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Las horas en blanco de Mazón: la cronología que desmonta su relato

Año y medio después de la tragedia de la DANA en la Comunitat Valenciana, el caso sigue sin cerrarse. Lejos de aclararse, cada nueva declaración judicial añade más incógnitas que certezas. Esta vez, no han sido periodistas ni adversarios políticos quienes han puesto en duda la versión del expresident Carlos Mazón, sino sus propios escoltas.

Los agentes que lo acompañaron aquel día clave han declarado ante la jueza de Catarroja y su testimonio dibuja una cronología radicalmente distinta a la que Mazón ha sostenido públicamente durante meses. Una cronología que no solo cuestiona dónde estaba el presidente autonómico, sino también qué hacía realmente mientras Valencia entraba en alerta máxima.

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El primer punto de quiebre: el Ventorro

El primer elemento que hace saltar todas las alarmas es el momento en que Mazón decide prescindir de su escolta. Según los agentes, ocurrió alrededor de las 14:30, cuando el president se dirigía al restaurante El Ventorro.

No solo les pidió que se marcharan, sino que ni siquiera permitió que realizaran la inspección previa del local, un protocolo básico en cualquier desplazamiento de una autoridad. Es decir: Mazón se quedó completamente solo en un contexto de alerta roja, con riesgo extremo para la población.

Desde el punto de vista de seguridad institucional, la decisión es inexplicable.

Una comida que se alarga demasiado

La versión inicial hablaba de un “picoteo” rápido. Después se habló de una “comida de trabajo”. Pero lo que emerge ahora es que Mazón pasó varias horas en un reservado del restaurante con la periodista Maribel Vila Plana.

Según el testimonio recogido ante la jueza, la comida se prolongó hasta aproximadamente las 18:30. Es decir, más de cuatro horas fuera del circuito institucional mientras la emergencia climática ya estaba en pleno desarrollo.

El enigma de la hora y cuarto

Uno de los puntos más inquietantes es el tiempo transcurrido entre la salida del restaurante y la llegada al aparcamiento. El trayecto a pie dura unos cinco minutos. Sin embargo, los registros indican que la periodista tardó más de una hora en retirar su coche.

Ese margen de tiempo, entre las siete y las ocho de la tarde, sigue siendo un agujero negro. No hay llamadas. No hay mensajes. No hay registros oficiales. Ni siquiera el propio Mazón ha ofrecido una explicación coherente de dónde estuvo exactamente durante ese periodo.

Los escoltas desmontan la versión del despacho

Desmontando las mentiras de Mazón, un president que lleva un año derivando  responsabilidades y dando diferentes versiones sobre la DANA

Durante meses, Mazón sostuvo que estuvo trabajando en el Palau de la Generalitat antes de dirigirse al CECOPI. Pero sus escoltas lo desmienten de forma tajante: apenas estuvo allí diez minutos.

Llegó alrededor de las 19:50, subió a su despacho, permaneció entre cinco y diez minutos y se marchó directamente al centro de coordinación de emergencias.

Eso significa que no pasó la tarde trabajando, como afirmó, sino que se incorporó a la gestión cuando la situación ya era crítica.

La llegada tardía al CECOPI

La hora exacta de llegada al CECOPI fue las 20:28. Sin embargo, en declaraciones previas, Mazón había asegurado que se incorporó “a partir de las siete”.

La contradicción es objetiva, matemática y documentada. Y no es un detalle menor: esa franja horaria es clave para entender por qué la alerta a la población se activó tan tarde.

El triángulo telefónico

La jueza investiga ahora un esquema de comunicación paralelo:
– Carlos Mazón
– Su jefe de gabinete, José Manuel Cuenca
– La consellera de Emergencias, Salomé Pradas

Los mensajes entre Cuenca y Pradas incluyen una frase demoledora:
“Confinar nada.”

Cuenca insiste en que no fue una orden, sino una “reflexión personal”. Pero el contenido de los mensajes, el tono y el contexto apuntan a algo muy distinto: una instrucción directa en el momento más delicado de la crisis.

Mensajes borrados y móviles cambiados

Otro elemento que inquieta al juzgado es la desaparición de mensajes. Cuenca afirma que no los borró, sino que cambió de terminal. Sin embargo, el resultado es el mismo: las conversaciones clave ya no existen.

Desde el punto de vista judicial, esto abre una sospecha grave: destrucción de pruebas en una causa abierta.

El problema político real

Más allá de las responsabilidades penales, el caso Mazón se ha convertido en un símbolo político: el de un presidente ausente en el momento más crítico, un equipo improvisando decisiones y una cadena de contradicciones que se amplía con cada comparecencia.

No se trata solo de saber dónde estaba Mazón. Se trata de entender por qué no estaba donde debía estar.

Las horas que nadie explica

Un año y medio después, sigue existiendo un vacío de casi dos horas en la agenda del máximo responsable de la Comunitat Valenciana durante la mayor catástrofe natural de su mandato.

Ni la versión oficial.
Ni los testimonios.
Ni los registros telefónicos.

Nada consigue cerrar ese hueco.

Y en política, como en justicia, los silencios prolongados suelen ser más elocuentes que cualquier declaración.

Porque cuando un presidente no puede explicar sus horas más importantes, lo que queda en duda no es solo su versión, sino su responsabilidad.