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Con la llegada de la Navidad, las casas reales europeas vuelven a enfrentarse a uno de los momentos más delicados —y aparentemente inocentes— del calendario institucional: la publicación de sus felicitaciones navideñas.

Una tradición que, lejos de ser un simple gesto simbólico, se ha convertido en una poderosa herramienta de comunicación, capaz de transmitir cercanía, naturalidad… o todo lo contrario.

En estos días, las redes sociales oficiales de las distintas monarquías han comenzado a llenarse de imágenes familiares, algunas claramente navideñas, otras más neutras, e incluso algunas que parecen ajenas al espíritu de estas fechas.

Cada fotografía, cada elección estética y cada ausencia de elementos festivos es analizada al milímetro por expertos, medios y ciudadanos.

Y este año, una comparación concreta ha comenzado a generar comentarios inevitables.

Diferentes maneras de entender la Navidad real

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Mientras algunas casas reales apuestan por la sencillez y la espontaneidad, otras parecen optar por una planificación meticulosa, casi quirúrgica, del mensaje que desean transmitir. En este escenario, el ejemplo del Gran Ducado de Luxemburgo ha llamado especialmente la atención.

Dos meses después de asumir oficialmente el cargo tras la retirada del gran duque Enrique y su esposa María Teresa, el nuevo gran duque Guillermo y su esposa Estefanía han enviado su primera felicitación navideña como jefes de Estado. Y lo han hecho sin grandes artificios: dando protagonismo absoluto a sus hijos pequeños.

La imagen muestra a los niños jugando con peluches de temática navideña —un elfo y un reno— sin posar para la cámara, sin buscar la perfección estética, pero transmitiendo una alegría auténtica.

Puede que no sea la fotografía más pulida, pero sí una de las más elocuentes: una familia disfrutando del momento, celebrando tanto la Navidad como una nueva etapa vital.

El valor de la imperfección

En tiempos de sobreproducción visual, esa aparente imperfección se convierte en virtud. Los hijos del gran duque no miran a cámara, no sonríen de manera forzada, no interpretan un papel. Simplemente juegan, como niños que son. Y esa naturalidad parece conectar con un mensaje claro: la unión familiar y la cercanía con el pueblo.

Este tipo de gestos refuerza una idea que cada vez cobra más peso en la comunicación institucional moderna: la autenticidad vende más que el artificio.

Los Príncipes de Gales y su elección inesperada

Siguiendo la estela de otras monarquías, los Príncipes de Gales también han compartido su felicitación navideña, esta vez a través de sus redes sociales oficiales. A diferencia de la Casa Real española, que ha optado por enviar su imagen a la prensa, Guillermo y Kate Middleton han apostado por una difusión directa y controlada.

La fotografía muestra a la pareja junto a sus tres hijos, vestidos de manera coordinada con vaqueros y suéteres en tonos verdes y ocres. Sin embargo, lo que más ha llamado la atención no es la composición familiar, sino el ambiente: una escena primaveral, capturada en un campo lleno de hierba y flores.

Una imagen hermosa, sin duda, pero que ha generado debate.

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¿Debe una felicitación navideña parecer navideña?

La pregunta flota en el aire: ¿es necesario que una felicitación navideña incluya elementos propios de la Navidad? Árboles, luces, tonos rojos, invierno, frío… o basta con una imagen familiar cargada de calidez emocional.

En el caso de los Príncipes de Gales, la elección ha sido clara: una fotografía tomada en abril, reutilizada para acompañar a los británicos durante las fiestas. No hay nieve, ni adornos, ni referencias explícitas a la Navidad. Y aun así, la imagen transmite unión, estabilidad y afecto.

Para algunos, esta decisión resulta acertada. Para otros, se echa en falta ese guiño simbólico a una tradición profundamente arraigada.

La comparación inevitable con España

Pero la comparación más comentada no es entre Luxemburgo y Gales, sino entre los Príncipes de Gales y la Casa Real española. Y es aquí donde el debate se intensifica.

Mientras en la felicitación británica no hay rastro de retoque excesivo, ni de montajes complejos, ni de artificios evidentes, en España la fotografía navideña de Felipe VI, Letizia y sus hijas ha sido objeto de críticas por su apariencia excesivamente trabajada.

Algunos observadores han señalado el uso de Photoshop, la falta de naturalidad y una puesta en escena que parece más propia de una campaña institucional que de una celebración familiar. La diferencia no es menor: donde unos transmiten espontaneidad, otros proyectan control absoluto.

Amor, coordinación y lenguaje corporal

En la imagen de los Príncipes de Gales, el lenguaje corporal juega un papel fundamental. La cercanía entre los miembros de la familia, las sonrisas naturales y la complicidad entre padres e hijos refuerzan la sensación de armonía.

El pequeño Louis, con su característica sonrisa traviesa y la ausencia de dos dientes frontales, aporta un toque de frescura y realidad que conecta inmediatamente con el público. Charlotte, con su suéter verde claro bordado, y George, con camisa de cuadros y chaleco, reflejan crecimiento, continuidad y futuro.

Son detalles aparentemente menores, pero que construyen un relato poderoso.

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Una familia visible, presente y cercana

Además, los Príncipes de Gales han comenzado ya oficialmente sus celebraciones navideñas. Han asistido al tradicional almuerzo organizado por el rey Carlos III en el Palacio de Buckingham y, poco después, han acompañado a Kate Middleton en el habitual concierto de villancicos.

A estas apariciones se suman imágenes inéditas de sesiones fotográficas realizadas para celebrar los cumpleaños de sus hijos, muchas de ellas compartidas con naturalidad en redes sociales. Fotografías que no buscan la perfección, sino el recuerdo.

El contraste que incomoda

Frente a esta estrategia comunicativa, la Casa Real española parece optar por un modelo más distante, más calculado y menos emocional. Y aunque ambas opciones son legítimas, el contraste resulta evidente.

No se trata solo de una fotografía. Se trata del mensaje implícito que se envía al ciudadano: cercanía frente a solemnidad, naturalidad frente a artificio, familia frente a institución.

Una lección silenciosa

Nadie ha pronunciado críticas oficiales. No ha habido declaraciones directas ni comparaciones explícitas. Pero el mensaje está ahí, silencioso y elocuente.

La Navidad, con su carga simbólica, vuelve a poner a prueba a las monarquías europeas. Y este año, para muchos, los Príncipes de Gales han ofrecido —quizá sin pretenderlo— una lección sutil sobre cómo conectar con el público en tiempos de desconfianza institucional.

Una lección que en España no ha pasado desapercibida.