubo una reflexión sobre su papel como líder del PP, sobre la gestión comunicativa, ni sobre la conveniencia de haber sostenido un relato que, con el paso del tiempo, se ha demostrado incompleto o directamente falso.
La política convertida en ruido
Más allá de los nombres propios, lo ocurrido en la comisión evidenció un problema estructural: la degradación del debate político. Golpes en la mesa, interrupciones constantes, descalificaciones personales, acusaciones de mentir, de ser cobarde, de ser demagogo. La escena se parecía más a una tertulia televisiva de máxima tensión que a una comisión parlamentaria.
Varios analistas recordaron una frase ya clásica: el Parlamento es la casa de la palabra, no del ruido. Sin embargo, lo que se vio fue exactamente lo contrario. En lugar de argumentos, hubo gestos. En lugar de datos, hubo eslóganes. En lugar de respeto institucional, hubo espectáculo.
Y en medio de todo eso, las víctimas desaparecieron del centro del relato. Se mencionaban constantemente las “230 muertes”, pero casi siempre como un elemento retórico, no como el verdadero motor de la investigación. La tragedia se convirtió en un decorado para la confrontación política.
¿Quién gana con este espectáculo?
Una de las preguntas más repetidas tras la comparecencia fue: ¿a quién beneficia realmente este tipo de intervención? Para algunos, Feijóo logró su objetivo: movilizar a su electorado, mostrarse contundente, aparecer como un líder fuerte frente a sus adversarios.
Pero otros analistas fueron más críticos. Según esta visión, el gran beneficiado de este clima de bronca permanente es Vox. Cada vez que el PP se radicaliza en el tono, cada vez que abandona la moderación y adopta un discurso más agresivo, abre espacio a la extrema derecha, que se presenta como la opción “auténtica” frente al sistema.
Desde este punto de vista, la comparecencia no solo fue un fracaso institucional, sino también una mala jugada estratégica para el propio Feijóo. En lugar de consolidarse como una alternativa de gobierno seria y responsable, reforzó la imagen de un líder atrapado en el barro político.
Las víctimas, las grandes olvidadas
Quizá el aspecto más doloroso de toda la sesión fue la sensación compartida de que nadie pensaba realmente en las víctimas. Se hablaba de ellas, sí, pero no para honrar su memoria, sino como argumento en una guerra de relatos.
Para los familiares de los fallecidos, lo ocurrido resultó especialmente hiriente. Esperaban una comisión que sirviera para saber la verdad, para entender qué falló, para evitar que algo así vuelva a suceder. En cambio, asistieron a un cruce de reproches donde su dolor quedó relegado a un segundo plano.
Algunos analistas lo resumieron con una frase demoledora: “Se ha utilizado a los muertos como arma política”. Y esa percepción es, quizá, el mayor fracaso de la jornada.
Una oportunidad perdida
Feijóo tenía una oportunidad histórica. Podía haber acudido a la comisión con un tono distinto: reconocer errores, ofrecer su versión con datos, marcar distancias con Mazón si era necesario, mostrar empatía con las víctimas y proyectar una imagen de liderazgo responsable.
No lo hizo. Optó por el enfrentamiento, por el ruido, por el ataque. Y con ello no solo perdió la oportunidad de mejorar su imagen, sino que contribuyó a profundizar la crisis de credibilidad de las instituciones.
Porque al final, más allá de partidos y siglas, lo que quedó fue una sensación de vacío: una comisión diseñada para esclarecer una tragedia terminó convertida en un espectáculo estéril. Y las 230 muertes siguen sin respuestas claras.
Democracia, verdad y memoria
Lo ocurrido en la comisión de investigación sobre la DANA no es solo un episodio más del enfrentamiento político en España. Es un síntoma de algo más profundo: la dificultad de la democracia para gestionar el dolor colectivo sin convertirlo en arma partidista.
Cuando una tragedia de esta magnitud se transforma en un campo de batalla retórico, cuando la verdad se diluye entre eslóganes, cuando la memoria de las víctimas se instrumentaliza, algo esencial se rompe en el vínculo entre política y ciudadanía.
La comparecencia de Feijóo pasará a la historia no por lo que aclaró, sino por lo que evidenció: que en España, incluso ante 230 muertos, el ruido sigue siendo más fuerte que la verdad.
News
“No es una promesa, es una leyenda”: la frase de Rafa Nadal que reabre el debate sobre Carlos Alcaraz y su lugar real en la historia del tenis.HH
Rafa Nadal califica a Alcaraz de leyenda: cuando el futuro deja de ser promesa y se convierte en historia Hay…
La frase que nadie esperaba: Patxi López rompe con Felipe González, acusa a la “derecha” de apropiárselo y deja al PSOE frente a su propio espejo en plena tormenta interna.HH
La desafortunada metáfora de Patxi López ante las críticas de Felipe González a Sánchez La política española vive desde hace…
Feijóo rompe el silencio tras las elecciones de Aragón y lanza un mensaje que sacude el tablero político: “unos ganan y otros pierden”, mientras el PP celebra su victoria, el PSOE se hunde y Vox crece, en un escenario que reabre el debate sobre la democracia, los presupuestos y el verdadero rumbo de España.HH
Feijóo analiza los resultados de las elecciones de Aragón: “Unos ganan, y otros pierden” Las elecciones autonómicas en Aragón han…
Ayuso rompe el silencio mientras el Gobierno aprieta: hospitales público-privados, acusaciones de miedo, una sanidad en el punto de mira y la sospecha de que no se trata solo de gestión, sino de una batalla política que podría cambiar para siempre la forma en que los ciudadanos entienden la salud en Madrid.HH
Ayuso defiende los hospitales de gestión público-privada: una guerra política que se libra en los quirófanos La presidenta de la…
“Cuando el fundador levanta la voz… y nadie escucha.” Felipe González reprocha la falta total de autocrítica del PSOE tras las derrotas y anuncia que votará en blanco en las generales. Su receta frente a Vox es clara: “Que el país funcione.” La respuesta del partido llega fría y distante: “Me da mucha pena”, zanja Patxi López. Dos miradas, una herida abierta y una pregunta incómoda: ¿puede un partido avanzar sin mirarse al espejo?(hh)
Felipe González reprocha falta total de autocrítica del PSOE tras las derrotas y votará en blanco en las generales El…
“Seguir a rebufo tiene un precio.” Crece la presión interna sobre Feijóo para que mueva ficha ante Vox. En el PP de Madrid, Andalucía, Baleares y Murcia reclaman a Génova una estrategia clara. Los chats del partido arden con un mensaje que se repite: “Ir a rebufo es un error” y “perder escaños es inconcebible.” Cuando el silencio se interpreta como debilidad, decidir también es una urgencia. ¿Cambio de rumbo… o coste electoral?(hh)
Crece la presión interna para que Feijóo se mueva ante Vox: “Ir a rebufo es un error” En el PP…
End of content
No more pages to load






