Juan Carlos I, sobre su exclusión del 50 aniversario de su llegada al Trono: “Es ridículo que en un bautismo no aparezca el niño”

Juan Carlos I, sobre su exclusión del 50 aniversario de su llegada al Trono: “Es ridículo que en un bautismo no aparezca el niño”
Aún resuenan este lunes los ecos de las celebraciones del 50 aniversario de la llegada de la monarquía a España y de la polémica ausencia de Juan Carlos I en el Palacio Real, donde su hijo Felipe VI entregó el Toisón de Oro a su madre la Reina Sofía, al ex presidente Felipe González y a los dos padres de la Constitución que aún viven, Miquel Roca y Herrero de Miñón.

 

El Emérito, que sí fue invitado el sábado al almuerzo privado que celebró la familia del rey en El Pardo, ha expresado tras los fastos su malestar por haber sido excluido de los actos institucionales del 50 aniversario de su proclamación como Rey de España.

 

El comentario que se ha filtrado pone en boca del antiguo monarca esta frase: “Es ridículo que en un bautismo no aparezca el niño”. La frase, citada en El País, fue pronunciada delante de un pequeño círculo de amistades, y resume la frustración que atraviesa en estos años de autoexilio.

 

Refleja también la tensa relación que mantiene con la Casa del Rey desde que abandonó el país en 2020.

El sábado Juan Carlos I hizo un viaje relámpago a Madrid para asistir al almuerzo privado en el Palacio de El Pardo junto a su familia.

Llegó alrededor de las 13.00 horas y se marchó antes de las cinco de la tarde. Apenas ocho horas en España, pero suficientes para reencontrarse con sus nietas y recordar, ante sus más fieles, la importancia que concede a mantener un vínculo personal con ellas, especialmente con la princesa Leonor y la infanta Sofía.

Su círculo resume así su inquietud: teme que la distancia física termine convirtiéndose en una distancia afectiva irreparable. Durante las conversaciones mantenidas en Barajas y en el propio palacio, el emérito insistió en que ese almuerzo tenía para él un significado especial.

“He venido por mis nietas”, habría dicho, subrayando su deseo de retomar algún contacto más fluido con Leonor y Sofía.

Asegura no comprender por qué no se les permite viajar a Abu Dabi “al menos de vez en cuando”, una queja que también recoge en su autobiografía Reconciliación, ya publicada en Francia y que llegará a las librerías españolas el 3 de diciembre. En esas memorias, listas inicialmente para noviembre de 2024 pero retrasadas tras intensas negociaciones editoriales,

Juan Carlos I dedica un espacio relevante a su relación con las nietas que menos ha podido ver desde su marcha. “Son muy elegantes y cariñosas, pero me entristeció no poder entablar una relación personal con ellas”, escribe.

Menciona además su deseo de haber compartido con ellas viajes, comidas, o incluso partidos de deporte, del mismo modo que hizo con los hijos de la infanta Elena y la infanta Cristina.

Ese sentimiento de aislamiento es uno de los hilos conductores de su vida en Abu Dabi. El emérito reconoce que allí vive prácticamente solo, con pocas visitas y una rutina que dista mucho del ajetreo institucional y familiar al que estuvo acostumbrado durante décadas.

Por eso, cada ocasión de volver a España —aunque sea por unas horas— supone para él un alivio. También una oportunidad para pulsar cómo evoluciona la relación con su hijo, el rey Felipe VI, un vínculo marcado por incomodidades y reproches silenciosos.

De hecho, según fuentes de su entorno, Juan Carlos I transmitió nuevamente en Madrid su disgusto por cómo se gestionaron los actos conmemorativos del 50 aniversario de su proclamación.

Considera un error que no se le otorgara ningún papel en una efeméride que, inevitablemente, gira en torno a su figura. “Es ridículo que en un bautismo no aparezca el niño”, insistió ante amigos y colaboradores, una metáfora que revela la profundidad de su enfado. 

El emérito tampoco ocultó su incomodidad con la ceremonia del viernes anterior en el Palacio Real, donde Felipe VI concedió simultáneamente el Toisón de Oro a la reina Sofía, al expresidente Felipe González y a los ponentes aún vivos de la Constitución de 1978.

Considera que su esposa merecía un reconocimiento independiente, no compartido, por su papel histórico y su trayectoria institucional. Aunque ya no mantienen trato personal, Juan Carlos I reconoce en sus memorias que ha recibido con agrado la buena acogida pública de los pasajes en los que la elogia.

En contraste, asume que los capítulos dedicados a su hijo y, sobre todo, a la reina Letizia, generarán controversia.

En la autobiografía sostiene que la llegada de Letizia Ortiz a la familia “no ayudó a la cohesión” y asegura que intentó aproximarse a ella ofreciéndole su despacho para conversar, “pero nunca vino”.

Sus allegados justifican algunos elogios hacia Francisco Franco que aparecen en el libro por lo que definen como “una deuda de gratitud” con quien facilitó su acceso al poder, aunque reconocen que estos fragmentos también serán objeto de polémica.

En paralelo a estas tensiones familiares, continúa abierta una cuestión crucial para el emérito: su deseo de residir temporalmente en España.

Según fuentes citadas por Javier Casqueiro en El País, Juan Carlos I mantiene la esperanza de alcanzar un acuerdo con su hijo para poder establecerse en el país al menos tres meses al año.

Felipe VI, asesorado por expertos fiscales, se habría negado por el momento y le habría reiterado que cualquier regreso estable exigiría antes una regularización completa de su situación económica y tributaria, ya que actualmente declara en Abu Dabi.

El antiguo rey que celebra medio siglo de proclamación observó desde la distancia unos actos oficiales en los que él mismo no tuvo presencia; un abuelo que anhela normalidad familiar, pero que apenas puede compartir unas horas con sus nietas;

un personaje fundamental para entender la Transición que ahora publica sus memorias para “dar su versión de los hechos”.

Y, sobre todo, un hombre que, a pesar del tiempo transcurrido y de los escándalos que precipitaron su salida, sigue soñando con volver, aunque sea por temporadas, al país en el que un día reinó.