La comparecencia de José Luis Rodríguez Zapatero en la comisión de investigación del Congreso no fue una intervención más. Fue un cuerpo a cuerpo político, un pulso dialéctico de alto voltaje y, sobre todo, una respuesta frontal a meses —según él— de “infundios”, “falsedades” y acusaciones sin prueba que han circulado en torno a su nombre.

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Durante más de dos horas, el expresidente socialista respondió pregunta por pregunta, negó cualquier implicación en el rescate de Plus Ultra, rechazó haber mediado ante el Gobierno y arremetió contra lo que considera una estrategia de desgaste basada en insinuaciones. Pero si hubo una frase que marcó la sesión, fue esta:

“Lo de la mina de oro es una patraña absoluta. No existe”.

El contexto: Plus Ultra, Venezuela y una cascada de sospechas

La comparecencia se enmarca en la investigación parlamentaria sobre el rescate público de la aerolínea Plus Ultra durante la pandemia, una operación aprobada por el Gobierno de Pedro Sánchez por valor de 53 millones de euros.

Desde hace meses, sectores del Partido Popular, con Alberto Núñez Feijóo al frente, han señalado posibles conexiones entre empresarios vinculados a la aerolínea y el entorno de Zapatero. También se han difundido informaciones sobre supuestas reuniones, presiones y hasta una “mina de oro” en Venezuela atribuida al expresidente.

En la comisión, la diputada del PP planteó preguntas directas:
—¿Tuvo algo que ver en el rescate?
—¿Habló con Pedro Sánchez antes de la aprobación?
—¿Intervino ante algún ministro?

La respuesta fue tajante y reiterada:
“No. Nunca. Absolutamente no”.

Zapatero insistió en que no habló con ningún miembro del Gobierno para influir en el rescate, ni antes ni después. Reconoció que comentó con Sánchez la existencia de la comisión —“me dio ánimos”, relató— pero negó cualquier gestión política relacionada con la aerolínea.

“Estoy aquí por una gran mentira”

Uno de los momentos más tensos llegó cuando se abordó una información publicada meses atrás: una fotografía de Zapatero corriendo con el empresario Julio Martínez días antes de su detención. Algunos medios insinuaron que podría haber existido un “chivatazo” previo.

Zapatero respondió con ironía y datos precisos:
—“Corrí 8 kilómetros a ritmo de 5:59. Lo puedo acreditar”.

Negó haber recibido documentos, negó tener teléfonos prepago y calificó de “perversa” la insinuación de que hubiera alertado al empresario. Fue más allá: advirtió que dar por buena esa hipótesis implicaría poner bajo sospecha a jueces, fiscales y policías.

Ahí lanzó una crítica directa a Feijóo por haber “dado casi por buena” la versión publicada. Para el expresidente, esa actitud alimenta una narrativa que erosiona la credibilidad institucional.

Los 500.000 euros y la consultoría

El autor real de los informes desmonta la coartada de Zapatero para cobrar  460.000 euros | España

Otro de los ejes fue su relación con la sociedad “Análisis Relevante”, vinculada a Julio Martínez. La diputada le preguntó por las cantidades percibidas. Zapatero explicó que cobraba aproximadamente 70.000 euros brutos anuales como consultor autónomo, lo que sumaría cerca de medio millón en varios ejercicios.

Defendió que era un precio de mercado acorde a su experiencia y trayectoria internacional. Subrayó que cotiza como autónomo, que no tiene sociedades en el extranjero y que nunca ha tenido cuentas opacas.

También admitió que propuso que la agencia de sus hijas colaborara en tareas de comunicación con la empresa, pero negó haber creado la sociedad con fines encubiertos.

Cuando se le cuestionó por la brevedad de algunos informes, replicó que la labor de consultoría no se reduce a documentos escritos: incluye seminarios, diálogos estratégicos, análisis geopolítico y contactos internacionales.

Venezuela: 58 viajes y una mediación

La comisión derivó inevitablemente hacia Venezuela, un país al que Zapatero ha viajado en múltiples ocasiones como mediador en procesos de diálogo entre Gobierno y oposición.

Detalló cifras:
—58 viajes vinculados al diálogo venezolano.
—48 a Caracas.
—14 a República Dominicana.

Reivindicó su papel en la liberación de presos políticos y afirmó que su labor fue solicitada por la oposición venezolana.

Sobre su relación con Delcy Rodríguez, admitió que mantiene una relación fluida, pero negó haber intervenido en el polémico episodio del aeropuerto de Barajas. Tampoco reconoció haber influido en la postura del Gobierno español respecto al régimen de Nicolás Maduro.

La “mina de oro” y la carta del ‘Pollo’ Carvajal

Uno de los puntos más explosivos fue la referencia a Hugo “El Pollo” Carvajal, exjefe de inteligencia venezolano. Durante años se ha insinuado que Carvajal habría declarado que Zapatero poseía una “mina de oro” en Venezuela.

El expresidente respondió mostrando una carta manuscrita atribuida a Carvajal en la que, según explicó, este negaba haber hecho tales acusaciones.

“Es una patraña absoluta. No existe ninguna mina de oro”, insistió.

Añadió que muchas de las informaciones difundidas forman parte de una cadena de bulos que se retroalimentan.

“¿Manda usted en este país?”

En el tramo final, la diputada lanzó una pregunta cargada de intención:
—“En este país dicen que el que manda es usted. ¿Tiene mucho mando?”

Zapatero sonrió.
“Ya tuve bastante. Fui presidente ocho años. Es una gran satisfacción. Ahora soy leal al Partido Socialista hasta el último día de mi vida y apoyaré al Gobierno”.

La frase fue interpretada como una reivindicación política sin complejos, pero también como un intento de cerrar el debate sobre su supuesto poder en la sombra.

El choque político: estrategia o defensa legítima

La comparecencia dejó dos narrativas enfrentadas.

Para el Partido Popular, persisten interrogantes sobre la relación entre el entorno empresarial y decisiones públicas millonarias. Consideran legítimo investigar cualquier posible influencia.

Para Zapatero, en cambio, se trata de una ofensiva política basada en insinuaciones sin prueba. Reivindicó su derecho a defenderse y recordó que no ocupa cargo público desde hace 14 años.

Un mensaje final: lealtad y batalla política

Lejos de adoptar un tono defensivo, Zapatero cerró con un mensaje político claro: seguirá participando activamente en campañas electorales y defendiendo al PSOE.

“No me he reunido con nadie para el rescate. No he presionado a nadie. No hay mina de oro. No hay sobre. No hay negocio oculto”, vino a resumir.

La comisión continuará. Las preguntas no se han agotado. El clima político, tampoco.

Pero lo que quedó claro es que el expresidente no piensa replegarse ante las acusaciones. Se presentó como víctima de una cadena de bulos y, al mismo tiempo, como actor político dispuesto a dar la batalla pública.

En un Congreso polarizado, su comparecencia fue algo más que un trámite: fue un episodio de alto voltaje en la pugna por el relato.

Y la guerra del relato, en la España actual, nunca es menor.